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Full text of "No Habrà Muro que nos pare"

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Ci 
















La frontera no es solo un muro. No es 
simplemente una línea en un mapa. 
No es ninguna ubicación física. Es una 
estructura de poder, un sistema de control. 
La frontera está en cualquier lugar donde 
la gente viva con miedo a la deportación, 
en todos los sitios donde a los migrantes 
se les niega los derechos concedidos a 
los ciudadanos, en todas las partes donde 
los seres humanos son segregados entre 
incluidos y excluidos. 

La frontera no separa un mundo de otro. 
Solo hay un mundo y la frontera lo está 
destrozando. 



No habrá 

muro 

que 

nos pare 


Título original de la obra: No Wall They Can Build 
Subtítulo: a guide to borders & migration across North America 


Autores: Escrito por un ex-trabajador de ayuda humanitaria del 
desierto 

I a edición norteamericana 2017, Crimethlnc. Far East. PO Box 4671. 
Salem OR 97302. inquiries@crimethinc.com. 

Edición actual noviembre 2018, Barcelona 
Col-lecció Glosalya 
Descontrol Editorial 

ISBN: 978-84-17190-55-2 
Depósito Legal: B 28690-2018 

Traducido por Crimethinc 
Diseño: Descontrol Editorial 
Maquetación: Descontrol Editorial 
Corrección: Mariano Martínez Paredes 


Impreso en Impremía Descontrol 
impremta@descontrol.cat 


Reconocimiento- NoComercial (by-nc): 

Se permite la generación de obras derivadas siempre que no se haga un 
uso comercial de ellas y se cite la fuente. 

Tampoco se puede utilizar la obra original con fines comerciales. 


Editado por Descontrol Editorial 

c/Constitució 11, Can Batlló, Bloc 11, Ñau 83-90, 08014 -Barcelona- 

editorial@descontrol.cat 

distribució@descontrol.cat 

descontrol.cat 

934223787 



No habrá 

muro 

que 

nos pare 

Una guía de las fronteras y 
la migración a través de Norteamérica 


EDITORIAL 





Crimet 








para todos los que no lo lograron 
y para quienes lo hicieron 





Si la visa universal se extiende 
El día en que nacemos 
Y caduca en la muerte 
¿Por qué te persiguen mojado 
Si el cónsul de los cielos 
Ya te dio permiso? 

“Mojado”, Ricardo Arjona 






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índice 


Introducción.13 

Definiendo conceptos.31 

Del Sur al Norte.30 

Las secuelas.37 

Los viajeros.41 

El Sur.49 

México.50 

Guatemala.72 

El Salvador.83 

Honduras.91 

Tensiones.93 

El viaje.96 

El Producto.111 

Capital.111 

Trabajo.119 

La frontera.125 

Arivaca.129 

Komkch’ed e Wah ‘osithk (Sells).135 

Ajo.139 

Falfurrias.141 

El cruce.152 

Diseñada para matar.157 

¿A quién beneficia?.157 





























La Patrulla Fronteriza.190 

El juego.202 

El desierto.204 

El Norte.209 

Inmigrantes.211 

Ciudadanos.218 

Resistencia.230 

Del Este al Oeste.239 

Caos y Orden.249 

Transformación.253 

Revolución.254 

Una dura lección.260 

Solidaridad.275 

Hogar.287 

















INTRODUCCIÓN 


Este libro describe la frontera entre Estados Unidos y 
México como la conocí desde 2008. Escribí partes de este 
texto en 2011, que aparecen bajo el título de Diseñada 
para Matar: Política fronteriza y Cómo Cambiarla. Escri¬ 
bí el resto en 2016, en los meses antes de los elecciones 
presidenciales de los Estados Unidos. En febrero de 2017 
es demasiado temprano para decir si la administración 
de Trump cambiará básicamente el sistema que describo 
aquí. Es posible que alguno diga que se convertirá en an¬ 
ticuado en los próximos años. 

Por el momento, parece inevitable que el sufrimiento 
y la muerte que existe en la frontera continuará intensifi¬ 
cándose bajo el nuevo régimen, y las autoridades actuales 
perseguirán la gente indocumentada aún más despiada¬ 
damente que las anteriores. En tal caso, espero que este 
libro servirá como un aviso de que tampoco no estuvo 
bien durante los años de Clinton, Bush ni Obama, y que 
los temas que abordo aquí no serán resueltos simplemen¬ 
te poniendo a la gente correcta de nuevo en el cargo. La 
pregunta no es quien debería administrar la frontera, sino 
cómo aboliría. 

Pero permítanme presentar mis argumentos. 


15 



non sum dignus 




Introducción I 19 


“¡Ya vienen! ¡Ya vienen! Theyare coming!" 

El ambiente estaba claro y frío, y el Gran Cazo había 
estado dando vueltas por encima de nuestras cabezas. 
José, María y yo estábamos acurrucados intentando 
preservar el calor. Por primera vez desde que la conocí, 
la voz de María sonaba presa del pánico. Unas pesadas 
botas se nos acercaban en la oscuridad. 

Uno de los agentes lanzó algún tipo de lazo sobre 
nosotros, y me agarró por el cuello. 

“¡¿Dónde está tu grupo?! ¡¿Dónde están los demás?!” 

“Voy a permanecer en silencio. Quiero hablar con 
mi abogado.” Quería sonar lo más calmado posible, 
pero mi voz probablemente se quebraba. 


Había estado haciendo senderismo bien al norte de 
la frontera en el sur de California. Justo antes de ano¬ 
checer, me encontré con José y María. Habían estado 
perdidos durante días, y a cada hora que pasaba se en¬ 
contraban más enfermos. Esto fue durante los años de 
Bush. Entonces, no tenía un celular. Estábamos a va¬ 
rias millas de mi coche, en un lugar desolado. No sabía 
qué hacer. Decidí quedarme con ellos. 

El esposo de María la había abandonado a ella y 
a sus cuatro hijos. Me dio a entender que había sido 
trabajadora sexual para poner comida en la mesa. José 
había viajado en trenes de carga hasta la frontera. Él 
no podía ni hablar de ello. No sabía qué le pasó exacta¬ 
mente durante el viaje. 



20 | No habrá muro que nos pare 

Tenía el presentimiento de que algo malo iba a ocu¬ 
rrir. Un helicóptero había dado vueltas alrededor de 
nosotros antes. En una noche fría como esa, nuestros 
cuerpos iluminaron las cámaras infrarrojas como un 
árbol de navidad. 

Estábamos en peligro. 


“¿Eres su esposo? ¿Qué haces por aquí? ¡Qué carajo 
está pasando! ¡Estás detenido!” 

“Voy a permanecer en silencio. Me gustaría hablar 
con mi abogado.” 

Nos empujaron hacia la furgoneta. 

María había recuperado su compostura. Puso su 
brazo sobre mi hombro. “No te preocupes,” me dijo 
mientras la furgoneta brincaba. “Vamos a sobrevivir.” 
José dejó caer su cabeza, la sacudió adelante y atrás, me 
miró, sonrió y volvió a dejarla caer. 


Nos llevaron al centro de detención de la Patrulla 
Fronteriza. Éramos unos 200 , sentados en filas bajo las 
luces, esperando a ser registrados. 

Me habían separado de José y de María. Los podía 
ver a lo lejos, al otro lado del patio. Nunca volvería a ver 
a José. El hombre que estaba a mi lado hablaba inglés 
perfectamente. 

“Estoy completamente jodido, hermano. Mi vida 
está totalmente destruida.” 


Introducción I 21 


“A mi tampoco me va muy bien,” le dije. “¿De dónde 
eres?” 

“De Detroit,” contestó. “¡Motown! ¡El rugido de los 
Leones! El 313 , ¿sabes? Mi esposa está ahí, mis hijos... 
¡todos! Es la tercera vez que me arrestan intentando 
volver a casa. Esta vez seguro que acabo en la cárcel, y 
si alguna vez me vuelven a atrapar, no quiero pensar en 
lo que me harían. No sé cómo lo hará mi esposa para 
pagar las cuentas, no sé quién está recogiendo a los 
niños a la salida de la escuela. No sé nada...” 

“Yo tampoco,” contesté. 

“Quisiera poner a estos cabrones en mi situación. 
Quisiera poder hacerles lo que me hacen. Quisiera 
poner sus vidas al revés. Quisiera poder hacer pagar a 
alguien por todo esto.” 

Miré por encima del mar de caras de personas que 
me rodeaban. “Yo también.” 


Nos metieron a ochenta personas en un calabozo 
del tamaño de un dormitorio. Estábamos tan apilados 
unos encima de otros, que teníamos que turnarnos 
para estirarnos un rato debajo del retrete. Cada uno de 
mis brazos y piernas estaban apilados debajo o encima 
de los de las otras personas. Un hombre iba vestido con 
una bata de hospital. Las vendas de su mano izquierda 
y su bíceps estaban empapados de sangre. Los perros 
habían destrozado su chaqueta y mordido su brazo. 

De vez en cuando los guardias me sacaban de la 
celda para interrogarme. ¿Por qué a tí te importa lo que 



22 | No habrá muro que nos pare 

le ocurra a estas personas? ¿Para quién trabajas? ¿Qué 
estabas haciendo en verdad.?’ 

“Voy a permanecer en silencio. Me gustaría hablar 
con mi abogado.” Finalmente se cansaban y me devol¬ 
vían junto a los otros. 

El calor, el olor y el hacinamiento era tal que pensé 
que estallaría un motín. La gente empezaba a volver¬ 
se loca. Uno de los mayores intentaba razonar con un 
guardia. 

“Oficial, por favor, somos demasiados aquí dentro. 
La gente va a empezar a pelearse entre sí. Seríamos más 
controlables si nos dividieran en dos celdas.” 

“Chinga tu madre, mojado. No deberías haber deja¬ 
do que te atraparan un fin de semana.” 

Uno de los más jóvenes lo intentó también. “Señor, 
necesito pastillas para mi enfermedad mental. Están 
con todas mis cosas. Temo empezar a perder la cabeza 
si no tomo mi dosis. ¿Podría ver si las encuentra?” 

“¡Sí, sí! ¿Quieres tu medicina? Ven aquí, ¡te voy a dar 
tu medicina!” Lo sacaron de la celda, le pegaron en la 
cara y le redujeron con un táser frente a todos noso¬ 
tros. “¡Ahí tienes tu pinche medicina!” 

En algún momento, otro de los mayores se puso de 
pie encima del retrete y empezó a cantar un corrido. 
Uno de los jóvenes le siguió de inmediato y luego otro, 
y otro... y contra todo pronóstico, el grupo mantuvo la 
calma. 


Introducción I 23 


Después de tres días, uno de los guardias abrió la 
puerta y me apuntó con el dedo. 

“¡Tú, el ciudadano estadounidense! ¡Ven conmigo! 
Sales en libertad.” 

Mientras caminábamos hacia afuera de la instala¬ 
ción, el guardia recibió una llamada. “Quédate aquí,” 
me dijo, dejándome solo frente a la ventana de vidrio 
laminado que daba al calabozo de las mujeres. Y ahí 
estaba María, sentada al fondo. Moví la mano frené¬ 
ticamente para que me viera. Se acercó al frente del 
calabozo. 

Me señalé, y con mis dedos índices y medio hice el 
gesto universal de caminar. Ella me señaló y después 
apuntó hacia la salida. Asentí con la cabeza y ella asin¬ 
tió también. Nos miramos. Puso las manos en el vidrio 
y yo le acerqué la mía. Hice con mi otra mano un puño 
y me golpeé tres veces sobre el corazón. Ella hizo lo 
mismo. 

Apenas podía mantener la compostura. Ella no iba a 
llegar a Los Ángeles ni podría enviar dinero a sus hijos 
ni a su madre. Iba a volver a ser una trabajadora sexual 
en Mexicali. No era justo... 

Se escucharon unos pasos por el pasillo. Deshice mi 
contacto visual con María en el último momento, me 
giré e intenté parecer normal. 

El guardia dobló la esquina. “Vamos amigo. Te vas 
a casa.” 

Tras él, salí por la puerta, pestañeando para reprimir 
las lágrimas, de vuelta al sol. 

Algunos años después, me mudé a Arizona. 


24 | No habrá muro que nos pare 

Desde 2008 hasta 2015 trabajé en el sur de Arizona 
formando parte de una organización de ayuda huma¬ 
nitaria llamada “No More Deaths” (No Más Muertes), 
solidarizándose con migrantes y refugiados de México y 
Centroamérica que caminan por el desierto de Sonora 
intentando llegar a Estados Unidos. Durante más de 20 
años, el gobierno estadounidense ha canalizado el flujo 
de movimiento humano hacia zonas cada vez más remo¬ 
tas de su frontera sur. Como resultado directo, miles de 
personas han muerto por el calor, el frío, enfermedad, 
heridas, hambre y sed. La misión de No Más Muertes es 
acabar con la muerte y el sufrimiento en las zonas fron¬ 
terizas. 

No Más Muertes se fundó en 2004 y desde entonces 
personas de todo el mundo y de toda condición social 
han trabajado voluntariamente con nosotros. 1 Durante 
todos estos años nos hemos ido familiarizando con el de¬ 
sierto de Sonora. 

“La caridad, vertical, humilla. 
La solidaridad, horizontal, ayuda.” 

Eduardo Galeano 


1 No Más Muertes es una organización abierta, y nuestro trabajo 
es legal según las leyes estadounidenses. Sin embargo, el gobier¬ 
no ha arrestado e intentado llevar a juicio varias veces a volunta¬ 
rios. La detención en 2005 de Daniel Strauss y Shanti Sellz fue 
el caso más sonado y publicitado. En el momento de escribir 
este texto, todos los intentos de enjuiciamiento han fracasado, 
y nunca nadie ha sido condenado por delito alguno por nuestro 
trabajo en el desierto. 



Introducción I 25 


Encontramos lugares donde dejar comida y agua en 
los senderos que lo atraviesan; buscamos migrantes en 
apuros y proporcionamos ayuda médica a quien lo ne¬ 
cesite. Tenemos un campamento base en el desierto que 
funciona todo el año, donde podemos ofrecer una mejor 
atención médica. Si la situación es grave podemos hacer 
que llegue una ambulancia o un helicóptero para llevar 
a la gente al hospital. Siempre tratamos de actuar de 
acuerdo a los deseos de los viajeros, y nunca llamamos 
a la Patrulla Fronteriza para las personas que no quieren 
entregarse a sí mismos. Nuestros esfuerzos sin duda han 
ayudado a reducir el número de muertes en la frontera 
de Arizona. 

Durante todo el tiempo que trabajé en el desierto me 
vi involucrado en muchas situaciones extraordinarias e 
indirectamente en muchas otras. Algunas de las cosas que 
he visto son realmente reconfortantes, mientras que otro 
buen número de ellas fueron más bien tristes y negativas. 

He visto a gente demasiado débil como para mante¬ 
nerse en pie, demasiado enferma como para poder tragar 
agua, demasiado herida como para continuar, demasiado 
asustada como para dormir, demasiado triste como para 
hablar; a gente desesperadamente perdida, increíblemen¬ 
te hambrienta, literalmente muriéndose de sed, gente 
que nunca podrá volver a ver a sus hijos, vomitando san¬ 
gre, gente sin un centavo con los zapatos rotos a 3000 
kilómetros de su casa, sufriendo insolaciones, daños en 
el hígado, con terribles ampollas, heridas, hipotermia, es¬ 
trés post-traumático y cualquier otra adversidad que se te 
pueda ocurrir. 



I 



Introducción I 27 


He estado en lugares donde se robaba, violaba y asesi¬ 
naba; mis amigos han encontrado cadáveres. Además de 
ser testigo del sufrimiento de otros, yo mismo he caído 
por acantilados, me he desgarrado la cara con alambre 
de púas, me he quedado sin agua, me han apuntado con 
armas, he sido esposado, detenido, encarcelado, me han 
embestido toros, me han sobrevolado buitres, me han 
acechado pumas, he saltado sobre serpientes de cascabel, 
he sacado fragmentos de cactus de diferentes partes de mi 
cuerpo con pinzas; me he tenido que quitar los pantalo¬ 
nes al estar llenos de hormigas rojas, me han salido canas 
y, en general, he vertido mucho sudor, sangre y lágrimas 
en el sediento desierto. 

Me he sentido avergonzado muchas veces por la in¬ 
creíble generosidad y valentía de las personas que he 
conocido; he sentido una rabia descontrolada por el des¬ 
piadado sistema político y económico que hace que la 
gente llegue a tales extremos para proporcionar lo básico 
a sus familias. Conocí a miles de personas como José y 
María, cada una con una historia única que contar, pero 
con al menos una cosa en común: para los que redactan 
las políticas migratorias, las vidas de los migrantes no tie¬ 
nen valor y sus muertes no acarrean consecuencias. 

Realizar este trabajo me ha dado muchas oportunida¬ 
des de observar cómo se administra la frontera en el día 
a día, y también cierta profundidad en la comprensión 
de las funciones que desempeña en el capitalismo global, 
los objetivos reales a los que sirve. He estado en primera 
línea en una de las zonas calientes de la migración global, 
una posición estratégica de observación a la que relativa¬ 
mente pocas personas tienen acceso. 


28 | No habrá muro que nos pare 

Así es como lo veo: 

Norteamérica se compone de una economía única 
dividida por dos grandes fronteras. Una es la que sepa¬ 
ra México de Estados Unidos, y la otra entre México y 
Guatemala. 2 Mucha gente se ve obligada a migrar a tra¬ 
vés de estas fronteras debido a presiones que están más 
allá de su control. El objetivo de las políticas fronterizas 
tanto mexicanas como estadounidenses no es detener esa 
migración, sino administrarla y controlarla para bene¬ 
ficio de sectores concretos de ambas sociedades, lo que 
implica, como resultado predecible, la muerte de miles 
de personas. En última instancia, los controles de inmi¬ 
gración en esta parte del mundo equivalen a una forma 
de segregación sistemática donde los movimientos y los 
derechos civiles de ciertas personas son restringidos debi¬ 
do al lugar donde nacieron. 

En otras palabras, apartheid. 

Es más. Las dos fronteras que dividen Norteamérica 
circunscriben el mundo entero, debido básicamente a las 
mismas razones y con resultados casi idénticos. Separan 
Estados centrales y de transición de los Estados periféri¬ 
cos. Así como Norteamérica tiene una economía única, 
el mundo tiene una economía única, global: succiona 
recursos hacia el mercado laboral desde la periferia al nú- 


2 Para los propósitos de este libro, la frontera entre Estados Uni¬ 
dos y Canadá es menos importante que las dos citadas. Aclarado 
esto, el sistema inmigratorio canadiense es distinto del estadou¬ 
nidense. Dejo el análisis para aquellos que tienen experiencia en 
este tema. Ver, por ejemplo, el libro de Harsha Waila Undoing 
Border Imperialism (Destruyendo el Imperialismo Fronterizo). 



Introducción I 29 


cleo. 3 Millones, si no miles de millones de seres humanos 
son sustituibles o superfluos en esta economía global, y 
las fronteras existen para regular sus movimientos: para 
mantener a cada persona en su lugar. 

Creo que tanto una decencia básica como el senti¬ 
do común dictan que los ciudadanos del Norte global 
deben actuar de forma concreta para minar este sistema 
global de castas y reintegrarnos al resto de la humanidad. 
Primero, porque es lo correcto. También porque en caso 
contrario la situación será tan insostenible que nuestra 
propia seguridad y supervivencia se verán eventualmente 
en riesgo. Un lugar donde empezar a hacerlo es la fronte¬ 
ra. Hay muchos otros lugares donde se podría empezar. 

Este libro es el producto de los siete años que mis ami¬ 
gos y yo pasamos en el desierto, intentando encontrar 
nuestro camino. Es una síntesis de innumerables con¬ 
versaciones, interacciones y experiencias que compartí 
con miles de personas: migrantes, refugiados y personas 
indocumentadas; gente involucrada en la trata de perso¬ 
nas, en el contrabando de droga y autoridades policiales; 
mis compañeros y voluntarios en No Más Muertes; y la 
gente con la que compartí tiempo mientras vivía, traba¬ 
jaba, viajaba y participaba en movimientos sociales por 
todo México y Centroamérica. Las conclusiones que se 
presentan son las mías. No hablo en nombre de No Más 
Muertes o de nadie que no sea yo. 


3 Estoy parafraseando el análisis de sistema mundial de Immanuel 
Wallerstein, aunque llegué a conclusiones similares gracias a mis 
experiencias en el desierto antes de conocer su trabajo. 



30 | No habrá muro que nos pare 

Creo que la mayor parte de lo que cuente no será una 
novedad para muchos indocumentados, o para quienes 
viven en México o Centroamérica. Asumo la responsa¬ 
bilidad por aquello que pueda sonar no del todo cierto. 
Estoy escribiendo sobre todo para lectores del Primer 
Mundo que estén interesados en entender las dinámicas 
de la migración en Norteamérica, especialmente para 
aquellos que trabajan con y por los intereses de los mi¬ 
grantes y refugiados y por un mundo sin fronteras. Espero 
que algo de lo que he visto pueda ser útil para ese fin. 

Ofrezco estas palabras como munición para cualquiera 
que desee intervenir cuando otras personas son tratadas 
como carne. 



“Es bueno que guardes los huesos aquí,” me comen¬ 
tó Jesús. Nos encontrábamos frente a una gran pila 
de huesos, la mayoría de vacas o ciervos, que nuestros 
voluntarios habían recolectado en el desierto. “Los ani¬ 
males sufren de hambre y sed, igual que nosotros. Son 
cazados al igual que nosotros. Mueren solos como no¬ 
sotros, sin que nadie lo sepa o le importe. Es bueno que 
sean recordados también.” 

Jesús trabajaba en una tienda de silenciadores de 
automóvil en Bakersfield cuando fue deportado. Su es¬ 
posa e hijos le esperaban ahí. Estuvieron esperándole 
seis meses mientras él estaba atrapado en Michoacán. 
Cuando encontró nuestro campamento llevaba cami- 


Introducción I 31 


nando por el desierto seis días, solo y medio loco debido 
a la deshidratación y exposición a la intemperie. 

Su melena negra estaba recogida en una pulcra cola 
de caballo. Vestía una chamarra de jean desgastada por 
el clima, blue jeans desgastados, una bonita hebilla en 
el cinturón, un sencillo collar y una camiseta negra 
ajustada de un club de motos del Sur de California. In¬ 
cluso después de tan duras experiencias, no se podía 
negar que el hombre tenía estilo. 

“Nos tratan como animales,” dijo. 


Jesús está ahora en casa, soldando tubos de silen¬ 
ciadores y criando a sus hijos. Antes de salir de nuestro 
campamento de vuelta al desierto, encontró un enor¬ 
me trozo de madera en forma de corazón en el arroyo, 
lo pintó de rojo sangre y lo plantó en un pedestal de 
rocas que pintó de blanco. 

“Este es nuestro corazón,” me dijo. “El corazón de la 
gente, de todos nosotros, de cada persona que camina 
por aquí, de todos los que trabajan aquí, de toda la gente 
que murió aquí, de las vacas y los ciervos y también de 
los conejos. Quizá algún día las cosas sean diferentes. 
Volveré y nos sentaremos alrededor de esta cosa y con¬ 
taremos historias de todo lo que ha ocurrido.” 

Ojalá que vivamos para ver el día. 



“Benedicto: que tus senderos sean 
tortuosos, serpenteantes, solitarios, 
peligrosos, llevándote a la más 
maravillosa de las vistas.” 

-Edward Abbey 


Definiendo 

conceptos 


Si no se indica lo contrario, la frontera se refiere a la 
frontera de México y Estados Unidos. 

De la misma manera, el desierto hace referencia a la 
zona fronteriza del desierto de Sonora situado en el sur 
de Arizona, donde trabajé, sobre todo entre Sasabe y No¬ 
gales. 

Los conceptos migrantes y refugiados se refieren a las 
personas que, sin tener la ciudadanía estadounidense, 
cruzan la frontera para vivir y trabajar en los Estados 
Unidos, con o sin la autorización o los documentos ne¬ 
cesarios requeridos por las regulaciones inmigratorias 
estadounidenses. A veces ambos términos se fusionarán 
en “migrantes” o “viajeros.” No hago distinciones entre 
“migrantes” que cruzan la frontera por razones “econó¬ 
micas” y “refugiados” que la cruzan para “escapar de la 
violencia o la persecución.” Según mi experiencia, estas 
son categorías arbitrarias, y las motivaciones de la ma¬ 
yoría de la gente son una combinación de ambas. En 
muchas partes del mundo, es difícil distinguir entre la 
pobreza y “violencia y persecución.” 

De todas formas, “refugiado” goza de una definición 
concreta según las leyes tanto estadounidenses como in¬ 
ternacionales. La mayoría de gente que cruza la frontera 


33 


34 | No habrá muro que nos pare 

entra en esa definición, y el gobierno de Estados Unidos 
tiene una obligación legal de tratarles en consecuencia. 
El gobierno raramente cumple esa obligación y tiene un 
gran interés en definir a todas esas personas como mi¬ 
grantes. Debido a ello, creo que es importante que el 
concepto “refugiado” se utilice de forma más amplia en 
Estados Unidos para referirnos a la gente que cruza la 
frontera, a pesar de que no sea aplicable a todas esas per¬ 
sonas. Obviamente hay migrantes y refugiados de todo 
el mundo que entran en los Estados Unidos por medios 
diferentes que el de cruzar la frontera, pero esos casos 
están fuera del alcance de este trabajo. 

Migración irregular se refiere a la migración que tiene 
lugar fuera de las normas regulatorias de los países desde 
donde salen los migrantes, los que cruzan, o donde los 
reciben. 

Personas indocumentadas se refiere a la gente que está 
en Estados Unidos o en México sin la autorización o los 
documentos que las leyes estadounidenses o mexicanas 
prescriben. Obviamente estas personas tienen algún tipo 
de documento, pero se utiliza este concepto a falta de 
otro más claro. 

Trabajadores solidarios se refiere a personas (como yo 
mismo durante 7 años) adscritas a una perspectiva radical 
y cuya actividad política se orienta hacia las necesidades 
de otras, en este caso migrantes y refugiados. No es un 
concepto muy común, pero por muchas razones no me 
gusta el concepto “activista”, y mucho menos su alterna¬ 
tiva menos común, “aliado.” Ninguna de esas palabras 
describe acertadamente nuestro papel en la frontera ni en 
la sociedad en general. 


Definiendo conceptos | 35 


La casi perfecta frase “trabajadores de ayuda huma¬ 
nitaria del desierto” es un neologismo que se utiliza 
constantemente dentro de No Más Muertes, pero des¬ 
conocido en cualquier otro lugar. Intento transmitir su 
espíritu y ampliar su alcance al tiempo que remarco el 
hecho de que personas como yo también estamos sujetos 
a las presiones del capitalismo. 

Para facilitar la lectura, he seguido las normas de 
la gramática española estándar, con respecto al género 
gramatical. Así que se entienden términos como “los 
migrantes” o “trabajadores solidarios” como neutros de 
género y no implican que las personas a las cuales se re¬ 
fieren sean masculinos. 



Del 

Sur 

al 

Norte 

















Las secuelas 


Lo mejor es comenzar diciendo la más dura de las ver¬ 
dades. 

Al igual que el resto del Hemisferio Occidental, las 
tierras que hoy se conocen como Estados Unidos de 
América, México, Guatemala, El Salvador y Honduras 
fueron robadas a sus habitantes originarios por coloniza¬ 
dores europeos a través de una bien documentada orgía 
de sangre, traición y genocidio de proporciones tan vastas 
que se podría decir que no tiene precedentes en los anales 
de la historia humana que la antecedieron, ni compara¬ 
ción con los poco tranquilos que vinieron después. En 
curso durante más de quinientos años, este monstruoso 
crimen nunca ha sido desagraviado de manera significati¬ 
va. Sigue perpetrándose hasta el día de hoy. 

Todo el mundo lo sabe, pero a nadie le gusta pensar 
demasiado en lo que significa. Significa esto: a menos que 
seas lo suficientemente sincero como para admitir que la 
ley del más fuerte es algo bueno mientras estés del lado 
ganador, tienes que reconocer que los gobiernos locales, 
federales y estatales de estos países, incluyendo a todas 
sus agencias como la Patrulla Fronteriza, Aduanas y Pro¬ 
tección Fronteriza e Inmigración y Control de Aduanas 
son instituciones sin potestad para legitimar la autoridad 
sobre el territorio que gobiernan actualmente. 

Es importante empezar por enmarcar el asunto así. 
¿Quiénes son estas personas que reclaman tener jurisdic¬ 
ción sobre tierras nativas? ¿Qué derecho tienen de decirle 


39 


40 | No habrá muro que nos pare 

a quien sea dónde ir y cuándo? Si alguien tiene el dere¬ 
cho de decidir quién puede o no entrar a Norteamérica, 
es la gente cuyos ancestros habitaron ese territorio desde 
tiempos inmemoriales, no los descendientes o las insti¬ 
tuciones de quienes lo colonizaron. Muchos de los así 
llamados inmigrantes ilegales podrían reclamar de forma 
más justificada el continente que están atravesando que la 
mayoría de los hipócritas que los condenan y persiguen. 

Además, gran parte de la riqueza de Estados Unidos, 
al igual que la de otros países del Hemisferio Occidental, 
fue acumulada a través del secuestro masivo y el robo de 
salarios más grande cometido en la historia humana: el 
comercio Atlántico de esclavos y el sistema de plantacio¬ 
nes del Sur. Una vez más, este monstruoso crimen nunca 
ha sido desagraviado, y sus impactos continúan sintién¬ 
dose hasta el día de hoy. 

De nuevo, ¿quién puede decir que estos últimos inmi¬ 
grantes no merecen también un trozo del pastel? ¿Cuántos 
de los honorables ciudadanos que claman por un muro 
tienen dueños de esclavos en sus árboles genealógicos? 
No todos, pero bastantes. Incluso yo. ¿Están dispuestos 
a subirse en aviones y deportarse a Europa sin demora? 
Al menos la gente que actualmente cruza la frontera para 
mejorar su vida, está dispuesta a hacer el trabajo por su 
cuenta, en vez de esclavizar a otros para hacerlo por ellos. 

“Estados Unidos no está en guerra. 
Estados Unidos es la guerra.” 

-Sora Han 


Del Sur al Norte I 41 


Durante más de 500 años, el relato principal del 
Hemisferio Occidental ha sido la continua historia de es¬ 
clavitud y colonización: el robo de vidas, trabajo y tierra. 
Las secuelas de este proceso moldean todo lo que vino 
después. Es imposible entender Norteamérica sin poner 
esto en un lugar destacado. 

También hay una contra-historia, igual de antigua y 
fuerte, compuesta de innumerables relatos de valentía y 
resistencia. También contaré algunos de estos. 



Un día mi compañero y yo condujimos hacia el 
medio de la nada para dejar agua en el desierto. Cuatro 
días después, era hora de revisar. En nuestro camino al 
lugar, vimos a un hombre sentado al lado de la pequeña 
calle de tierra. Tenía un pedazo rasgado de una manta 
atada en una rodilla. “¿Cómo estás?”, pregunté. 

“Mal,” respondió. “Mira esto.” Se remangó el pan¬ 
talón para mostrar un tobillo negro, hinchado y 
completamente roto. 

“Está mal,” dije. “Necesitas ir a un hospital.” 

“Sí,” dijo. “Mira.” Se quitó la camisa. 

“¡NO MAMES!? gritamos al unísono mi compañero 
y yo, de una forma poco profesional. Tenía una gran 
herida abierta en el pecho, ensangrentada, con costra y 
supurando pus. “¡Tienes que ir a un hospital AHORA! 
¿Qué pasó?” 

“Hace cuatro noches, estaba caminando con otros 
tres hombres a través de esas montañas de allá. Tuve 


42 | No habrá muro que nos pare 

una caída ciega, diez o doce pies sobre el acantilado. Me 
rompí el tobillo y me abrí el pecho con una roca. Ellos 
me cargaron y me bajaron de allá a lo largo de toda la 
noche. A la mañana los vimos a ustedes conduciendo, 
pero seguíamos estando muy arriba, no pudimos llegar 
a la carretera a tiempo. Cuando llegamos ellos se fue¬ 
ron y dijeron que iban a buscar ayuda. Nunca les volví a 
ver, ni a ellos, ni a nadie más desde entonces.” 

“¿Llevas aquí cuatro días?” Habíamos estado a más 
de treinta y ocho grados cada día. “¿Has comido algo o 
tomado agua?” 

“Comida, no. Un par de veces al día me arrastro 
hasta ese estanque. No quería alejarme mucho de la ca¬ 
rretera en caso de que alguien pasara.” 

Había un estanque seco para el ganado a cien metros 
de la carretera, de máximo una pulgada de profundi¬ 
dad y en el que abundaban estiércol y lodo. Vimos una 
docena de marcas de arrastre desde donde él estaba 
hasta el estanque. Lo llevamos a la ambulancia. Estaba 
notablemente estoico. Le pregunté si el camino lleno 
de baches lastimaba su tobillo. 

“No.” 

“¿Tu pecho?” 

“No.” 

“¿No te enfermaste por el agua sucia?” Sabía que hu¬ 
biera muerto de haber sido así. 

“No. Solo llama a mi esposa en Dallas y dile que 
estoy vivo.” Lo hice. La ambulancia lo llevó al hospital 
y nunca volví a saber de él. 


Los viajeros 


La inmensa mayoría de la gente que cruza la frontera 
tiene ciudadanía de México 4 o del “Triángulo del Norte” 
de Centroamérica: Guatemala, El Salvador y Honduras. 
Hay algunas excepciones; mientras trabajaba en el de¬ 
sierto conocí unas pocas personas de Belice, Nicaragua 
y Perú, y algunas más de Ecuador, pero muchas más de 
México y el Triángulo del Norte. 5 

¿Qué impulsa a las personas de estos países a cruzar la 
frontera? 

Casi todo el mundo, en circunstancias normales, pre¬ 
fiere vivir dondequiera que vivan sus familias inmediatas. 
Sin embargo, millones de personas son atraídas y empu¬ 
jadas entre México, el Triángulo del Norte y los Estados 
Unidos por una combinación de poderosas fuerzas. La 
mayoría de las partes de este ciclo no solo pueden defi¬ 
nirse como un factor de “atraer” y “empujar”, sino ambos 
a la vez. 

Tomadas individualmente, cada historia es diferente. 
Tomadas como un conjunto, casi todas las historias que 
he escuchado comparten uno de tres motivos comunes. 
Una y otra vez, conocí personas que decían cruzar la fron- 


4 Principalmente de los estados del sur: Oaxaca, Guerrero, Mi- 
choacán, Veracruz y Chiapas. 

5 Esta es la razón por la que prefiero decir Triángulo del Norte 
y no Centroamérica: un número menor de nicaragüenses, cos¬ 
tarricenses, beliceños y panameños van a los Estados Unidos a 
trabajar. 


43 



44 | No habrá muro que nos pare 

tera porque habían sido deportados y estaban regresando 
a casa, porque escapaban de la violencia y la pobreza del 
sur, o porque podrían tener una mejor vida en el norte. 
A menudo, era una combinación de los tres. Los detalles 
varían sin cesar, pero el patrón se mantiene. 

Señalando lo obvio: los migrantes y refugiados gozan 
de voluntad y libre albedrío como cualquiera. En térmi¬ 
nos generales, la gente hace lo que piensa que es mejor 
entre las opciones de las que dispone. 

De modo que el primer factor de atraer gente hacia 
el norte y empujarla al sur es que el gobierno estadouni¬ 
dense deporta a cientos de miles de personas a México y 
el Triángulo del Norte cada año. Muchas de las familias 
de los deportados viven en Estados Unidos, y muchos 
deportados tienen casas, trabajos y automóviles allí tam¬ 
bién. Independientemente de la ciudadanía, estas no son 
personas que vivan en México o el Triángulo del Norte, 
ellos viven en Estados Unidos. Gran parte de ellos ha 
vivido allí durante años e incluso décadas. Una de las ra¬ 
zones más comunes para cruzar la frontera hacia Estados 
Unidos, es simplemente volver a casa. 

Otro factor que empuja a la gente al norte es la ines¬ 
tabilidad y la violencia extendida en amplios sectores de 
México y el Triángulo del Norte. Mucha gente cruza la 
frontera principalmente para alejarse de esa situación. 
Analizaré cómo se ve esto y por qué es un aspecto central 
en el siguiente apartado. 

El último de los tres primeros factores que atrae y em¬ 
puja gente al norte, hacia la frontera, es la diferencia de 
salario y coste de vida entre Estados Unidos, México y el 


Del Sur al Norte I 45 


Triángulo del Norte, algo a lo que el economista griego 
Arghiri Emmanuel denomina “cambio desigual.” 

En términos absolutos, el coste de la vida es algo más 
bajo en México que en Estados Unidos, e incluso más 
bajo en el Triángulo del Norte. Sin embargo, los sala¬ 
rios para trabajos comparables son desproporcionados, 
mucho más bajos en México que en Estados Unidos, y 
todavía más bajos en el Triángulo del Norte. Por ejem¬ 
plo, en 2016 el salario mínimo federal en Estados Unidos 
es de $7.25 por hora, con mano de obra no calificada 
o semi-calificada cobrando alrededor de $10-15 dólares 
por hora. En Guatemala un salario típico por el mismo 
trabajo puede ir desde $0.35 a $1.50 por hora, con un 
montón de gente trabajando de forma precaria en el sec¬ 
tor informal sin garantía de ingresos. 

Esto es cierto en todo el espectro salarial. Sin importar 
si hablamos de albañilería o de una cirugía de corazón, 
el precio de una hora de trabajo será mucho más bajo 
si es realizado en México (o cualquier otro lugar del sur 
global) que si el mismo trabajo se realizara en Estados 
Unidos (o cualquier otra parte del norte global), y to¬ 
davía más bajo si se realiza en el Triángulo del Norte (o 
cualquier sitio del “profundo sur”). 

Además, casi la totalidad de las mercancías impor¬ 
tadas son al menos igual de caras en México y Estados 
Unidos; y por lo general son más caras en el Triángulo del 
Norte. Esto pasa con casi cualquier cosa exportada de los 
Estados Unidos u otra parte del norte global e importada 
a México, el Triángulo del Norte o cualquier sitio del sur 
global: comida, materiales de construcción, automóviles, 
electrodomésticos, libros, medicinas, etc. Un auto usado, 










Del Sur al Norte I 47 


por ejemplo, aumenta invariablemente de precio cuando 
cruza la frontera de los Estados Unidos a México, y vuelve 
a aumentar cuando sale de México y entra a Guatemala. 
Muchos mexicanos de ciudades fronterizas comprarían 
víveres en un Safeway del lado estadounidense, si tuvie¬ 
ran los papeles para hacerlo. La comida procesada suele 
ser más barata allí. Los libros de texto pueden costar el 
doble en Guatemala de lo que cuestan en Estados Uni¬ 
dos. 

Un número considerable de estadounidenses que han 
viajado a lo largo de la frontera puede tener la impresión 
de que las cosas son más baratas en México: el cuidado 
dental es el ejemplo más conocido. No precisamente. Los 
servicios como el cuidado dental son más baratos en Mé¬ 
xico. Esto tiene sentido; el coste de los servicios refleja el 
valor de los salarios. Las mercancías pueden tener un pre¬ 
cio similar si son fabricadas en México, y ser más costosas 
cuando no lo son. 6 

Esto es válido para gran parte de las mercancías ma¬ 
nufacturadas en otros lugares del sur global y exportadas 
a México o al Triángulo del Norte. Un par de pantalones 
hechos en Bangladesh o un celular hecho en China no 
será más barato en el Wal-Mart en Tuxla Gutiérrez o Te- 
gucigalpa que en el de Tulsa, y pueden incluso ser más 
caros. 

Así que, mientras el coste absoluto de la vida es menor 
en México que en Estados Unidos, y todavía más bajo 
en el Triángulo del Norte, el coste de la vida en relación a 


6 Por lo general, las rentas también son más baratas, al igual que 
pueden serlo productos de comida local. 



48 | No habrá muro que nos pare 

los salarios es más alto en México, e incluso mayor en el 
Triángulo del Norte. 

Imagínalo de esta manera: un par de anteojos que 
cuestan $120 representan 8 horas de trabajo de una ca¬ 
marera en Estados Unidos que cobra $15 por hora. El 
mismo par de anteojos puede costar $135 en Guatemala, 
y podría representar veintidós días de trabajo de alguien 
haciendo lo mismo, cobrando 75 centavos por hora. Esto 
es como si el mismo par de anteojos le costara $2640 a la 
camarera en Estados Unidos. 

En resumen, lo que significa es que la vida es gene¬ 
ralmente más fácil en Estados Unidos, dura en México, 
y todavía más dura en el Triángulo del Norte. Esta es la 
condición que impone la frontera: precios más bajos y 
salarios más altos al norte; precios más altos y salarios 
más bajos al sur. Millones de personas pueden ver esto de 
forma clara y actuar acorde a ello. 

Ahora entremos en el porqué es así. 

id 


Un día conocimos a tres centroamericanos. El sal¬ 
vadoreño viajaba con su sobrina. Le había prometido a 
su hermano que podría encargarse de ella. Él cargaba el 
equipaje de la niña cuando la Patrulla Fronteriza divi¬ 
dió su grupo. Él fue separado de ella en medio del caos 
y la Patrulla Fronteriza se la llevó. Él escapó con dos 
hondureños. El más joven le dijo que había hecho todo 
lo que podía. 


Del Sur al Norte I 49 


Se quedaron sin agua y sin comida, y el mayor de los 
hondureños tenía una rodilla torcida. Habían estado 
completamente perdidos durante cuatro días y cuatro 
noches. 

El salvadoreño tenía un celular que no tenía servi¬ 
cio en Estados Unidos. Estaba lleno de fotografías de 
lugares donde habían estado y cosas que habían visto. 
“¡Mira esta montaña!”, dijo. “¡Nosotros la cruzamos! 
Fue hermoso. Pensamos que seguro íbamos a morir.” 

Mientras se recuperaban, él me preguntó cuánto 
costaba llenar el tanque de nuestro camión. Le dije que 
por lo general, cerca de setenta y cinco. 

“¿Setenta y cinco? ¿dólares?” 

“Sí”, contesté, asumiendo que él pensaba que era 
muy costoso. “¿Cuánto costaría en El Salvador?” 

“Ciento cincuenta, tal vez doscientos” 

“¿Doscientos? ¿dólares? ¡Dios! ¿Cuánto ganas por 
una hora allá?” 

“Cuando me fui ganaba ocho dólares por día traba¬ 
jando en la construcción” 

Tomé un lápiz e hicimos algunos cálculos. Tras lar¬ 
gas deliberaciones, determinamos que: 

1) Llenar un tanque con $ 150-200 representa alrede¬ 
dor de veinte días de trabajo pagado a 8 $ por día. 

2 ) Por lo general gano $15 por hora, lo que son $120 
por día. 

3 ) Esto significaba que llenar un tanque de gasoli¬ 
na con $175 para el salvadoreño era tan complicado de 
pagar como lo sería pagar $2500 para llenar un tanque 
de gasolina para mí. 


50 | No habrá muro que nos pare 

“Eso es un problema,” dije. 

“Un problema muy grave”, señaló. “Amarraron 
nuestra moneda al dolar y ahora todo es increíblemen¬ 
te caro. Hoy es imposible vivir allí.” 

Un rato después él encontró en nuestra cocina una 
fotografía laminada de una chica. “¿Quién es?” pregun¬ 
tó. 

“Ehh, ella fue abandonada por su guía. Uno de nues¬ 
tros voluntarios encontró su cuerpo en el desierto el 
pasado invierno. Solo tenía catorce años.” 

“¿De dónde era?” 

“El Salvador.” Parecía como si fuera a llorar. “¿Cuán¬ 
tos años tiene tu sobrina?” 

“Catorce.” El hondureño más joven puso su brazo 
alrededor de los hombros del salvadoreño. “A ella 
le costaba mantener el ritmo. Pensé que tendría que 
cargarla. Estaba oscuro. Había luces y gritos. Todo el 
mundo corría por todas partes. Ella se cayó y la atrapa¬ 
ron. Vi que la llevaban. Corrí. No sé si ella está a salvo. 
No sé si hice lo correcto.” 

“Lo siento,” le dije. 

Comimos juntos y se fueron cuando la luna estaba 
asomando. El hondureño más viejo envolvió su rodilla 
y tomó un montón de calmantes. “Pase lo que pase, no 
vamos a dejarlo”, dijo el salvadoreño. No van a atrapar¬ 
nos. Vamos a lograrlo.” Él nos llamó una semana más 
tarde desde la casa de su primo en Utah. Todos habían 
superado el desierto. 



jSalt Lake City 


Minneapolis 





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Pittsburgh 


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Memphis 


Atlanta 
Birmingham 
Jacksonville 1 



Charlotti 



San Salvad 

EL SALVADOR 


El Sur 


¿Qué está pasando al sur de la frontera que impulsa a 
la gente a ir al norte cruzando la frontera hacia Estados 
Unidos? 

No hay una sola respuesta. Cada caso es diferente. Mé¬ 
xico, Guatemala, El Salvador y Elonduras no comparten 
un contexto homogéneo, tampoco ninguno de ellos lo 
es internamente. Lo que tienen en común es que mucha 
gente con ciudadanía de estos países cruza la frontera a 
los Estados Unidos para vivir y trabajar, y que estos traba¬ 
jadores proporcionan a los empresarios estadounidenses 


51 




52 | No habrá muro que nos pare 

gran parte de su mano de obra con el salario más bajo. 
Al sur de la frontera, una cantidad importante de estos 
mismos trabajadores también proporciona a la economía 
estadounidense productos agrícolas y mano de obra ba¬ 
rata. Aparte de esto, los cuatro países difieren cultural, 
económica e históricamente, y en casi todos los demás 
aspectos. 

Echemos un vistazo a cada uno de ellos por separado. 


México 


Si hablas con cierta gente de los Estados Unidos, te 
puede dar la impresión de que cualquier persona que 
vaya a México puede sufrir un robo, ser decapitada y ase¬ 
sinada inmediatamente. Vistas así las cosas, creerías que 
no quedaría nadie con vida. Pero de hecho, puedes ir de 
un lado a otro del país del país y, mayoritariamente, te 
verías rodeado de gente que de forma tranquila va lidian¬ 
do con los quehaceres de la vida. La noche de Navidad 
de 2014 me encontraba en San Cristóbal de las Casas 
y el aire retumbaba con las explosiones... pirotécnicas. 
Cientos de personas felices pasaban juntas el tiempo en 
el Zócalo, jugando con globos con formas de animales y 
bebiendo atol con sus hijos. México tiene graves y explo¬ 
sivos problemas, pero que distan mucho de los de Siria, 
por ejemplo. Sospecho que incluso en Siria, de vez en 
cuando, la gente sigue estando tranquila y feliz. 

Para entender el ciclo de acontecimientos que empu¬ 
jan y atraen a la gente de un lado a otro de Norteamérica, 


Del Sur al Norte I 53 


debemos analizar esos aspectos de México que son bru¬ 
tales y desagradables. Pero esa no es la única historia que 
debe ser contada, puede que ni siquiera sea la más in¬ 
teresante. Sería igual de edificante escribir acerca de la 
increíble diversidad del punk-rock mexicano, o explorar 
el significado de la frase “no mames , güey'\ o perdernos en 
alabanzas a los siete tipos de moles de Oaxaca. Es cier¬ 
to que México puede ser peligroso, incluso mortal. Pero 
también puede ser armónico y seguro. Lo mismo que se 
puede decir de Guatemala, El Salvador, Honduras y Es¬ 
tados Unidos. 

Tal como comentaba anteriormente, una escasa mayo¬ 
ría de los ciudadanos mexicanos que conocí en el desierto 
cruzaban la frontera, sobre todo, para volver a sus hogares 
en Estados Unidos. Y una considerable minoría la cru¬ 
zaba para escapar de la violencia y la inestabilidad que a 
menudo es llamada “guerra contra el narcotráfico en Mé¬ 
xico”. A casi todos, al menos en parte, les impulsaba saber 
que podrían tener una vida mejor en Estados Unidos. 
¿Por qué esta particular constelación de factores? 

México y Estados Unidos tienen una historia, por 
supuesto, y no creemos que exista la necesidad de pro¬ 
fundizar en ella aquí. Basta decir que México ha sido el 
escenario de más de 500 años de lucha: primero contra la 
esclavitud y la colonización, después para independizarse 
de España, luego para resistir ser absorbido por Estados 
Unidos, para expulsar a los franceses, contra la dictadura 
de Porfirio Diaz y, más recientemente, para terminar con 
el gobierno unipartidista de 71 años del PRI (Partido Re¬ 
volucionario Institucional). 


54 | No habrá muro que nos pare 

México consiguió su independencia en 1821. En 1854 
había perdido más de un tercio de su territorio a manos 
de Estados Unidos, ya fuera por venta o por invasión, in¬ 
cluyendo buena parte de lo que actualmente es el suroeste 
estadounidense. De aquí una frase que he escuchado en 
Arizona más veces de las que puedo contar: “Nosotros no 
cruzamos la frontera, la frontera nos cruzó”. 

Durante un largo periodo, los migrantes de México 
proporcionaban a los propietarios de tierras estadouni¬ 
denses la mayor parte de mano de obra barata en el sector 
agrícola. Muchos trabajadores agrícolas iban a Estados 
Unidos para trabajar de temporada en malas condicio¬ 
nes con salarios bajos, y volver a casa. No teniendo los 
derechos que gozaban los ciudadanos, les era muy difícil 
organizarse para conseguir salarios más dignos o defender 
sus intereses como trabajadores. Ese sería el contexto en 
el que, en la década de los ‘60 surgiría y se organizaría 
United Farmworkers (Trabajadores Agrícolas Unidos). 
Los esfuerzos más recientes por parte de trabajadores 
agrícolas migrantes de actuar colectivamente incluyen la 
campaña del Farm Labor Organizing Committee (Co¬ 
mité de Organización del Trabajo Agrícola) contra la 
empresa de encurtidos Mt. Olive entre 1998 y 2004, o 
la campaña de “Un Centavo Más” por parte de la Coa- 
lition of Immokalee Workers (Coalición de Trabajadores 
de Immokalee) contra la empresa de comida rápida Taco 
Bell. 

La firma del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de 
América del Norte) en 1994 cambió las cosas. Además 
del desastroso impacto en las comunidades industriales 
estadounidenses, el TLCAN infligió un daño realmente 


Del Sur al Norte I 55 


catastrófico a las comunidades agrícolas mexicanas. En 
su preparación para el acuerdo, el gobierno mexicano 
hizo cambios en su constitución para permitir la priva¬ 
tización de las tierras comunales campesinas e indígenas, 
tumbando uno de los mayores logros de la Revolución 
Mexicana. El TLCAN permitió que gigantescas empresas 
agrícolas estadounidenses enormemente subvencionadas, 
como Cargill y Archer Daniels Midland, inundaran el 
mercado mexicano con productos baratos, especialmen¬ 
te maíz, provocando que la agricultura se convirtiera en 
algo insostenible para millones de campesinos mexica¬ 
nos, incapaces de competir a esa escala. 7 

Este fue el trasfondo de la rebelión zapatista en el es¬ 
tado sureño de Chiapas. Sus participantes identificaron 
correctamente que el llamado comercio “libre” signi¬ 
ficaba una amenaza para la existencia de campesinos 
mexicanos y comunidades indígenas, prediciendo que 
ese acuerdo supondría el golpe de gracia definitivo para 
su estilo de vida si no luchaban contra él. Los Zapatistas 
se alzaron en armas el 1 de enero de 1994, el mismo día 


7 Esto puede parecer contradictorio con mi afirmación previa de 
que los bienes importados son a menudo más caros en México 
que en Estados Unidos, pero no lo es. El maíz es un “artículo” 
que crece en ambos países. Para dominar el mercado mexicano, 
las empresas agrícolas estadounidenses deben competir con pro¬ 
ductores mexicanos. En este caso, la cuestión no es que el maíz 
estadounidense se venda más caro en México que en Estados 
Unidos, sino que el maíz estadounidense se venda más barato en 
México que el maíz mexicano. Este proceso, donde los pequeños 
productores son llevados a la quiebra y expulsados del negocio 
y de sus tierras, ha ocurrido también en Estados Unidos y en el 
resto del mundo. 



56 | No habrá muro que nos pare 

en que el TLCAN entraba en vigor. Exactamente como 
los Zapatistas lo predijeron, el TLCAN llevó a millones 
de mexicanos del mundo rural, muchos de los cuales 
ya vivían en una pobreza extrema, fuera de sus tierras 
y directamente hacia el abismo. Esto inició una masiva 
oleada de migración en la que millones de personas aban¬ 
donaron sus hogares para buscar trabajo en las ciudades 
mexicanas, sobre todo en maquilas en el lado mexicano 
de la frontera, y también del otro lado de ella, cuya pro¬ 
piedad era normalmente de empresas estadounidenses. 

Una gran cantidad de mexicanos llegaron a Estados 
Unidos en esa época y empezaron a construir sus vidas 
ahí. A partir de 1994, las deportaciones internas y la 
militarización de la frontera en el lado estadounidense 
aumentaron de forma drástica, intensificándose de nuevo 
tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 y crecien¬ 
do vertiginosamente desde entonces. La militarización 
de la frontera ha hecho que cruzarla sea tan difícil, caro, 
traumático y peligroso, que el antiguo patrón de viaje 
para trabajar en temporada entre los dos países, es algo 
casi exclusivamente del pasado. Si alguien decide cruzar 
la frontera en la actualidad, casi siempre es para quedarse 
muchos años. Es por ello que las personas indocumenta¬ 
das constituyen un segmento permanente de la población 
estadounidense, una casta sin derechos de varios millones 
de personas. 

La migración de México hacia Estados Unidos tuvo 
su pico a mediados de la década del 2000, disminuyen¬ 
do constantemente a partir de entonces, debido en gran 
medida al fortalecimiento de la economía mexicana, en 
comparación con la estadounidense, desde la crisis inmo- 


Del Sur al Norte I 57 


biliaria de 2008. Desde 2012, el Pew Research Centre 
y otros analistas hablan de un “crecimiento cero” de la 
migración procedente de México. Puede que sea algo esta¬ 
dísticamente cierto, pero esconde lo esencial. Trabajando 
en el desierto conocí a un enorme número de ciudadanos 
mexicanos. La causa es que el gobierno estadounidense 
deporta cada año a un número desconocido de personas 
que viven en Estados Unidos, la mayor parte de las cuales 
intentará cruzar la frontera de nuevo para poder volver a 
sus hogares con sus familias. Es difícil cuantificarlas; el 
gobierno no es transparente en ese tipo de estadísticas. 
No es por ser quisiquilloso, pero esta puerta giratoria no 
es en lo que uno piensa cuando escucha el término “cre¬ 
cimiento cero”. 

Esa es la razón por la que una escasa mayoría de los 
ciudadanos mexicanos que encontré en el desierto cruza¬ 
ban la frontera para volver a casa. 

Lo que se viene llamando “guerra contra el narcotráfico 
en México” se representa en los medios de comunicación 
estadounidenses como una guerra en curso, de baja in¬ 
tensidad y asimétrica entre el gobierno mexicano por un 
lado, y varios cárteles de la droga por el otro; las prin¬ 
cipales metas del gobierno serían disminuir la violencia 
inherente a la droga y desmantelar los cárteles. Todo ello 
es falso (excepto los adjetivos), y no creo haber escu¬ 
chado nunca a ninguna mexicana, del espectro político 
que fuere, describirme el conflicto en esos términos. De 
hecho, el conflicto consiste en alianzas siempre cambian¬ 
tes de actores estatales y para-estatales compitiendo por 
el control del muy lucrativo negocio del transporte de 
drogas y trabajadores indocumentados hacia Estados 








60 | No habrá muro que nos pare 

Unidos. Llamarlo una guerra contra las drogas es como 
denominar la invasión de Irak una guerra contra el pe¬ 
tróleo. 

La guerra es muy compleja y las alianzas entre cárte¬ 
les y facciones del Estado cambian tan rápidamente, que 
describirlas nos recuerda al principio de incertidumbre 
de Heisenberg: podemos determinar las posiciones de los 
participantes, o sus características, pero nunca ambas a 
la vez. 

La versión más simple de la historia es que existen 
dos centros de gravedad desiguales: el más grande, cártel 
de Sinaloa, y el más enérgico de los Zetas, con facciones 
del Estado mexicano y otros cárteles menores alineándo¬ 
se con un bando u otro dependiendo de lo que dicten 
las circunstancias. La guerra empezó “en serio” en 2006, 
cuando la administración del entonces presidente Felipe 
Calderón empezó a involucrar directamente a las fuerzas 
estatales de una forma en la que no lo habían estado hasta 
entonces. A partir de ese momento la espiral no ha hecho 
más que crecer y la violencia en algunas zonas del país ha 
sido atroz, reconociendo más de 120.000 muertes hasta 
2016. Los lugares más afectados incluyen Ciudad Juárez 
en Chihuahua, el estado central de Jalisco, los estados 
nororientales de Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León, y 
los estados sureños de Michoacán, Guerrero, Veracruz, 
Oaxaca y Chiapas. 

Es útil bosquejar un esbozo de los principales actores 
de este drama. 

El cártel de Sinaloa, con base en el noroeste y con 
raíces agrarias, es una organización extraordinaria. Proba¬ 
blemente sea la red de narcotráfico más exitosa que haya 


Del Sur al Norte I 61 


existido nunca, y ha demostrado una visión a largo plazo 
y un flexible planteamiento estratégico que supera de 
lejos a la de muchos gobiernos nacionales. Se superpone 
de tal manera con el gobierno de México que sería igual 
de correcto decir que el Estado es parte del cártel de Si- 
naloa o que el cártel de Sinaloa forma parte del gobierno. 
Ambas aseveraciones son ciertas. 

Algunos analistas estadounidenses muestran la preo¬ 
cupación de que México sea o pueda convertirse en un 
“Estado fallido”. No deberían inquietarse. El Estado 
mexicano no ha fracasado: es la empresa criminal más 
exitosa que haya existido nunca. 

El jefe de jefes de Sinaloa, Joaquín “Chapo” Guz- 
mán es, con sus 165 centímetros de altura, una figura 
de proporciones épicas, tales que en el cosmos mexica¬ 
no compararlo con Robin Hood o Sauron sería exagerar 
muchísimo la importancia de estos dos personajes. Este 
hombre (supuestamente) se ha fugado dos veces de la cár¬ 
cel: una vez escondido en una cesta de la ropa sucia y otra 
en motocicleta a través de un túnel. 8 En el momento que 
escribo este libro (supuestamente) se encuentra encarce¬ 
lado. Ningún mexicano con el que haya hablado estaba 
completamente convencido de ello. 

Sinaloa se presenta a sí mismo como el menor de los 
dos males, y proclama luchar una guerra más limpia. 
Acusa a los Zetas de sacrificar a civiles y de cometer atro¬ 
cidades. “Somos narcotraficantes, no asesinos”, dicen. 


8 Ver Los Señores del Narco, de Anabel Hernández para comprobar 
extensamente cómo el gobierno mexicano estuvo profundamen¬ 
te involucrado en la planificación y ejecución de su primera fuga. 



62 | No habrá muro que nos pare 

“No involucramos a gente honesta”. Algo que afirman de 
forma interesada y con mala fe, pero que no deja de tener 
algo de cierto. 

Su estrategia básica, elegante en su simplicidad, es 
plata o plomo, soborno o bala. Su reputación, es que 
hace ofertas para hacer las cosas de forma sencilla, eso 
es, mantener sus promesas y pagar sus deudas, al tiempo 
que demuestra que es capaz de tomar el camino duro si 
es necesario. Sinaloa es la casa y la casa siempre gana. 
Uno no puede evitar lamentar el hecho de que las perso¬ 
nas al mando de esa organización (muchos de los cuales 
son hijos de campesinos e indudablemente, genios con 
gran capacidad de organización) no aplicaran su talento 
a la transformación social radical u otro tipo de actividad 
provechosa. Normalmente escucho nombrar al cártel de 
Sinaloa en singular. 

En contraposición, el cártel de los Zetas tiene su base 
en el noreste, y hunde sus raíces en lo militar. Miembros 
del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) crea¬ 
ron la organización a mediados de los 90. Sus fundadores 
se encontraban entre los aproximadamente 500 soldados 
del GAFE que fueron entrenados en Ft. Bragg (Caroli¬ 
na del Norte) por miembros de las Fuerzas Especiales de 
Estados Unidos, Israel y Guatemala en materia de contra- 
insurgencia y operaciones especiales para combatir a los 
rebeldes zapatistas en Chiapas. Entre 30 y 200 soldados 
del GAFE utilizaron ese entrenamiento para integrarse 
como fuerza de choque en el cártel del Golfo, una orga¬ 
nización de narcotraficantes bien establecida, que en esa 
época, era el principal rival del cártel de Sinaloa. En poco 
tiempo, los Zetas acabaron siendo más poderosos que el 


Del Sur al Norte I 63 


propio cártel del Golfo. En 2010, le dieron la espalda a 
sus empleadores y empezaron a golpear por cuenta propia 

Y es cierto que los Zetas son una “fuerza especial”. El 
núcleo de su cuadro de dirigentes se compone de una ga¬ 
lería de los horrores de mercenarios y desertores de todos 
los estamentos militares y policiales mexicanos y de un 
buen número de los de Estados Unidos y Guatemala. Ar¬ 
mados hasta los dientes, con dinero en abundancia, con 
un entrenamiento excelente y sin escrúpulos, los Zetas 
han introducido en el ecosistema del crimen mexicano 
un nivel de brutalidad que supera todo lo conocido. 
Mientras que Sinaloa siempre ha proclamado intentar 
evitar víctimas civiles, los Zetas hacen un esfuerzo espe¬ 
cial para ocasionarlos a cada paso. 

El ex-capitán de los Zetas, Heriberto “Lazca” Lazcano, 
un reconocido sádico que toda persona a la que he escu¬ 
chado hablar de él lo considera “el diablo en persona”, 
fue (supuestamente) asesinado en Coahuila en octubre 
de 2012. Varios hombres armados irrumpieron en la fu¬ 
neraria en la que (supuestamente) se velaba su cuerpo y 
se lo llevaron rápidamente... un cuerpo que nunca más 
fue visto. 

Los Zetas fomentan una imagen de extrema dure¬ 
za, y no pretenden actuar de acuerdo a ningún código 
ético. Prometen luchar de la forma más sucia posible, y 
lo hacen. Acusan a Sinaloa de vulgares hipócritas, de que 
su comportamiento es igual de sucio que el que achacan 
a los Zetas y de estar en connivencia con el gobierno. 
“Somos asesinos, pero no somos mentirosos”, dicen. Y 
algo de verdad hay en ello; de alguna extraña forma, la 
honestidad de los Zetas es casi refrescante. 


64 | No habrá muro que nos pare 

Su estrategia básica, atractiva a su manera, es voltear 
el tablero si ven que no pueden ganar. En un furioso es¬ 
fuerzo por desalojar a Sinaloa de su lugar en la cumbre, 
los Zetas han transgredido cualquier barrera de compor¬ 
tamiento aceptable, cometiendo tales crímenes contra la 
naturaleza, la humanidad y contra Dios, que hacer re¬ 
cuento de ellos es alucinante. Anticipando de diversas 
formas al Estado Islámico (ISIS), los Zetas llegaron a las 
mismas conclusiones muchos años antes, y desde el otro 
lado del mundo: es posible crear un ejército temible (y 
ganar mucho dinero) poniendo las armas en manos de 
la gente y dándoles licencia para romper cualquier regla. 
Es dudoso que un nihilismo tal pueda ser nunca parte de 
un proyecto de liberación, pero uno no puede dejar de 
lamentar el hecho de que los Zetas no decidieran desatar 
el infierno sobre las élites mexicanas y sí sobre la pobla¬ 
ción humilde. Normalmente escucho como se habla de 
los Zetas en plural. 

La guerra puede ser entendida como una desagradable 
perversión de un conflicto que forma parte inexorable de 
México: el conflicto entre campesinos (de donde surgió el 
cártel de Sinaloa), y los militares (que dieron nacimiento 
a los Zetas). El peculiar giro es que es Sinaloa el que está 
más íntimamente ligado a las facciones “leales” del Es¬ 
tado, mientras que los Zetas lo están más a las facciones 
“canallas”. Al igual que muchos soldados mexicanos son 
de una generación desarraigada de su origen campesino, 
la mayoría del liderazgo de Sinaloa nació en la década de 
los 50, mientras que casi todos los líderes de los Zetas 


Del Sur al Norte I 65 


nacieron en los 70, la generación siguiente. Entre los dos 
bandos se respira un aire de parricidio. 9 

La tercera variable en esta ecuación es la que corres¬ 
ponde a los muchos movimientos sociales de México. 
Una gran parte de la violencia en el país se focaliza en la 
represión a los movimientos sociales, enmascarada como 
guerra contra el narcotráfico, especialmente en el sur, que 
ha sido históricamente mucho más pobre que la capital 
o que el norte, y donde estos movimientos han sido más 
fuertes. México tiene una rica historia de lucha e ideas 
radicales. Desde la Guerra de Castas de Yucatán en 1847 
a la Revolución y el movimiento zapatista original de la 
década de 1910, pasando por las protestas y ocupaciones 
en Ciudad de México en 1968, hasta los levantamien¬ 
tos en San Salvador Ateneo y Oaxaca en 2002 y 2006; 
el asedio en San Juan Cópala en 2010 a las fuerzas de 
autodefensa que vigilan Santa María Ostula y Cherán... 
Desde que los actuales zapatistas hicieron los primeros 
disparos como acto de resistencia a la hegemonía capi¬ 
talista global de la era post-Guerra Fría, hasta las formas 
en que sus conceptos de autonomía y autodeterminación 
han influido en luchas contemporáneas desde Oakland 
hasta Rojava, los mexicanos han contribuido inmensa¬ 
mente al proyecto de liberación. 


9 En Tamaulipas y en el sur de Texas, la marca preferida del cár¬ 
tel del Golfo podría ser la de los tractores John Deere y la de 
los Zetas Porsche. Así los Zetas, modernos, lo que dicen es “no 
somos el cártel de tus padres”. Este mismo abismo generacional 
divide los liderazgos de Al-Qaeda (nacidos en los 50), y del ISIS 
(de la década de los 70); algunas de las dinámicas son semejantes. 



66 | No habrá muro que nos pare 

Probablemente no sea coincidencia que el aconteci¬ 
miento que parece marcar el inicio de la guerra contra el 
narcotráfico (el despliegue de 6500 soldados en Michoa- 
cán en diciembre de 2006) tuviera lugar casi dos semanas 
después del aplastamiento del levantamiento de Oaxaca a 
finales de noviembre. 

La guerra en México es un choque de fuerzas ele¬ 
mentales personificadas en tres grupos de personas con 
capuchas negras y armas: el Orden (Sinaloa), el Caos (los 
Zetas) y la Transformación (Zapatistas y otros rebeldes). 
No queda claro cómo acabará la guerra, o qué ocurrirá 
cuando eso suceda, pero por el momento no sorprende 
que haya tantos mexicanos que quieran cruzar la frontera 
para escapar. Lo que está claro es que el mundo es cada 
vez más pequeño: esta tríada de fuerzas es similar en Siria, 
personificándose en Assad, ISIS y los revolucionarios de 
Rojava. 10 Este tipo de conflictos se están extendiendo, y 
pronto no quedará lugar donde escapar. 

Entonces, ¿qué podemos hacer? Tomando prestados 
un par de argumentos del difunto Charles Bowden, y 
desde la ventajosa posición de trabajador solidario de Es¬ 
tados Unidos, voy a contestar lo mejor que pueda. 


10 Ver A Small Key Can Open A Large Door: the Rojava Revolution, 
(Una pequeña llave puede abrir una gran puerta: la revolución 
de Rojava) publicado por Strangers in a Tangled Wilderness, 
para una introducción a la revolución en curso en el Kurdistán 
de Siria (Rojava). Para otra perspectiva del levantamiento en 
Siria, ver Burning Country: Syrians in Revolution and War (País 
en llamas: sirios en la Revolución y en la Guerra) por Robin 
Yassin-Kassab y Leila al-Shami. 



Del Sur al Norte I 67 


El gobierno estadounidense tiene una gran respon¬ 
sabilidad en el incendio que ha consumido a México 
durante los últimos diez años. Como ya he descrito an¬ 
teriormente, el TLCAN aniquiló el sector agrario y lanzó 
a millones de personas que ya eran pobres hacia la ruina 
más absoluta. Eso a su vez creó millones de migrantes 
y refugiados internos y externos, muchos de los cuales 
recurrieron a los cárteles para sobrevivir. La prohibición 
del consumo y venta de drogas en las calles de Estados 
Unidos hacen que sus precios sean artiñcialmente altos, 
proporcionando unos enormes márgenes de beneñcio. 
La batalla por hacerse con ellos se desplaza al sur, ali¬ 
mentando la multibillonaria industria de la droga y 
poniéndola en el centro del conflicto. Al deportar a cen¬ 
tenares de miles de personas y al militarizar la frontera, 
el gobierno estadounidense ha creado una industria de la 
trata de personas, muy ligada a la industria de la droga, 
que coloca miles de millones de dólares más en juego. 
Al proporcionar al gobierno mexicano dinero, armas y 
entrenamiento militar, se alimenta a la violencia desde 
todas partes. Estos recursos, invariablemente, acaban des¬ 
viados, puesto que tanto los actores estatales como los 
para-estatales los utilizan para luchar por el control de 
estas industrias, sin dejar de lado el propósito de reprimir 
a los movimientos sociales. 

Nada de esto es un accidente o un error. De hecho, la 
guerra en México (igual que el sufrimiento en el desierto) 
beneficia a sectores bien identificables de la sociedad a 
ambos lados de la frontera. 

Las políticas oficiales en estas cuestiones representan 
los intereses de esos sectores, y no soy tan ingenuo como 


68 | No habrá muro que nos pare 

para pensar que de repente esto va a dejar de suceder. Si 
el gobierno de Estados Unidos realmente deseara acelerar 
el final de la guerra en México, lo podría hacer acabando 
con las deportaciones, abriendo la frontera, legalizando el 
consumo y la venta de drogas y cortando la ayuda militar 
al gobierno mexicano. 

Estas acciones tendrían otras consecuencias, sobre al¬ 
gunas de las cuales especularé más adelante. Sin embargo, 
tendrían el efecto de quitar la mayor parte del oxígeno 
del conflicto al eliminar los beneficios y buena parte de 
los medios para luchar por ellos. 11 Si esto llegara a ocurrir, 
tengo plena confianza en que los mexicanos serían capa¬ 
ces de resolver los problemas del país, como lo han hecho 
en el pasado. 

Pero claro, eso no va a ocurrir. No existe voluntad 
política en Washington para tomar alguna de esas deci¬ 
siones; tampoco sería visto con buenos ojos por la gente, 


11 De vez en cuando podemos leer algunos comentarios que 
hablan de cómo los efectos de las laxas leyes estadounidenses 
sobre armas alimentan la guerra contra el narcotráfico en Mé¬ 
xico, ya que el personal de los cárteles supuestamente compra 
armas en Estados Unidos y las baja a México. Es sin duda algo 
que ocurre, pero deja de lado lo esencial. La mayor parte de las 
armas y municiones utilizadas por todas las partes en guerra 
son desviadas de (o utilizadas por) los arsenales de las diferentes 
facciones de las fuerzas del orden mexicanas: policías locales 
y federales, el ejército, etc. Este material no se compra en las 
tiendas o en las ferias de armamento de Arizona o Texas y se 
contrabandea pieza a pieza a través de las aduanas de Nogales 
y Matamoros. Son compradas y pagadas por los gobiernos, y a 
menudo los dólares de los impuestos de los estadounidenses se 
trasvasan directamente al Estado mexicano. 



Del Sur al Norte I 69 


exceptuando quizá a unos cuantos radicales. Los que nos 
consideramos tales, podemos intentar obligar al gobierno 
a cambiar sus políticas en torno a las drogas o la inmigra¬ 
ción. Probablemente, como mínimo, tendríamos éxito 
en cambiar los términos del debate. Puede ser más fácil 
cambiarlo todo, o aguantar mientras todo cambia a nues¬ 
tro alrededor. 

Hasta entonces, la gente seguirá cruzando la frontera: 
sea cual sea el riesgo, el coste y sin importar los obstáculos 
que se crucen en su camino. Por cualquier medio. 

0 


San Salvador Ateneo es venerado en México gracias 
a dos levantamientos que ocurrieron ahí, en 2002 y en 
2006 . E 11 2002 , Ateneo fue escogido como el emplaza¬ 
miento del nuevo aeropuerto internacional de Ciudad 
de México. Mucha de la población que residía ahí iba 
a ser desplazada. Tras intensos enfrentamientos entre 
la policía y la comunidad, organizada bajo la sombrilla 
del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, el go¬ 
bierno canceló la construcción del aeropuerto. Nunca 
se ha intentado construir de nuevo. 

En mayo de 2006 , al mismo tiempo que empezaba 
el levantamiento en Oaxaca y las huelgas “Un día sin 
mexicanos” en Estados Unidos, una segunda revuelta 
entraba en erupción en Ateneo tras la expulsión por 
parte de la policía de un grupo de vendedores de flores 
cerca del mercado de Texcoco. Esto no es tan inusual 
como pudiera parecer: el acoso contra millones de 


70 | No habrá muro que nos pare 

vendedores ambulantes es algo extendido por todo el 
país, y la fuente de mucho resentimiento . 12 El Estado 
respondió con una violencia desmesurada para acabar 
con esta segunda revuelta. Más de 4000 policías (fede¬ 
rales, estatales, municipales y privados) aterrorizaron a 
toda la comunidad, mataron a dos personas, golpearon 
e hirieron a muchos más, tiraron al suelo muchas puer¬ 
tas y arrestaron a 207 personas, y violaron o abusaron 
sexualmente de 26 de las mujeres detenidas. Una déca¬ 
da después, esos actos siguen infames. 

Una mujer de San Salvador Ateneo, de unos 60 
años, me contó la siguiente historia en 2010 , cuando 
formábamos parte de un intento de romper el cerco 
paramilitar a la comunidad Triqui de San Juan Cópala, 
en Oaxaca: 

“Cuando decidimos parar el proyecto del aeropuer¬ 
to, estudiamos lo que habían hecho los zapatistas. 
Vimos cómo estos habían prevalecido porque se ha¬ 
bían construido un mito para sí mismos, y pudieron 
construirse un mito porque se dotaron de una vesti¬ 
menta mágica: sus pasamontañas y sus rifles. Sabíamos 
que si queríamos tener éxito necesitábamos un mito y 
una vestimenta mágica propia. Pero no sabíamos cómo 
hacerlo. No podía ser igual a la de los zapatistas, eso 
no tendría sentido. No somos mayas, no somos gue¬ 
rrilleros, no vivimos en la selva. Somos campesinos de 
una pequeña ciudad a las afueras de Ciudad de México. 


12 Acontecimientos similares condujeron a que Mohamed Boua- 
zizi se inmolase en Túnez algunos años más tarde, la chispa que 
prendió la mecha de la Primavera Árabe. 



Del Sur al Norte I 71 


¿Qué vestimenta podíamos adoptar? Discutimos sobre 
ello durante días, incluso semanas. Y finalmente la 
encontramos: un sombrero de vaquero, una bandana 
roja y un machete. Una vez que conseguimos nuestra 
vestimenta mágica, éramos invencibles, y el aeropuerto 
estaba condenado”. 

Actualmente podemos ver a residentes de San Salva¬ 
dor Ateneo, con sus sombreros de vaquero, su bandana 
roja y su machete en las barricadas y luchas por todo 
México. Cuando aparecen, el sentimiento es que ha lle¬ 
gado la caballería. 





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74 | No habrá muro que nos pare 


Guatemala 


Como dije, he conocido más mexicanos que cruzan la 
frontera para volver a su antigua vida en Estados Unidos 
que para iniciar una nueva allí. En el caso de los guate¬ 
maltecos pasa lo contrario, ¿por qué?. 

Guatemala ha sido gobernado por un sistema feudal 
desde su colonización. Actualmente el país es dominado 
por un grupo de familias de tez clara (conocidas como 
“las siete familias”, la “oligarquía” o el “Estado profundo”) 
que han administrado el poder desde que sus descendien¬ 
tes europeos llegaron a América. Elan tiranizado al país 
subyugando a la mayoría indígena durante más de 500 
años. Estas familias controlan el estamento militar y la 
vasta mayoría de las tierras y la riqueza, dividiéndose 
grandes monopolios entre ellas. La vieja élite está ligada a 
las exportaciones de café, azúcar y banano, al ganado, la 
minería y algo de industria pesada, como la producción 
de cemento. La nueva élite se dedica al narcotráfico y a 
la trata de personas. Los partidos políticos de Guatemala 
están alineados con esos intereses enfrentados 13 


13 El Partido Patriota estuvo en el poder durante buena parte de 
esta década antes de caer en desgracia. Estaba alineado con los 
militares y varias facciones del “Estado profundo”, su color era 
el naranja y su símbolo era un puño cerrado. En 2016, las mis¬ 
mas personas vuelven a estar a cargo, aunque ahora apuestan 
por el azul y su nuevo nombre es Frente de Convergencia Nacio¬ 
nal. Cual payaso aterrador, los oligarcas guatemaltecos tienen 
una máscara diferente para cada ocasión. No es ningún secreto 
cuál es el poder real tras el trono. Por otro lado, he escuchado 
a bastante gente denominar al partido LIDER (Libertad De- 



Del Sur al Norte I 75 


Hace cien años hubo una revolución en México que 
terminó con el sistema feudal y puso los cimientos de 
un Estado moderno, para bien o para mal. Es algo que 
nunca ha ocurrido en Guatemala. El país obviamente 
no está gobernado por gente que tenga como objetivo 
el bienestar de las personas. En contraste con sus pares 
mexicanos, los oligarcas no cumplen con su parte del 
contrato social, ni pretenden hacerlo. 

Pero al igual que México, Guatemala tampoco es un 
Estado fallido. El gobierno tiene un trabajo que realizar, 
y lo ha hecho bien durante siglos. Suministra a Estados 
Unidos azúcar, bananos y café, y evita que los indígenas 
embarquen a las siete familias de vuelta rumbo a España. 
El gobierno ha cumplido su obligación de la única forma 
posible: con ametralladoras, helicópteros y lanzallamas. 

Así que, en vez de una revolución, Guatemala pa¬ 
deció una brutal y casi inimaginable guerra civil de 36 
años. La CIA la puso en movimiento en 1954 cuando 
patrocinaron un golpe de Estado que derrocó al enton¬ 
ces presidente Jacobo Árbenz en recompensa por sus 
intentos de redistribuir tierras. La inmensamente pode¬ 
rosa empresa estadounidense United Fruit Company 14 se 
opuso a la reforma agraria y la CIA actuó en su nom¬ 
bre. Denegado cualquier otro camino para el cambio 
social, una mezcla de indígenas, campesinos, estudiantes, 
sindicalistas y grupos de izquierda iniciaron la lucha ar¬ 
mada contra el Estado a finales de los 60. El conflicto 


mocrática Renovada) como el narcopartido, así a secas. Siempre 
tiene opciones de ganar, y su color es el rojo. 

14 Su nombre actual es Chiquita Brands International 



76 | No habrá muro que nos pare 

fue alimentado durante décadas por el apoyo financie¬ 
ro y militar que el gobierno estadounidense suministró 
a los diferentes regímenes militares de Guatemala. Estos 
perpetraron un catálogo de masacres, desapariciones, 
torturas y otros tipos de terrorismo de Estado contra la 
sociedad civil de Guatemala, culminando en la política 
genocida “de tierra quemada” contra la población maya 
durante el mandato de Efraín Ríos Montt a principios 
de los 80. Aproximadamente unos 200.000 civiles per¬ 
dieron la vida en el transcurso de la guerra; los indígenas 
sufrieron desproporcionadamente. El conflicto armado 
terminó en diciembre de 1996 con la firma del acuerdo 
de paz entre la organización madre que agrupaba a los 
grupos guerrilleros (UNRG, Unión Revolucionaria Na¬ 
cional Guatemalteca) y el gobierno del país. 

Centenares de millares de guatemaltecos huyeron 
hacia México y Estados Unidos en los 80. La mayoría 
tuvo que hacerlo ilegalmente, puesto que la administra¬ 
ción Reagan, que estaba armando y financiando a los 
principales actores de la violencia, rechazaba reconocer 
a estos exiliados como refugiados. 15 Muchos de estos re¬ 
fugiados y sus familias establecieron sus vidas en Estados 
Unidos y han vivido allí desde entonces. 

20 años más tarde, la paz puede que sea peor que la 
guerra. Ele escuchado a guatemaltecos que así lo sos¬ 
tienen. En 2016 Guatemala tiene la tasa más alta de 
malnutrición crónica del hemisferio occidental, la cuarta 


15 Miembros del “Movimiento Santuario” ayudaron a miles de 
guatemaltecos en su camino al norte. 20 años más tarde algunas 
de las mismas personas formarían No Más Muertes. 



Del Sur al Norte I 77 


más alta de todo el mundo. Afecta al 47% de los niños, 
al 55% de personas que viven en el mundo rural, al 69% 
de los indígenas y al 70% de niños indígenas. En algunas 
zonas, la cifra llega al 90%. 16 La inseguridad alimentaria 
es el motivo más fuerte de migración en el país, según 
un informe reciente publicado por la Organización In¬ 
ternacional para las Migraciones y el Programa Mundial 
de Alimentos de las Naciones Unidas. Basándome en lo 
que he vivido en primera persona y lo que me cuentan los 
guatemaltecos, estoy de acuerdo. 

Estamos hablando de un país con grandes nexos eco¬ 
nómicos, políticos, culturales y militares con Estados 
Unidos; un territorio bendecido con suelo fértil, agua 
en abundancia, un clima favorable y abundantes recur¬ 
sos naturales; con unos mercados rebosantes de frutas y 
vegetales y cuyas exportaciones anuales hacia el norte en 
alimentos superan los mil millones de dólares. La paz en 
Guatemala es la paz de los sepulcros, saqueada por ladro¬ 
nes y perseguida por las almas de niños hambrientos. 

Cerca del 60% de su población se identifica como 
indígena. Se hablan 26 lenguas diferentes, hay muchos 
lugares donde el español no es la lengua predominante 
y existe una gran diversidad cultural entre los diferentes 


16 Son cifras considerablemente superiores a las de Honduras y 
Nicaragua, aunque estos países son mucho más pobres que 
Guatemala. Haití es el Estado más pobre del hemisferio occi¬ 
dental, y el salario medio en Guatemala es cuatro veces mayor 
que en Haití, pero la malnutrición infantil de Guatemala es el 
doble de la haitiana. La desigualdad en Guatemala es verdade¬ 
ramente diabólica. La fuente de estas estadísticas es el informe 
citado más adelante. 



78 | No habrá muro que nos pare 

grupos indígenas. Estos grupos representan un porcentaje 
mayor de la población del país, mayor que casi cualquier 
otro lugar de Norteamérica. En México, por ejemplo, 
una parte sustancial de la población también es indígena, 
pero excepto en Chiapas y Oaxaca, no llega al nivel de 
Guatemala. 

El racismo está extremadamente extendido en todos 
los aspectos de la sociedad guatemalteca. Los términos 
despectivos utilizados por los criollos (aquellos con alto 
porcentaje de ancestros europeos) y los ladinos (los que 
tienen una mezcla de ancestros europeos e indígenas) 
para referirse a los indígenas (aquellos con ancestros prin¬ 
cipalmente indígenas, y particularmente a aquellos cuya 
lengua principal no es el español) contienen tanta carga 
histórica como los términos que usan los blancos para 
referirse a la población negra en Estados Unidos. Algo 
que también es cierto en México, pero que es lacerante 
en Guatemala. La mayoría de las peores atrocidades en la 
guerra fueron ordenadas por criollos (que dominaban el 
estamento militar), perpetradas por ladinos (que forma¬ 
ban el grueso del ejército) y sufridas por indígenas (que 
conformaban la mayoría de la guerrilla y de la población 
en general). 

Los acuerdos de paz de 1996 marcan un complicado 
hito en la historia de Guatemala. Durante casi 40 años, 
las guerrillas, formadas en su mayoría por mayas, se de¬ 
fendieron ante un enemigo despiadado y sin principios, 
apoyado por todo el peso del gobierno de Estados Uni¬ 
dos. Las guerrillas no ganaron exactamente, pero tampoco 
perdieron del todo, y cuando finalmente depusieron las 
armas lo hicieron tras asegurarse de obtener importan- 


Del Sur al Norte I 79 


tes concesiones del gobierno guatemalteco. Una de las 
más importantes fue el Convenio 169 del acuerdo de 
paz, en el que se pone por escrito en la ley de Guatemala 
la administración de las tierras comunales. Legalmente 
hablando, buena parte de las tierras del país no son de 
propiedad privada, ni de personas ni de empresas, ni de 
titularidad pública, sino que son propiedad comunitaria 
de los indígenas que las trabajan. 

Además, según el Convenio 169, los temas referentes 
a la extracción de recursos en tierras comunales tienen 
que ser aprobados de forma comunitaria. Esto significa 
que si una empresa minera quiere extraer oro en tie¬ 
rras comunales no puede solo comprar los terrenos, ni 
el Estado puede alquilarlos. Una asamblea popular de la 
comunidad involucrada debe apoyar el proyecto, un per¬ 
miso que a menudo es muy difícil de obtener. 


“Cuando viajo por Estados Unidos 
veo que la mayoría de gente blanca 
no se siente oprimida. Se siente débil. 
Cuando me reúno con mi gente, no 
nos sentimos débiles. Nos sentimos 
oprimidos. No queremos cambiar los 
términos. Vemos el genocidio físico 
que intentan infligir a nuestras vidas 
y entendemos el genocidio psicológico 
que ya han infligido a su propia gente” 

John Trudell, Paha Sapa, 18 de julio de 198Q. 


80 | No habrá muro que nos pare 

Estos aspectos de las leyes medioambientales e indí¬ 
genas pueden proporcionar una protección más fuerte 
frente a las empresas extractivistas que las legislaciones 
de Estados Unidos o México. ¡Imaginemos qué pasaría si 
el Servicio Forestal de Estados Unidos tuviera que pasar 
por asambleas comunitarias cada vez que quisiera alquilar 
tierras a las empresas madereras! En Guatemala hicieron 
falta 36 años de lucha armada para obtener esa victoria. 

Pero tampoco sorprende que estas partes del acuerdo de 
paz hayan sido regularmente derogadas por los corruptos 
gobiernos de la posguerra, que han intentado con todas 
sus fuerzas subastar el país al mejor postor. 

A pesar de ello, los indígenas tienen poder en Guate¬ 
mala, de un calibre muy diferente al que se puede ver en 
Estados Unidos o en la mayor parte de México. El día 
de la final del Mundial de fútbol, el congreso guatemal¬ 
teco intentó deslizar una ley, llamada la Ley Monsanto, 
que habría otorgado la exclusividad de semillas patenta¬ 
das a un puñado de multinacionales. Grupos indígenas 
bloquearon el congreso, impidiendo la entrada de agua 
o comida, evitando que los congresistas pudieran ir al 
baño y sin dejarlos salir para dormir hasta que la ley fuera 
rechazada, lo que ocurrió al final. Es muy difícil imagi¬ 
nar algo semejante en Washington D.C. o en Ciudad de 
México. 

La extracción de recursos es un tema importante en 
Guatemala. En las tierras altas del oeste del país, sobre 
todo en las provincias de San Marcos y Huchuetcnango, 
a lo largo de la frontera con el estado mexicano de Chia- 
pas, hay mucha actividad minera (oro, plata y cobre), 
además de contar con muchos terrenos donde las muí- 


Del Sur al Norte I 81 


tinacionales intentan conseguir licencias para nuevos 
proyectos mineros a través de las asambleas populares 17 . 

Guatemala tiene una larga tradición de resistencia a la 
extracción de recursos, sobre todo en esas regiones. Tanto 
la policía estatal como las privadas, además de las fuerzas 
militares y paramilitares han encarcelado y asesinado a 
muchos opositores a la minería y a otros megaproyectos. 

No es coincidencia que muchos de los guatemaltecos 
que conocí cruzando la frontera proviniesen de San Mar¬ 
cos o Huehuetenango. He visto suficientes pruebas en 
primera persona como para sugerir que las empresas mi¬ 
neras, los cárteles de la droga y el Estado han cooperado 
para sacar a los habitantes de partes de esas zonas para 
despejar el camino a los megaproyectos, el narcotráfico y 
la trata de personas. Volveré a ello más adelante. 

La gran mayoría de la cocaína procedente de Suramé- 
rica cruza la frontera Guatemala-México en su camino 
hacia Estados Einidos, junto a todas las personas indo¬ 
cumentadas, migrantes y refugiados de Centroamérica. 
Como en México, los actores estatales y para-estatales 
compiten por el control de las industrias del contrabando 
del narcotráfico y la trata de personas creadas alrededor 
de la frontera. En Guatemala este juego no se da de 
forma menos violenta. A eso hay que añadir los niveles 
realmente aterradores de asesinatos y crímenes violentos 


17 Muchas de estas empresas son canadienses. Uno de los ejem¬ 
plos más conocidos es la mina de oro Marlin de San Marcos, 
cerca de los municipios indígenas de Sipacapa y San Miguel 
Ixtahuacán, propiedad de una filial guatemalteca de la empresa 
canadiense Goldcorp. Ver el documental de 2005 Sipakapa no 
se vende, dirigido por Alvaro Revenga. 



82 | No habrá muro que nos pare 

en algunas partes del país (buena parte de ello es una 
extensión de los problemas de pandilleros de El Salvador, 
que se verán después...)- Resumiendo: es un desastre. 
He conocido a varios guatemaltecos que me han conta¬ 
do que la oligarquía ha fomentado una violencia social 
generalizada para justificar la utilización de una “mano 
dura” para terminar con el caos: es la mano militar, que 
había quedado muy desacreditada tras la guerra. 

Además, al menos desde mi experiencia personal, 
Guatemala es profundamente disfuncional, más que 
México. A los profesores no se les paga, tampoco a las 
enfermeras; los hospitales no tienen medicamentos ni 
recursos; el sistema judicial es un verdadero desastre, el 
gobierno es corrupto a todos los niveles, y todo el mundo 
lo sabe; en buena parte del país no hay asistencia jurídica; 
perros callejeros se comen entre sí en los vertederos... en 
general, el Estado hace menos por la gente que en Méxi¬ 
co. El gobierno no apaga incendios en zonas indígenas. 18 

Ninguno de los temas que llevaron al conflicto arma¬ 
do interno ha sido resuelto. Una generación entera de 
la lucha armada no es poca cosa, y la fatiga que provocó 


18 Unos cuantos amigos y yo pasamos casi dos semanas en enero 
de 2015 ayudando a apagar un incendio que amenazaba el su¬ 
ministro de agua de una aldea. Lo hicimos con palas y ma¬ 
chetes, sin ropa protectora, mientras grandes piedras en brasas 
rodaban por encima nuestro. El gobierno rechazó enviar heli¬ 
cópteros para remojar el terreno. Me comentaron que nunca 
antes se había incendiado el bosque. Todo el mundo coincidía 
en que era consecuencia del cambio climático. Las sequías liga¬ 
das a este cambio están contribuyendo a la deforestación y des¬ 
estabilizando los ciclos agrícolas, lo que agrava la inseguridad 
alimentaria del país. 



Del Sur al Norte I 83 


sigue presente 20 años después. Esta es una de las diferen¬ 
cias notorias entre las sociedades de Guatemala y México. 
A menudo he escuchado a mexicanos decir, incluso los 
que no se identifican con ideas radicales, cosas como “la 
situación de mi país es intolerable, quizá necesitemos 
otra revolución”. A su vez, incluso guatemaltecos que se 
identifican con ideas radicales, decir “espero que poda¬ 
mos resolver la situación del país sin necesidad de otra 
guerra”. Temo el futuro que les depara a mis amigos allá. 

Dicho esto, lo más grande que ha pasado en Gua¬ 
temala en los últimos años fueron quizá las inmensas 
protestas que derrocaron al gobierno del ex-presidente 
más reciente, Otto Pérez Molina, en septiembre de 2015. 
Pérez Molina era un antiguo general del ejército que 
coordinó personalmente masacres en la zona indígena 
del “triángulo de Ixil” en la época de Ríos Montt. Fue 
elegido presidente en 2011, con una imagen y discurso 
poco sutil: “mano dura” era el lema y el símbolo de su 
Partido Patriota. Resulta que él y buena parte de su ad¬ 
ministración pasaron mucho del tiempo que gobernaron 
supervisando una trama de corrupción conocida como 
“La Línea”, en la que la agencia aduanera del país ofre¬ 
cía a los importadores tarifas muy reducidas a cambio de 
comisiones que beneficiaban a decenas de miembros del 
gobierno. Cuando la historia salió a la luz, las protestas 
se extendieron por toda Guatemala, hasta el punto que 
Pérez Molina, su yerno, la vice-presidenta Roxana Balde- 
tti y docenas de otras personas importantes acabaron no 
solamente sin trabajo, sino en la cárcel. 

Aunque sea bastante perverso el hecho de que a Pérez 
Molina se le enjuiciara por hurto en vez de por coordi- 


84 | No habrá muro que nos pare 

nar personalmente masacres, fue un hecho histórico en 
Guatemala. No hay precedentes de que unas protestas ca¬ 
llejeras hicieran caer a un presidente y ex-general, y mucho 
menos que ocurriera sin un derramamiento masivo de 
sangre. Aunque fue un hecho esperanzador, la mayoría 
de guatemaltecos que conozco creen que parte de lo que 
ocurrió fue que los militares y la oligarquía llegaron a ver 
a Pérez Molina como una vergüenza, le abandonaron y 
empezaron a darle forma a su sucesor, Jimmy Morales, 
actual presidente y, literalmente, un ex-payaso. No está 
claro qué va a ocurrir ahora. 

Dicho en pocas palabras, estas son las razones por las 
que tanta gente abandona Guatemala: para escapar de 
condiciones endémicas de pobreza e inestabilidad. 



El movimiento guerrillero en Guatemala tuvo una 
gran influencia (no reconocida) en los asuntos inter¬ 
nacionales, al inspirar de forma directa la estética de la 
rebelión zapatista y al dar forma y prefigurar la revuelta 
en sí. Chiapas tiene frontera directa con Guatemala, y 
es también ampliamente maya. Desde los pasamon- 
tañas y pseudónimos hasta la profunda comprensión 
de que la toma del poder estatal no es realmente un 
proyecto revolucionario, muchos aspectos del movi¬ 
miento zapatista pueden ser vistos como extensiones 
y reacciones de lecciones aprendidas de la guerra civil 
de Guatemala. Los zapatistas merecen todo el crédito 
por aplicar esas lecciones de forma correcta, pero es 


Del Sur al Norte I 85 


importante recordar que la imagen y simbología que 
convirtieron en algo irresistible, era la que habían utili¬ 
zado las guerrillas en Guatemala durante casi 40 años. 

La guerrilla y todo el sufrimiento y sacrificios que 
sus participantes soportaron han sido en buena parte 
olvidados fuera de Guatemala, pero a través de los za- 
patistas, su influencia todavía puede sentirse en todo 
el mundo. 


El Salvador 


El Salvador es más pequeño, está más densamente 
poblado y es menos indígena que Guatemala. En fuerte 
contraste con Guatemala e incluso con México, su pobla¬ 
ción es casi enteramente ladina. En El Salvador también 
hubo una brutal guerra civil, de 1979 a 1990, que acabó 
con la vida de unas 80.000 personas. Y también el go¬ 
bierno estadounidense apoyó a una serie de regímenes 
militares que cometieron masacres, desapariciones, vio¬ 
laciones, bombardeos, torturas, represalias colectivas y 
otras atrocidades sobre la población... a gran escala. El 
incidente más famoso fue probablemente el asesinato por 
parte del ejército salvadoreño de 800 civiles en la aldea de 
El Mozo te, el 11 de diciembre de 1981. 

En El Salvador, más que en Guatemala, es probable 
que la coalición de grupos guerrilleros (FMLN, Frente 
Farabundo Martí para la Liberación Nacional) hubiera 
tenido éxito en derrocar al gobierno salvadoreño si no 
hubiera sido por la intervención estadounidense. Hasta 


86 | No habrá muro que nos pare 

una cuarta parte de su población salió del país durante 
los años 80, especialmente hacia Estados Unidos, con la 
ayuda, también en este caso, del movimiento Sanctuary. 
La guerra terminó oficialmente con la firma del acuerdo 
de paz en 1992. Cerca de dos millones de salvadoreños 
viven actualmente en Estados Unidos, casi una quinta 
parte de su población. 

En mi observación, El Salvador es notablemente más 
acomodado que Guatemala y Honduras, aunque menos 
que México. De 3.000 a 5.000 millones de dólares entran 
al pequeño país a través de transferencias de los salva¬ 
doreños que viven en Estados Unidos (lo que significa 
alrededor de una quinta parte del PIB de El Salvador). 
Se pueden ver en las calles contenedores separados para 
basura, compost y reciclaje en muchos parques munici¬ 
pales, hay menos perros callejeros y, en general, se parece 
más a una versión algo ruda de Estados Unidos que a 
un mundo totalmente diferente. Además, en 2009 el 
FMLN obtuvo el poder en las elecciones por primera vez 
desde el final de la guerra, y por un tiempo se comportó 
algo mejor que los gobiernos derechistas en Guatemala 
y Honduras. Podría ser tentador ver a El Salvador como 
ejemplo de un éxito regional. 

Pero aquí es cuando la cosa se complica. Durante y 
tras la guerra se formaron en Los Ángeles pandillas calle¬ 
jeras entre la comunidad de refugiados salvadoreños; al 
principio, en parte, por la legítima necesidad de hacerse 
un lugar en la no muy amigable atmósfera en época de 
los disturbios de la ciudad. Las más importantes de estas 
pandillas serían la Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 
18 (MI8). Miles de miembros de ambas bandas fueron 


Del Sur al Norte I 87 


eventualmente deportados de vuelta a El Salvador, donde 
empezaron a luchar entre ellas por el territorio. 

No es correcto entender a la MS-13 y MI8 como 
organizaciones monolíticas. Son más bien franquicias y 
redes dispersas formadas por grupos y facciones. Tenien¬ 
do esto en cuenta, las pandillas ejercen una tremenda 
influencia en la vida cotidiana de buena parte de El Sal¬ 
vador. En muchos lugares tienen un poder comparable 
al del Estado. Los miembros de las pandillas son la única 
o más importante fuente de ingresos en muchas familias 
pobres y de clase trabajadora, y en muchos barrios las 
pandillas son las únicas empleadoras, y policía “de facto”. 
Hay varios aspectos negativos en este sistema, el más serio 
de ellos es que el conflicto a tres bandas entre la MS-13, 
el M18 y el gobierno ha hecho de El Salvador uno de los 
lugares más violentos del mundo (exceptuando los luga¬ 
res donde hay guerra). 

En marzo de 2012 se gestionó una tregua entre las 
tres partes, negociada por el antiguo rebelde del FMLN 
y congresista Raúl Mijango, el ministro de Seguridad 
Pública y Justicia David Munguía Payés y el Monseñor 
Fabio Colindres, un obispo de la Iglesia Católica. Aun¬ 
que los términos de la tregua no están del todo claros, 
parece que el gobierno accedió a varias concesiones: la 
derogación de la Ley Antimaras, el retorno del ejército a 
los cuarteles, el fin de las operaciones policiales en los te¬ 
rritorios controlados por la mara, la derogación de la ley 
que otorgaba beneficios a cambio de información sobre 
personas con lazos criminales y una serie de mejoras en 
la calidad de vida de los presos. A cambio de todo esto, 
parece ser que las cúpulas (casi todas encarceladas) del 


88 | No habrá muro que nos pare 

MS-13 y MI8 accedieron a un cese de hostilidades entre 
ellas y contra el gobierno. 

Casi de la noche a la mañana los homicidios bajaron 
de catorce al día, a cinco. La tregua se mantuvo, al menos 
en parte, durante casi tres años, y según la mayoría de 
relatos que he escuchado, por un tiempo se podía vivir 
en el país. Los resultados de la tregua se hicieron sentir 
inmediatamente en la frontera, donde vimos a muchos 
menos salvadoreños cruzando el desierto. 

Pero la tregua se había roto totalmente hacia el 2015, 
por complicadas razones que tienen que ver con la intran¬ 
sigencia y la duplicidad en todos los bandos (incluyendo 
el de Estados Unidos, que nunca estuvo muy emociona¬ 
do con el acuerdo; suponemos que opinaba que un El 
Salvador estable y próspero gobernado por el FMLN y 
alineado con Venezuela y la “marea rosa” suramericana 
no era un resultado deseable). La violencia se descontro¬ 
ló en 2015, alcanzando niveles que no se veían desde la 
peor época de la guerra civil e inimaginables en el resto 
del mundo, aparte de Siria, Irak o la República Centro- 
africana. 

Bajo una seria presión interna para restaurar algo pa¬ 
recido al orden, el FMLN recurrió a tácticas prestadas 
de sus enemigos durante la guerra: asaltos nocturnos, 
detenciones en masa y castigos colectivos. Cuando esto 
ocurrió, las pandillas no se quedaron de brazos cruzados. 
Respondieron con una vigorosa y coordinada campaña 
de asesinatos de policías y soldados, coches bomba frente 
a comisarías y otros edificios gubernamentales, una tácti¬ 
ca casi sin precedentes incluso en las zonas más inestables 
de México. 


Del Sur al Norte I 89 


La prensa y el gobierno salvadoreño, por su lado, han 
empezado a utilizar el lenguaje del “terrorismo”, de “gue¬ 
rra” contra “los combatientes enemigos” para referirse al 
conflicto. Es algo irónico considerando que una parte del 
gobierno está formado por personas que una vez fueron 
catalogadas de terroristas y criminales (algo que los pan¬ 
dilleros e incluso algunas de las partes más reflexivas del 
FMLN han señalado repetidamente). 

Una búsqueda en internet combinando las palabras 
mareros o pandilleros con cucarachas arroja interminables 
y espeluznantes comentarios de salvadoreños (presu¬ 
miblemente de clase media y alta) que describen a los 
pandilleros como cucarachas y sugiriendo que la única 
solución es “matarlos a todos”. Varios salvadoreños me 
han comentado que no es imposible que algunas de las 
bombas puedan ser acciones bajo falsa bandera diseñadas 
por ese tipo de elementos para justificar la “limpieza so¬ 
cial”. Uno se pone a temblar pensando en lo que puede 
pasar cuando la derecha vuelva al poder. 

No fue una sorpresa que en 2015 viéramos un aumen¬ 
to en el número de salvadoreños que cruzan el desierto, 
casi todos informando de unas situaciones muy similares 
en su país y expresando un deseo similar de escapar del 
infierno que consumía El Salvador. 

Con el riesgo de ser reiterativo, es importante enfatizar 
cuánta responsabilidad tiene el gobierno estadounidense 
en la creación de ese desastre. Primero financió a la de¬ 
recha salvadoreña en su guerra contra la mejor mitad de 
su población. Después deportó a miles de supervivientes 
de esa guerra, sin un centavo en los bolsillos, de vuelta a 
su destruido país. Más recientemente ha saboteado los 


90 | No habrá muro que nos pare 

esfuerzos del FMLN y las pandillas para llegar a un com¬ 
promiso factible. Tras todo esto, era muy poco probable 
que pudiera pasar algo que no fuera otra cosa que el in¬ 
cendio de El Salvador. 


“Centrarse en detener la migración 
sin detener el dolor que la impulsa 
(especialmente cuando tu país ha 
contribuido a fomentar buena 
parte de ese dolor) es como un 
pirómano que prende fuego a un 
edificio y bloquea las salidas 
mientras la gente intenta escapar”. 


-Tim Wise 


Del Sur al Norte I 91 


La siguiente historia es bien conocida en El Salva¬ 
dor, pero no mucho en el resto del mundo. 

El hombre que ordenó la masacre de El Mozote 
era un personaje especialmente nauseabundo, el te¬ 
niente-coronel Domingo Monterrosa Barrios, en ese 
tiempo comandante del Batallón Atlacatl, una unidad 
de élite de contrainsurgencia del ejército salvadoreño. 
Este batallón, que llevó a cabo la masacre, fue creado 
en 1980 en la estadounidense Escuela de las Américas 
en Panamá y entrenado en Fort Bragg, Carolina del 
Norte, por las Fuerzas Especiales de Estados Unidos. 
Monterrosa se graduó de la Escuela de las Américas, 
como la mayoría de los de su calaña en esa zona . 19 

Según el relato de Mark Danner sobre el incidente 
en The Massacre at El Mozote (La Masacre de El Mo¬ 
zote), Monterrosa era conocido por ser especialmente 
obsesivo con destruir Radio Venceremos, la emisora de 
radio del FMLN que se especializaba en noticias sobre 
la guerra, comentarios sarcásticos y la ridiculización del 
gobierno. Radio Venceremos se había burlado de él y le 
había denunciado personalmente en infinidad de oca¬ 
siones; la emisora se había convertido en un potente 
símbolo, operando durante años dentro del territorio 
que Monterrosa afirmaba controlar. 

La carrera de Monterrosa terminó en 1984 me¬ 
diante una elaborada artimaña. Una pequeña unidad 
del FMLN cargaba un transmisor de radio hacia una 
zona patrullada por soldados, fue “descubierta” por 


19 Consultar el Observatorio de la Escuela de las Américas (SOA) 
en soaw.org para más información sobre esa “Escuela” 



92 | No habrá muro que nos pare 

estos, hubo un tiroteo, “sufrió bajas ”, 20 y fue “forzada” 
a “evacuar” sus posiciones y “abandonar” el transmisor. 
Radio Venceremos desapareció inmediatamente de las 
ondas y, al día siguiente, Monterrosa convocó a la pren¬ 
sa nacional e internacional en la ciudad de San Miguel 
para anunciar triunfante que la emisora ya no existía. 
Monterrosa se había dirigido antes a la ciudad noro- 
riental de Joateca, llevó en sus manos el trofeo en su 
helicóptero personal y despegó rumbo a la conferencia 
de prensa, acompañado de otros cinco comandantes 
de Batallón Atlacatl, incluyendo a su sucesor. Parece 
que el consejero militar estadounidense presente en la 
zona rechazó viajar con ellos. 

El transmisor contenía ocho cargas de dinamita y 
un detonador activado con aire comprimido. El heli¬ 
cóptero, y toda la gente que había en él, estalló en el 
aire cuando pasaba encima de posiciones guerrilleras 
cerca de El Mozote, lugar en el que presumiblemente 
las partículas de Monterrosa se fusionaron con las de 
las 800 personas a las que había ordenado asesinar. 

Los restos del helicóptero siguen expuestos en el 
Museo de la Revolución, en la ciudad de Perquín, no 
muy lejos de donde tuvo lugar la masacre. Puedo cons¬ 
tatar como ex-combatientes demacrados de la zona 
siguen contando la historia con gran deleite. 


20 De hecho había sangre de gallo en el lugar. Por lo que sé, esta 
valiente criatura fue el único daño colateral de la operación. 



Del Sur al Norte I 93 


Honduras 


He pasado mucho menos tiempo en Honduras que en 
México, Guatemala o El Salvador. 

A riesgo de deslizarme hacia la informalidad extre¬ 
ma, diré lo siguiente: en El Salvador o Nicaragua, con 
algo para tirar a la basura en la mano, se podría decir: 
“¿Dónde tiro esta botella vacía de agua? Ah, ¡quizá en la 
papelera!”. En Honduras, es más como “Bien, creo que 
la tiraré al suelo, que es lo que absolutamente todo el 
mundo hace puesto que no hay otra opción. ¡Fíjate en 
este soldado con un enorme rifle de asalto! ¡Y otro! ¡Y esos 
de más allá!”. 

Claro que preferiría ver que la basura es recogida por 
redes descentralizadas de amigos en vez de que lo haga el 
Estado, pero parece ser el peor de los escenarios posibles 
ver cómo el Estado claramente existe, tiene la capacidad 
de depositar enormes cantidades de M-16 fabricadas en 
Estados Unidos en las manos de Dios sabe quién, pero 
demuestra no tener interés alguno en proporcionar la 
más básica de las ayudas sanitarias, condiciones higiéni¬ 
cas, educación, seguridad social o servicios de recolección 
de basuras para la población. 

Esto es, en resumidas cuentas, la Honduras actual. 
Combinando la pobreza de Nicaragua, la disfuncionali¬ 
dad de Guatemala y la violencia de El Salvador pero sin 
el legado reciente de los esfuerzos al menos parcialmente 
exitosos de resolver los problemas nacionales a través de 
la lucha armada que caracterizan a esos tres países. Hon- 


94 | No habrá muro que nos pare 

duras es actualmente un ejemplo de todo lo malo que 
existe en esta parte del mundo. 

En 2009 hubo un golpe de Estado del estilo de los de 
los años 50 (apoyado por Estados Unidos), y las cosas pa¬ 
recen haber tomado un cariz incesantemente desastroso. 
Trabajando en la frontera, conocimos a un gran número 
de hondureños, un número exagerado para el tamaño del 
país. Por ejemplo, en 2012 menos de la mitad de la gente 
que conocí provenía de México, El Salvador y Guatema¬ 
la, y el resto eran hondureños (y hay que tener en cuenta 
que México tiene una población 16 veces mayor que la de 
Honduras). Escuchamos diferentes versiones de la misma 
historia a través de diferentes personas: pobreza extrema, 
hambre y malnutrición crónica, violencia e inseguridad 
omnipresentes (buena parte es una extensión de los pro¬ 
blemas con las pandillas salvadoreñas), una incontrolable 
epidemia de VIH/SIDA, un espantoso nivel de violencia 
contra mujeres y población LGTBI, asesinatos de ecolo¬ 
gistas, sindicalistas y defensores de derechos humanos, 21 y 
la ausencia absoluta de servicios básicos y oportunidades 
de cualquier tipo. 

Déjenme subrayarlo de nuevo. Si Honduras está 
sumida en el caos más absoluto no es porque los hondu¬ 
reños sean menos capaces o decentes que otras personas, 
o porque sus gobernantes sean más miserables o crueles 
que los nuestros. Es porque la estructura de la economía 
norteamericana ha hecho que cualquier otra situación sea 
imposible. 

¿7 


21 Por ejemplo, el reciente asesinato de Berta Cáceres. 



Del Sur al Norte I 95 


Una de mis posesiones más preciadas es un suéter 
de un equipo hondureño de básket que me dio orgu- 
llosamente un adolescente que conocí en el desierto, y 
que consiguió llegar a su hogar en Los Ángeles, donde 
le esperaba su cariñosa y comprensiva familia. Espero 
poder vivir el día en que mis amigos hondureños ten¬ 
gan la opción de una vida decente allá donde nacieron, 
sea porque haya una revolución en Honduras, en Esta¬ 
dos Unidos o en ambos lugares. 


Tensiones 


Un montón de gente de Estados Unidos no es cons¬ 
ciente de cuanta tensión existe entre las sociedades de 
México y de Centroamérica, o del nivel en que mexica¬ 
nos y centroamericanos no se sienten parte del mismo 
pueblo. 

Quizás sea más fácil de explicar usando el fútbol. 
Durante el mundial de fútbol, prácticamente cualquier 
aficionado centroamericano alentará a cualquier equi¬ 
po centroamericano. Así en 2014, los guatemaltecos 
apoyaron con todo su ser a Honduras contra Francia, y 
millones de nicaragüenses celebraron la serie de victorias 
de Costa Rica a pesar de la importante tensión entre estas 
dos sociedades. Sin embargo, prácticamente cualquier 
aficionado centroamericano estará en contra del equipo 
mexicano y apoyará a cualquier otro que lo enfrente. Así 
que los guatemaltecos celebraron por todos lados cuando 
Holanda venció a México en el mundial. Esta tendencia 


96 | No habrá muro que nos pare 

parece superar incluso los recuerdos de la guerra; en mi 
observación, los aficionados salvadoreños y guatemalte¬ 
cos animarán sin reservas a Estados Unidos si se enfrenta 
contra México. Vi menos fútbol en México, pero me pa¬ 
reció notar algo similar, la mayoría de mexicanos apoyará 
a cualquier equipo que juegue contra Estados Unidos, 
incluso España. 

Los centroamericanos, especialmente migrantes y re¬ 
fugiados, son tratados en general de forma horrenda en 
México, sujetos a un maltrato sistemático por cualquier 
cuerpo gubernamental y desafortunadamente también 
por algunas personas. 22 Por ello, una gran cantidad de 
centroamericanos, incluso aquellos adscritos a una pers¬ 
pectiva radical, sospecharán de los mexicanos en general. 
Dicho esto, hay innumerables organizaciones y personas 
en México trabajando de forma solidaria en valiosos y 
concretos esfuerzos con los centroamericanos. Según 
pude ver, las dinámicas son reconocidas y comprendidas 
por un alto porcentaje de los mexicanos. 

Como suele suceder, estas barreras pueden romperse 
en una crisis. Cuando trabajaba en el desierto, vi grupos 
mezclados de mexicanos y centroamericanos salvándose 
la vida entre sí, apoyándose mutuamente en medio de 
dificultades inimaginables y, en general, disfrutando de 
la compañía de los demás. Sin embargo, también vi mu¬ 
chos ejemplos donde pasaba lo contrario, y las tensiones 
eran reales. 


22 Esto es de conocimiento general, incluso hay una canción de 
Los Tigres del Norte llamada Tres Veces Mojado, al respecto. 
Ellos pueden ser entendidos como el equivalente mexicano a 
Bruce Springsteen y The Beatles juntos 



Del Sur al Norte I 97 


También hay una sutil red de estereotipos internos 
muy desagradables, para ambos, México y Centroaméri- 
ca. En México podrías escuchar que los norteños son ricos, 
estirados, vaqueros gansteriles de temperamento volátil; 
que los cbilangos en la capital usan mucho lenguaje obs¬ 
ceno (esto podría ser cierto); y que los sureños son bajitos, 
morenos y pobres. En Guatemala, los altiplenses conocen 
a los costeños por ser estafadores, mientras se respeta a 
los salvadoreños, pues siempre se considera que podrían 
ser asesinos. Los salvadoreños miran con desprecio a los 
hondureños, a pesar de que desafortunadamente no están 
solos en esto. Las demostraciones máximas de naciona¬ 
lismo mexicano, que se parecen en muchas formas a las 
que puedes ver en Estados Unidos, resultan engañosas 
y extrañas para los centroamericanos, de cuyos países la 
mitad se ha alzado en armas contra sus propios gobiernos 
en tiempos recientes. 

Todo lo dicho sin entrar ni lo más mínimo en las 
dinámicas subculturales; los estadounidenses que pien¬ 
san que todos los mexicanos son mojigatos obreros de 
construcción, podrían sorprenderse al darse cuenta que 
la Ciudad de México es el lugar m&sfriki en la tierra. La 
gente al sur de la frontera no es toda igual. 


98 | No habrá muro que nos pare 


El viaje 


Con base en mis propias experiencias y discusiones 
con innumerables viajeros, permítanme aventurar una 
visión general del viaje desde el sur hasta el norte. 

El viaje a la frontera varía dependiendo de cuánto 
dinero tenga una persona, y de si es mexicana o centroa¬ 
mericana. Empecemos con los centroamericanos. 

Los ciudadanos de Guatemala, El Salvador, Honduras 
y Nicaragua pueden circular libremente dentro de estos 
países (los “4 CA”), de modo que los salvadoreños y los 
hondureños pueden viajar por Guatemala hasta la fron¬ 
tera mexicana sin ningún problema más allá de pagar 
por su transporte. La frontera mexicana, sin embargo, es 
por completo otra cuestión. Los ciudadanos de los 4 CA 
no solo no pueden caminar por la frontera mexicana y 
cruzarla sin problema, tampoco pueden circular dentro 
de México sin el riesgo de una deportación si no tienen 
la visa pertinente. Hay medios legales para que los cen¬ 
troamericanos entren y crucen México camino a Estados 
Unidos, todo tiene un precio (básicamente una serie de 
sobornos), que algunos pueden pagar y otros no. Iniciaré 
describiendo lo que hace la gente cuando no puede ingre¬ 
sar en México legalmente. 

La espesamente boscosa frontera sur de México está 
bien vigilada, pero es relativamente penetrable y las 
autoridades a cargo son muy corruptas. La peor y más 
merecidamente notoria forma de llegar a Estados Unidos 
es en La Bestia, trenes de carga mexicanos. He escucha¬ 
do una asombrosa cantidad de historias de horror sobre 


Del Sur al Norte I 99 


este viaje; sería válido decir que para mucha gente, cruzar 
México es incluso más angustiante que pasar la frontera 
a Estados Unidos. 

Hay dos líneas de trenes principales que van desde 
el sur de México hasta La Lechería, el primer punto en 
Ciudad de México para todo el tráfico que viene del sur 
y va al norte. Una de estas líneas empieza en la ciudad 
de Tenosique en Tabasco, la otra en Arriaga en Chiapas. 
Así que los centroamericanos que no pueden pagar cual¬ 
quier otra opción tienen que cruzar la frontera mexicana 
a pie y llegar a alguna de estas ciudades -que no es poca 
distancia-. Con cada paso corren el riesgo de robos, vio¬ 
laciones, secuestros, ataques, extorsiones, deportaciones, 
arrestos y asesinatos a manos de la policía, militares, un 
buen número de pandillas y cárteles, y Dios sabe quién 
más. También se arriesgan al agotamiento y la exposición 
a la intemperie. Los lugares comunes de partida en Gua¬ 
temala incluyen partes de las provincias de San Marcos y 
Huehuetenango (camino a Arriaga), y sectores del Parque 
Nacional Sierra del Lacandón y el Parque Nacional Laguna 
del Tigre en el norte de Petén (camino a Tenosique). Hay 
refugios y proyectos solidarios en ambas ciudades, siendo 
el más prominente “La 72" en Tenosique. 23 Desde ambos 
lugares, finalmente es posible conseguir un tren hacia el 
norte. 

Cruzar México en La Bestia puede ser la forma más 
mortal de viajar en todo el Hemisferio Occidental. Todos 
los riesgos mencionados anteriormente se agudizan en los 
trenes, junto al peligro de muerte y desmembramiento 


23 Ver la72.org para informarse sobre cómo ayudar. 



100 | No habrá muro que nos pare 

por caer de los vagones de carga, que a menudo están 
increíblemente llenos. 

Hay otros refugios y proyectos solidarios a lo largo de 
ambas líneas del ferrocarril, así como en Ciudad de Mé¬ 
xico y alrededor de La Lechería misma. Estos proyectos 
van desde campañas establecidas hasta esfuerzos cotidia¬ 
nos individuales y familiares de gente que vive a lo largo 
de las vías y arroja comida y agua a los trenes a medida 
que avanzan. 

De nuevo, principalmente hay dos formas para ir al 
norte desde La Lechería, ambas llenas de tensión con 
todos los peligros descritos antes -incluyendo un riesgo 
creciente de arresto y deportación a medida que se avanza 
hacia el norte-. La primera ruta, hacia el valle bajo del 
Río Grande en Texas, sigue hasta San Luis Potosí y luego 
a Nuevo Laredo o Reynosa en Tamaulipas. La segunda, 
hacia la parte sur del desierto de Arizona, es a través de 
Guadalajara y luego por la costa Pacífica hasta Altar o 
Caborca en Sonora. 

Estos probablemente son los destinos más impor¬ 
tantes para migrantes y refugiados a lo largo de toda la 
frontera: Reynosa y Altar. Las dos rutas tienen ventajas 
y desventajas; el problema es que en última instancia 
ambas opciones son terribles. 

Las ventajas de la ruta sur oriental a Reynosa son que 
es un viaje mucho más corto en tren y que el terreno es 
un poco menos letal del lado estadounidense. También 
está más cerca de las partes oriental y centro-occidental 
de Estados Unidos. La desventaja es que la mayor parte 
de este territorio es controlado por el cártel de los Zetas. 
En esta ruta ocurrió la tristemente célebre primera ma- 


Del Sur al Norte I 101 


sacre de San Fernando en agosto de 2010, en la que los 
Zetas asesinaron a 72 centroamericanos migrantes y re¬ 
fugiados en la municipalidad de San Fernando, al sur de 
Matamoros, en Tamaulipas, 24 y la segunda masacre de 
San Fernando en abril de 2011, en la que los Zetas se¬ 
cuestraron una gran cantidad de buses de pasajeros en la 
Autopista Federal Mexicana 101 en el mismo pueblito, 
secuestrando, torturando y asesinando a 193 personas. 
En el sur de Arizona, por un par de años vimos a un cre¬ 
ciente número de centroamericanos cruzando el desierto 
después de las masacres de San Fernando, a medida que 
miles de personas, comprensiblemente, decidían que la 
ruta nororiental no valía el riesgo. 

La ventaja de la ruta noroccidental a Altar es que el 
territorio es completamente controlado por el cártel de 
Sinaloa, que tiene reputación de ser más de negocios que 
cualquier otra cosa. También está más cerca de las par¬ 
tes occidentales de Estados Unidos. Las desventajas son 
que es un viaje mucho más largo en tren, lo que significa 
cruzar la frontera hacia el Desierto de Sonora en la parte 
sur de Arizona, que ha estado tragándose vivas a miles de 
personas. 

También hay una gran cantidad de centroamericanos 
que no tienen que tomar el tren. Los centroamericanos 
que pueden pagar a los cárteles por guías a través de la 
frontera mexicana y pasar de México frontera estadou¬ 
nidense (por lo general a Reynosa o Altar, a pesar de que 
hay otros destinos, en los que destacan Sonoyta y Mexicali), 


24 La 72, el refugio para migrantes en Tenosique, fue nombrado 
en su honor. 






104 | No habrá muro que nos pare 

y un guía por la frontera estadounidense del otro lado. 
La desventaja de esto es que puede costar más de diez 
mil dólares sin garantía de éxito. No todo el mundo tiene 
ese dinero, y representa un gasto importante para casi 
todos los que lo hacen. También significa poner tu vida 
completamente en manos de los cárteles, lo que implica 
verdaderos peligros, como secuestro, extorsión, violación, 
etcétera. Sin embargo, tales arreglos son muy comunes. 

También está la posibilidad de arriesgarse en los buses 
en México. Conocí personas que hicieron esto con éxito, 
o que pudieron librarse de problemas con sobornos al ser 
descubiertos. El problema es que las autoridades mexica¬ 
nas de inmigración inspeccionan los buses hacia el norte 
en todo México, especialmente cerca de las fronteras 
guatemalteca y estadounidense. Incluso yo podría delatar 
mexicanos y centroamericanos escuchando un fragmento 
de sus conversaciones, y las autoridades mexicanas son 
famosas por ser expertas en esto. Aun sin pedir documen¬ 
tos, pueden hacer caer a un montón de gente solo con 
un par de preguntas y exigencias, tales como, “¿Cuánto 
pesa?” (ya que los guatemaltecos usan la unidad de me¬ 
dida de libras y los mexicanos la de kilos), o “Recíteme 
el Grito de Dolores ’’ (prácticamente cualquier mexicano 
puede hacerlo, del mismo modo que prácticamente cual¬ 
quier persona que haya crecido en Estados Unidos podría 
recitar el juramento a la bandera si se le obligara, mien¬ 
tras que la mayoría de las personas que hubieran crecido 
en otro lugar no podrían), o con cualquier otro truco. La 
gente que se ve más indígena invariablemente llama más 
su atención. De ser descubierto en un bus, el riesgo de 
abuso a manos de las autoridades es muy alto. 


Del Sur al Norte I 105 


A veces los centroamericanos pueden conseguir los 
documentos necesarios para cruzar México legalmente. 
Esto implica volverse medio loco a través de un montón 
de instancias burocráticas, que están diseñadas para qui¬ 
tarles la mayor cantidad de dinero a los viajeros, y para 
proceder en una forma que desfavorece sistemáticamente 
a los indígenas. Dicho esto, hay ocasiones en las que las 
autoridades mexicanas parecen bajar los brazos y decir 
“Al diablo, aquí están sus papeles, pase por México tan 
rápido como le sea posible, ahora es problema de Estados 
Unidos.” Esto pasó de forma especialmente recurrente en 
el periodo de finales de 2013 a comienzos de 2014, en la 
época en que la prensa estadounidense empezaba a repor¬ 
tar la “crisis de menores centroamericanos que viajaban 
sin compañía”, descrita más adelante. 

No es imposible que los centroamericanos obtengan 
los documentos para entrar a Estados Unidos legalmente, 
pero el proceso es tremendamente pesado. Para contex- 
tualizar, cualquier persona de Estados Unidos puede 
entrar a Guatemala sin que le cobren y sin una visa. Los 
ciudadanos estadounidenses pueden estar en los 4 CA 90 
días, y después deben salir por dos días cruzando la fron¬ 
tera hacia Chiapas, Belice o Costa Rica antes de regresar 
para otros 90 días. Esto puede repetirse por siempre. Hay 
expatriados alrededor del lago Atilán que han hecho esto 
por décadas. Mientras es teóricamente posible que al¬ 
guien de Estados Unidos sea devuelto por la inmigración 
guatemalteca, solo he escuchado que pase a gente involu¬ 
crada en política guatemalteca, o gente que no obedeció 
la ley “90/2” (regla de los 90 días). De no ser así, incluso 
los asesinos de hacha son bienvenidos. 


106 | No habrá muro que nos pare 

Para que los guatemaltecos se postulen para una visa de 
turismo en Estados Unidos, la cuota es de 160$, pagados 
al gobierno estadounidense. La cuota no es reembolsada 
si se niega la visa, pero los guatemaltecos pueden volver a 
intentar (y pagar). Postularse para la visa estadounidense 
significa tener un pasaporte, que cuesta 160$, pagados 
al gobierno guatemalteco. Sin falta, esto debe ir acom¬ 
pañado de un soborno, pagado a alguien en la oficina de 
pasaportes. El soborno será mayor si la persona es indíge¬ 
na- probablemente 160$ más. La solicitud de la visa tiene 
que ser tramitada en internet y en inglés. También en un 
límite de tiempo. Tal vez no haya dicho que la mayoría de 
los guatemaltecos no disponen de 500$ para gastar, ni de 
un servicio de internet de alta velocidad, ni la capacidad 
para llenar un formulario en inglés. Hay una industria 
informal de personas que llena estos formularios por una 
tarifa considerable. 

Además, cada día hábil en la embajada de la ciudad 
de Guatemala, hasta mil personas esperan en fila para 
una audiencia con un funcionario consular. La audiencia 
dura de tres a cinco minutos. Lo más importante es de¬ 
mostrar una “unión de lazos económicos” en Guatemala 
-principalmente dueños de propiedades. Si la visa es con¬ 
cedida, no le da permiso a la persona de entrar a Estados 
Unidos. Le da el permiso de presentarse legalmente en 
un puerto de entrada estadounidense. La decisión final 
es tomada por el agente de Aduanas y Protección Lronte- 
riza que esté trabajando en la aduana. Este agente puede 
negar a cualquiera la entrada sin causa, y no hay nin¬ 
guna compensación legal si deciden hacerlo. El proceso 
es igual de duro para otros centroamericanos, un poco 


Del Sur al Norte I 107 


menos para los mexicanos. Cualquier persona puede ver 
que el objetivo de ese sistema es filtrar a los pobres. 

Para terminar, los mexicanos pueden viajar libremente 
por México sin ningún problema más allá de pagar por su 
transporte. Dicho esto, gran cantidad de los mexicanos 
más pobres también usan trenes, en los que están sujetos 
a todos los peligros y dificultades que experimentan los 
centroamericanos, aparte de las deportaciones. 

La mayoría de los mexicanos que viajan a Estados 
Unidos toma un bus a Altar, Reynosa, o uno de los otros 
bien conocidos puntos de salida a lo largo de la frontera. 



Hacia finales de 2013 , empezamos a recibir llama¬ 
das de estaciones de bus en Arizona, pidiéndonos ayuda 
para asistir a mujeres centroamericanas y menores que 
habían sido dejados por la Patrulla Fronteriza. Estas 
mujeres y niños básicamente tenían la misma historia 
para contar: fueron agarrados en el desierto, detenidos, 
procesados, recibieron notificaciones para comparecer 
en un juzgado de inmigración algunos meses después, 
los llevaron a la estación de buses y les dijeron que es¬ 
taban por su cuenta. Esta fue la “crisis de menores que 
viajaban sin compañía.” 

Este no es el comportamiento normal de la Patrulla 
Fronteriza ni por asomo. Por años, hemos condenado 
enérgicamente a la Patrulla Fronteriza por su prácti¬ 
ca de dejar a los centroamericanos directamente en 
medio de la frontera del lado mexicano. Esta suerte 


108 | No habrá muro que nos pare 

de deportación por “terceros” es ilegal, y en el caso de 
menores, constituye imprudencia infantil en la ley es¬ 
tadounidense. Más importante, expone a las personas 
a un peligro extremo. 

Como humanitario y opositor de todas las fronte¬ 
ras, diría que este repentino cambio en la política de 
la Patrulla Fronteriza fue un paso en la dirección co¬ 
rrecta, y que incluso sin duda salvó algunas vidas. No 
hace falta decir que se corrió la voz sobre esto y un gran 
número de menores centroamericanos comenzó a diri¬ 
girse al norte, con o sin sus madres. 

Mientras tanto, en México a comienzos de 2014 , vi 
de primera mano que las autoridades mexicanas en la 
frontera guatemalteca estaban emitiendo masivamen¬ 
te formularios de transmigración de siete días para 
centroamericanos, incluyendo buses de hombres sol¬ 
teros. Este comportamiento tampoco es normal por 
parte de esas autoridades. Cuando empezamos a cono¬ 
cer a muchas de estas personas en el sur de Arizona, 
resultó que gran parte de ellas eran indígenas hablan¬ 
tes de la lengua Mam, de las provincias de San Marcos 
y Huehuetenango en Guatemala, que son áreas reco¬ 
nocidas de extracción de recursos. Luego empezamos 
a escuchar versiones diferentes de una historia similar: 
los cárteles estaban tratando de vaciar partes de San 
Marcos y Huehuetenango a lo largo de la frontera de 
Chiapas, para usar el territorio para tráfico de drogas, 
personas y minería. Empíricamente no puedo probarlo 
(y no estoy seguro de que pie calza), pero basándome en 
una gran cantidad de evidencias anecdóticas, estoy se¬ 
guro de que algo muy escandaloso estaba sucediendo. 


Del Sur al Norte I 109 


Si esto es cierto, tiene que involucrar una coordinación 
de políticas en algún nivel de los gobiernos de Esta¬ 
dos Unidos, México y Guatemala, con los cárteles más 
grandes y algunas compañías mineras (probablemente 
canadienses). 

Este período terminó a finales de 2014 , después de 
que la “crisis” brevemente se convirtiera en noticia 
importante y la Patrulla Fronteriza dejara de liberar a 
menores centroamericanos y mujeres con niños me¬ 
nores. La administración Obama más tarde deportó 
a muchas de las mujeres y los niños que entraron al 
país durante este tiempo, y sin duda la administración 
Trump intentará deportar la mayoría del resto. 

¿Fue esta crisis (ampliamente publicitada) el resulta¬ 
do de un sincero esfuerzo por manejar la frontera con 
un poco más de compasión? ¿Fue una estrategia de des¬ 
plazamiento a sangre fría que benefició directamente 
a élites corporativas, gubernamentales y criminales 
de los cuatro países? ¿Las dos cosas? No tengo forma 
de estar seguro. Supongo que un poco de la primera y 
mucho de la segunda. Ojalá verdaderos periodistas de 
investigación hubieran tratado de definir lo que estaba 
pasando; de hecho, nadie de ningún sector de la prensa 
juntó las piezas. 

Sin embargo, este episodio muestra uno de mis 
temas centrales. La regulación del movimiento huma¬ 
no según el lugar de nacimiento no puede ser justa. 
Incluso intentos bien intencionados por promulgar 
políticas humanitarias fronterizas tendrán consecuen¬ 
cias imprevistas y probablemente indeseables. 


“Al mismo tiempo que un contenedor 
de K-Line lleno de camisas baratas 
de Honduras entra en la terminal 
ferroviaria de Hobart, ICE derriba una 
puerta en la Puerta del Sur y deporta 
a una familia entera de regreso 
a Tegucigalpa. Al sur, los trenes 
intermodales que se dirigen hacia 
El Norte se llaman alternativamente 
La Bestia o El Tren de la Muerte 
-pensamos que estos nombres 
son apropiados-. 



I _ _ _ 





















El capital de las mercancías cruza 
el sur de California ileso, pero los 
familiares afortunados y seres queridos 
que sobreviven a los desgarradores 
viajes a bordo de los techos de estos 
trenes, en ocasiones por miles de 
kilómetros, deben desembarcar -y se les 
prohíbe la entrada al mismo país que 
con tanto agrado recibe los productos 
que algunos de los mismos migrantes 
produjeron con su propio sudor y 
sangre en Centroamérica” 

“How to Stop A Wound From Bleeding” 
(“Cómo hacer que una herida pare de 

L.A. Onda 

sangrar”) 






El Producto 


No es posible entender lo que sigue en el proceso de 
cruzar la frontera sin una larga explicación sobre el tema 
de... la marihuana. 


Capital 


Uno de los argumentos más fuertes a favor de la lega¬ 
lización de las drogas en Estados Unidos es que podría 
dar un respiro en la guerra contra el narcotráfico en Mé¬ 
xico (hay otros buenos argumentos, pero no me centraré 
en eso aquí). Esto es cierto. Sin embargo, para entender 
las probables consecuencias de la legalización, es nece¬ 
sario entender el mercado norteamericano de la droga. 
Es particularmente importante entender el mercado de 
la marihuana, ya que es más improbable que otras drogas 
sean legalizadas pronto. 

La mayoría de la marihuana de mejor calidad con¬ 
sumida en Estados Unidos es cultivada en el país, 
especialmente en el norte de California. La industria está 
muy descentralizada; hay miles de cultivos independien¬ 
tes en California y muchos otros estados. La mayor parte 
de la marihuana de baja calidad consumida en Estados 
Unidos es cultivada en México, en partes de Baja Cali¬ 
fornia y la Sierra Madre Occidental, controlada por el 


113 


» : ' w ‘ 






116 | No habrá muro que nos pare 

Cártel de Sinaloa. La industria está muy centralizada; 
solo un juego en la ciudad. 

Las dos industrias tradicionalmente han ocupado dife¬ 
rentes nichos de mercado. Cultivar marihuana a pequeña 
y mediana escala es legal, semi-legal o tolerada en algunos 
lugares de Estados Unidos. Sin embargo, no hay un lugar 
donde sea posible cultivar marihuana en la escala que se 
cultiva en México. Incluso después de poner un precio 
para mover el producto a través de la frontera, Sinaloa 
todavía puede vender a precios inferiores que quienes 
cultivan en Estados Unidos cuando se hace en grandes 
cantidades. Exportar el producto significa compactarlo, 
aunque esto degrada la calidad. Así que tradicionalmen¬ 
te, Sinaloa se ha ocupado de cantidades mayores de un 
producto de menor calidad y los cultivadores estadouni¬ 
denses de cantidades más pequeñas de una calidad más 
alta. 

Esto ha empezado a cambiar. A medida que los 
esfuerzos de la legalización en Estados Unidos han pro¬ 
gresado, los precios de la marihuana han bajado en todos 
los ámbitos. Sinaloa sigue dependiendo de su cuota de 
mercado, pero si resultara posible cultivar marihuana a 
una escala industrial en Estados Unidos, o incluso a una 
escala un poco mayor de lo que es ahora, los cultivado¬ 
res estadounidenses podrían sacar a Sinaloa del Mercado. 
El resultado final obvio de esto es que si una compañía 
de agro-negocios estadounidense fuertemente subven¬ 
cionada, probablemente una tabacalera, pudiera exportar 
marihuana a México, dominaría ese mercado también, 


Del Sur al Norte I 117 


ya que los cultivadores mexicanos no podrían competir a 
tal escala... Espera, ¿dónde hemos escuchado esto antes? 25 

Es tentador decir “¡Bien!” Y dejarlo así. Sinaloa no es 
una organización benigna. 

Sin embargo, sacarla del mercado estadounidense de 
la marihuana tendría desagradables consecuencias. Yo 
respeto algunos aspectos del movimiento por la legaliza¬ 
ción de la marihuana, pero los activistas de un solo tema 
se están engañando a sí mismos si piensan que la legaliza¬ 
ción traerá solo resultados positivos. 

Aquí está el porqué. 

Como lo planteé antes, los dos grupos principales 
en la guerra contra el narcotráfico en México están or¬ 
ganizados bajo modelos de negocios diferentes, y usan 
diferentes estrategias de mercadeo. El grupo de Sinaloa 
controla la mayor parte de la migración y las rutas de 
tráfico de marihuana a lo largo de la frontera. Controla 
el territorio donde se cultivan marihuana y amapola, de 
modo que puede producir su propia marihuana y su pro¬ 
pia heroína, junto a cualquier tipo de droga que pueda 
fabricarse en un laboratorio. Distribuye todas las drogas 
existentes, tanto para consumo interno como para expor¬ 
tar a Estados Unidos. Comparado con el campo de los 


25 Algo parecido pasa en algunos lugares de Estados Unidos donde 
el tráfico de drogas de hecho es el único medio de subsistencia. 
No es bueno encarcelar a los chicos del centro de la ciudad por 
vender marihuana, ¿pero qué pasa si quitamos el narcotráfico y 
no hay nada para reemplazarlo? Los consumidores comprarán 
sus productos al dispensario corporativo en vez de a los chicos 
de la esquina. ¿Qué harán exactamente los narcotraficantes a 
nivel de calle?” 



118 | No habrá muro que nos pare 

Zetas, recibe más de estas actividades que de la extorsión, 
el secuestro y el asesinato a sueldo. 

Los Zetas no controlan la migración ni las rutas de 
tráfico de marihuana a lo largo de la frontera. No con¬ 
trolan territorio donde se cultive marihuana o amapola, 
así que no pueden producir su propia marihuana ni su 
propia heroína. Producen todo tipo de drogas que pue¬ 
dan ser fabricadas en un laboratorio. Distribuyen todas 
las clases de droga, tanto para consumo interno como 
para exportar a Estados Unidos (excepto marihuana). Los 
Zetas no son actores muy relevantes en el mercado esta¬ 
dounidense de la marihuana. No tendría sentido; solo 
podrían comprarle a sus competidores sin poder vender 
tan barato. 26 Deben importar heroína, generalmente de 
Afganistán. Comparados con Sinaloa, reciben más de la 
extorsión, el secuestro y el asesinato a sueldo. 

De todas estas actividades, la única que necesita algún 
tipo de contrato social es el cultivo de marihuana y 
amapola: para cultivar, Sinaloa debe tratar con los cam¬ 
pesinos que trabajan la tierra. Sinaloa exige obediencia, 
y a cambio se compromete a proteger y cuidar de estas 
personas. De esta manera, no es diferente que cualquier 
otro gobierno (pues en efecto, es el gobierno). En el terri¬ 
torio que gobierna Sinaloa, en gran medida se mantiene 
su parte del trato. A Sinaloa le conviene la estabilidad 
social; a los Zetas la inestabilidad social. 


26 Los Zetas cultivan y venden algo de marihuana. El punto es que 
no lo hacen a una escala ni siquiera un poco cercana de la que 
lo hace Sinaloa. 



Del Sur al Norte I 119 


Por estas razones, la legalización de la marihuana afecta 
más a Sinaloa que a los Zetas. Sin embargo, la baja de los 
precios no afecta el balance final de Sinaloa. La organiza¬ 
ción es robusta. Tiene un portafolio diverso y diferentes 
planes de contingencia. Por el momento, también tiene 
que mantener su parte del contrato social. Así que la baja 
en los precios de la marihuana ha llevado a Sinaloa a cen¬ 
trarse en la producción de amapolas en la Sierra Madre 
Occidental. Esto primero causó una baja en los precios 
de la heroína en Estados Unidos, luego un aumento de 
la demanda, y después un dramático incremento en las 
sobredosis de heroína en todo el país. Este es el origen de 
la “epidemia” de la heroína que la prensa estadounidense 
empezaría a publicar en 2014. 27 Incluso si la industria de 
la marihuana colapsa por completo, probablemente no le 
costaría un centavo a Sinaloa. Sinaloa incrementaría su 
producción de heroína hasta que no haya más lugar para 
cultivar amapola, o hasta que el mercado estadounidense 
esté tan saturado que no pueda acoger más producción. 
Dada la naturaleza de la heroína, esto puede ser difícil. 28 


27 La epidemia de la heroína es en sí misma parte de la todavía 
más grande epidemia de opiáceos, que comenzó a explotar al¬ 
rededor de 2005, y la que se derivó de la sobre-prescripción de 
analgésicos legales. 

28 El daño que la industria de la droga inflige a sus consumido¬ 
res no es el centro de este libro, pero soy muy consciente de 
lo que implica. Tengo amigos que han muerto por consumir 
heroína, principalmente sinaloense. Para una perspectiva prác¬ 
tica, radical y compasiva sobre la adicción, ver In the Realm of 
Hungry Ghosts (En el reino de los fantasmas hambrientos) del 
Dr. Gabor Maté. 



120 | No habrá muro que nos pare 

Si la marihuana colapsara al mismo tiempo que la 
heroína se satura, entonces parte de la base agraria de Si- 
naloa sería prescindible y podría ser abandonada. Sinaloa 
podría enfocarse en la cocaína y las drogas de laboratorio, 
pero lo más probable es que eventualmente hubiera al¬ 
guna falla en la distribución o en la logística. Solo hasta 
que pase todo esto, la legalización de la marihuana podría 
empezar a costarle dinero a Sinaloa. Si Sinaloa empieza 
a perder dinero, eso indistintamente favorece a los Zetas. 
Esto no es lo que muchos de los activistas por la legaliza¬ 
ción de la marihuana quieren. 

Por ahora, la marihuana es un asunto particular; un 
verdadero final de la prohibición de las drogas no está 
cerca. No obstante, las actitudes sociales están cambian¬ 
do y vale la pena especular sobre los efectos que tendría el 
fin de la prohibición en México. 

Ponerle fin a la prohibición podría significar pro¬ 
blemas para los cárteles. Los precios bajarían, lo que 
causaría un aumento en la demanda y requeriría de más 
abastecimiento. En algún momento, el mercado estaría 
abarrotado al punto que la ganancia podría disminuir, y 
la única solución sería confiar en una economía de escala 
para reducir costos. Esto ya pasó con la marihuana. 

Frente a la disminución de los beneficios, los cárteles 
no desaparecerían sin luchar. Buscarían otras fuentes de 
ingresos, tales como la extorsión, el secuestro y el asesi¬ 
nato a sueldo. A falta de todo esto, si los cárteles tuvieran 
que prescindir de más, primero los integrantes de más 
bajo rango se quedarían sin trabajo. Lo que podría mover 
la pirámide social y finalmente afectar al pez más grande. 


Del Sur al Norte I 121 


Los cárteles son empresas. Te guste o no, proporcionan 
una fuente de ingresos a mucha gente. Solo “sacarlos del 
negocio” dejaría a un gran número de personas sin un 
medio de subsistencia claro. Para ser exactos, significaría 
eso a menos que estuviera acompañado de una transfor¬ 
mación social más amplia que les permitiera optar por otro 
modo de vida. 

¿Qué estoy defendiendo? No niego los esfuerzos de los 
activistas contra la criminalización por el uso y la venta 
de la marihuana. Es un paso en la dirección correcta y 
ha ayudado a cambiar el terreno del debate. Pero no nos 
hagamos ilusiones: la legalización de la marihuana, sin 
el final de la prohibición de las drogas, traerá una nueva 
serie de problemas. Y a menos que haya cambios sociales 
estructurales, el fin de la prohibición traerá otros proble¬ 
mas. 


Trabajo 


La mayoría de las drogas duras entran de contrabando 
a Estados Unidos en vehículos, por cada puerto oficial 
de entrada a lo largo de toda la frontera. La mitad de 
las veces, esto se consigue con la ayuda de los corruptos 
agentes de Aduanas y Protección Fronteriza que traba¬ 
jan en las aduanas. Todo lo que necesitan saber es qué 
vehículo buscar para dejarlo pasar en vez de detenerlo y 
el trabajo está hecho. Gran parte de la guerra contra el 
narcotráfico en México se reduce a un conflicto por el 
control de estos puertos de entrada. 


122 | No habrá muro que nos pare 

La marihuana es diferente. Al ser barata, voluminosa y 
fragante, 29 principalmente es llevada a pie por el desierto. 
Esto se logra mediante grupos de burros 30 (\\ic cargan los 
fardos de cincuenta libras de marihuana altamente com¬ 
pactada sobre sus espaldas. Esta no es una tarea sencilla. 
El desierto consume a estas personas tan fácilmente como 
a los migrantes y a los refugiados, y para las mafias que los 
emplean son de hecho tan prescindibles como los burros. 

Elay dos tipos básicos de traficantes de marihuana. El 
primero, en principio del norte de Sonora, está compues¬ 
to por quienes lo hacen para vivir. Ellos pueden empezar 
a trabajar cuando son apenas adolescentes, y algunos de 
ellos conocen el desierto mejor que cualquier agente de 
la Patrulla Fronteriza, incluso mejor que yo. Se les paga 
tanto como a los profesores de las escuelas públicas en Es¬ 
tados Unidos, lo que es mucho mejor que lo que reciben 
trabajadores de cualquier línea de empleo disponible para 
muchos jóvenes del norte de Sonora. Es un trabajo. 31 


29 ¡Muy parecido al autor de este texto! 

30 Este concepto se usa bastante. Alguien que esté un poco más 
arriba en la jerarquía de estos grupos bien podría ser llamado 
“burrero”. Ni en inglés ni en español hay un concepto para re¬ 
ferirse a esas personas, que sea simultáneamente neutral, regular 
y no despectivo. Careciendo de una alternativa, a regañadientes 
usaré “burro”, ya que es como todo el mundo lo dice en espa¬ 
ñol, y “traficante de marihuana”, ya que suena normal en inglés 
y se acerca más a algo neutral que cualquier otra cosa en la que 
pudiera pensar. 

31 “He hecho este pinche trabajo desde que tengo doce”, me dijo 
un joven. Dijo tener diecinueve. “Me toma diez días ir al norte 
y cuatro días ir al sur. Descanso un par de días en casa de mi 
mamá y vuelvo a hacerlo. Hago dos viajes al mes, me pagan 



Del Sur al Norte I 123 


El segundo, principalmente de Centroamérica, se 
compone de quienes lo hacen una vez. Son migrantes o 
refugiados. En vez de pagarle a la mafia miles de dólares 
para entrar a Estados Unidos, pagan por su paso cargan¬ 
do un fardo. Este fardo puede costar $100,000. El burro 
asume el riesgo y no se le paga nada, pero para los centro¬ 
americanos con poco dinero o sin él, es el mejor trato que 
pueden lograr. A veces este riesgo no se asume libremen¬ 
te. No es inusual escuchar que los viajeros (por lo general 
centroamericanos) sean secuestrados en la frontera y obli¬ 
gados a hacerlo. 

Quienes transportan marihuana para vivir, a menudo 
pueden encontrarse en grupos junto a quienes lo hacen 
por primera vez. Es común que un grupo conste de seis a 
ocho hondureños que cargan el peso, y uno o dos sono- 
renses que indican el camino. 

Cuando se les habla como seres humanos normales, 
estas personas tienden a ser tan rápidas como cualquier 
otra en contar su versión de la historia. Suele sonar muy 
parecido a esto: 

La Patrulla Fronteriza intercepta a un grupo. Una de 
tres cosas ocurre. A veces confiscan la marihuana, luego 


1000 dólares por viaje. Me han golpeado, me han robado, me 
han apuñalado, me han disparado, y he estado a punto de morir 
en el desierto más veces de las que puedo recordar. Todos mis 
viejos amigos están muertos o en la cárcel en Estados Unidos. 
Estoy harto de esta porquería. Es mi última carrera, lo juro por 
Dios. Voy a abrir una llanteria en Los Ángeles y a enviar dine¬ 
ro a mi mamá.” Hollywood no tiene nada sobre estos chicos. 
Parecen hombres cuando tienen dieciséis; para cuando tienen 
treinta se parecen a Aragorn. 



124 | No habrá muro que nos pare 

detienen y procesan al grupo por tráfico de drogas. Pues 
hay agentes de la Patrulla Fronteriza que no juegan el 
mismo juego. Además, no se ve bien que nunca haya 
marihuana para mostrar en el juzgado. Otras veces, con¬ 
fiscan la marihuana, luego detienen y deportan al grupo 
como migrantes. En este caso, la marihuana nunca llega al 
juzgado. ¿El burro va a decir algo en el juzgado? No. Y 
otras veces, confiscan la marihuana y dejan al grupo en el 
desierto para que camine de vuelta a México. 32 

Fie escuchado esto una y otra vez. Múltiples perso¬ 
nas desconocidas entre sí no están inventando la misma 
historia. ¿Qué podría estar pasando? ¿A quiénes podrían 
estar descargándole toda la marihuana estos agentes? 
¿Quién puede lidiar con 500 libras al momento? Solo 
hay una respuesta: Sinaloa. 

Los burros y sus cargas se intercambian por favores, 
pasan alrededor en el complejo de tira y afloja entre la 
policía y el crimen organizado. La mafia entiende que 
los agentes tienen que mantener las apariencias, y que 
un porcentaje del producto se perderá. Los agentes en¬ 
tienden que la mafia tiene que mover suficiente producto 
para que las ruedas sigan girando, y que no le conviene 
a nadie que el sector cierre. Todo el mundo gana, excep¬ 
to el chico de Flonduras que tiene que entrar en prisión 
cuando llegue su turno de ser un chivo expiatorio. 

Una vez un joven sonorense me preguntó cuánto les 
pagan a los agentes de la Patrulla Fronteriza. Le dije que 


32 “Ugh, qué chafa,” dijo el chico demacrado con un diente de 
oro. “La Migra nos quitó toda la mota, y nos dijeron que vᬠ
monos a la chingada.” 



Del Sur al Norte I 125 


un salario normal rondaba por los 70,000$. Pensó que 
era muy gracioso. “Pueden ganar más del doble con una 
de nuestras cargas. Solo tienen que hacerlo una o dos 
veces al año y ya. Nosotros hacemos todo el trabajo duro 
por ellos.” 

Los organismos gubernamentales a veces afirman que 
los trabajadores solidarios como nosotros ayudamos e in¬ 
citamos el narcotráfico. Este es el colmo de la ironía y de 
la hipocresía. Elementos de la Patrulla Fronteriza y de 
Aduanas y Protección Fronteriza se dedican al tráfico de 
drogas a escala industrial. Esta no es una acusación; es 
una declaración de hecho. Cualquiera, menos los agen¬ 
tes más inexpertos de la Patrulla Fronteriza o Control de 
Aduanas, sabe que es cierto. Si alguien dentro de estas 
agencias está verdaderamente interesado en llevar a cabo 
una guerra contra las drogas, debería comenzar limpian¬ 
do su propia casa. 

Y para que conste: no, nunca he visto un fardo. Toda 
la descripción del trabajo de un burro es para asegurarme 
de que no suceda. No creo que nadie merezca morir en el 
desierto por cargar marihuana, y no tengo ninguna obli¬ 
gación legal para preguntarle a una persona hambrienta 
y deshidratada qué hace para vivir antes de darle agua o 
comida. Además, si a los estadounidenses no les gustan 
los traficantes de marihuana, no deberían fumarla tanto. 
Yo no la fumo. 


Phoenix 


Arizona 


.Tucson 



Hermosillo 



La frontera 


Físicamente, podríamos visualizar la frontera Méxi- 
co-Estados Unidos como una zona delimitada por tres 
líneas de control, que se extienden de este a oeste desde 
Brownville-Matamoros hasta San Diego-Tijuana. La 
línea sur, por lo general bien adentrada en México, es 
donde se hace necesario pagarle a alguien para pasar. No 
hay ni un centímetro de la frontera que no pertenezca a 
alguien. Incluso cruzar sin guía significa pagar una costo¬ 
sa cuota a cualquier combinación de mafia y las patrullas 
del gobierno del lado sur. No es aconsejable tratar de evi¬ 
tar el pago de esta tarifa. 33 

La línea central es la frontera internacional. La línea 
del norte, 25 a 50 millas dentro de Estados Unidos, está 
en los puestos de control interior. Estos son lugares donde 
la Patrulla Fronteriza detiene e inspecciona todos los ve¬ 
hículos en todas las carreteras principales. Allí hacen un 
perfil de los pasajeros basándose primero en su color de 
piel, y también en la fluidez de su inglés. Cualquier per¬ 
sona que les parezca morena tendrá que demostrar un 
buen nivel de inglés. Algunas personas sin documentos 
que les parezcan morenas y hablen bien inglés pueden 


33 Una vez conocí a un hondureño que logró pasar esperando en 
Nogales durante semanas hasta la noche de un esperado com¬ 
bate de boxeo. “Yo sabía que todos esos cabrones iban a estar 
viendo a Manny Pacquiao,” me dijo. “Esperé a que comenzara 
la pelea y me escapé cuando estaban frente al televisor.” 


127 



128 | No habrá muro que nos pare 

engañarlos y seguir. Sin embargo, a cualquiera que les 
parezca moreno y no hable inglés de forma fluida, le van 
a pedir documentos. Cualquiera que les parezca moreno, 
no hable inglés bien y no tenga documentos, será reteni¬ 
do. 

Por lo tanto, para cruzar la frontera, tienes que tener 
el permiso para pasar por la línea sur, cruzar la línea fron¬ 
teriza, y luego superar la línea norte hasta un lugar donde 
es posible ser conducido a la seguridad en un vehículo. 

En algunos pueblos y ciudades, la línea sur se fusiona 
con la línea central en el muro fronterizo. Esto ocurre en 
lugares donde es imposible cruzar la frontera internacio¬ 
nal. Así que no tienes porque pagarle a alguien para llegar 
a la ciudad de Nogales, pero no puedes cruzar el muro 
allí, tampoco. Si quieres salir al desierto donde puedes 
cruzar la línea fronteriza, hay que pagarle a alguien. La 
línea norte se extiende por todo Estados Unidos. Nunca 
es fácil, y por lo general es muy complicado alejarse de 
la frontera en el lado estadounidense sin pasar a través de 
un puesto de control. 

Elay dos conjuntos principales de rutas de migración. 
Las rutas del noroeste están en Sonora y son controladas 
por el Cártel de Sinaloa. Estas también son las rutas prin¬ 
cipales para el tráfico de marihuana por tierra. Las rutas 
del noreste están en Tamaulipas, y son controladas por el 
Cártel del Golfo, antiguo rival y actual aliado de Sinaloa, 
y parece estar haciendo negocios con un modelo similar. 
En Sonora, el negocio de la trata de personas y el tráfico 
de marihuana está tan estrechamente relacionado que es 
más sencillo abordarlos como un todo. 


Del Sur al Norte I 129 


Los dos conjuntos principales de rutas comparten 
esas características básicas, pero son completamente di¬ 
ferentes. Las rutas del noroeste atraviesan topografías de 
cuenca y cordillera, pintorescamente descritas por Cla- 
rence Dutton como “un ejército de orugas marchando 
hacia México.” Estas rutas cambian abruptamente su 
elevación a medida que hay que alternar entre agrestes 
sierras y áridas cuencas. Por lo general es seco; los in¬ 
viernos son bastante fríos y en verano es un horno. Todo 
el espacio entre las líneas del sur y del norte es desierto 
salvaje y deshabitado. La mayor parte del lado estadouni¬ 
dense es tierra pública, tribal o militar. 

Las rutas del noreste atraviesan matorrales planos y 
arenosos. Generalmente es muy húmedo, y en el verano 
hace un calor sofocante. La línea central de control es el 
Rio Grande; pasa por las áreas metropolitanas del valle 
del río. Enormes haciendas ganaderas ocupan el espacio 
entre las líneas centrales y las del norte. Casi toda la tierra 
del lado estadounidense es privada. 

No hay necesidad de describir cada corredor de mi¬ 
gración en el país específicamente. La gente cruza por 
todos lados. Sin embargo, vale la pena pasar algún tiem¬ 
po en los lugares donde ocurren más muertes: el sur de 
Arizona y el sur de Texas. 

La parte más transitada de Arizona puede segmentarse 
en tres subcategorías. Las rutas del este, que atraviesan 
una maraña de jurisdicciones de terrenos de uso públi¬ 
co, están entre las montañas Atascosa y las montañas 
Baboquivari. Tienen una elevación un poco más alta y 
son algo más frías, pero también presentan el terreno más 
rugoso y confuso. Es muy fácil perderse. Estos lugares 


130 | No habrá muro que nos pare 

están escasamente habitados; hay más ciervos y vacas que 
personas. El único lugar entre la línea del límite y la del 
norte donde hay alguna persona es en el pueblo de Ariva- 
ca. Es aquí donde nuestro trabajo solidario se ha centrado 
por muchos años. 

Las rutas centrales a través de Arizona, que atravie¬ 
san las tierras tribales Tohono O’odham, pasan entre las 
montañas Baboquivari y las montañas Ajo. Son más cáli¬ 
das y tienen una elevación menor que aquellas alrededor 
de Arivaca. Hay áreas de la reserva que están deshabita¬ 
das, pero también hay muchos lugares donde vive gente. 
Durante mucho tiempo no trabajamos en la reserva. A lo 
largo de los últimos años, hemos estado realizando ope¬ 
raciones de búsqueda y rescate ocasionalmente allí, bajo 
circunstancias específicas y con el permiso del gobierno 
tribal. 

Las rutas occidentales pasan entre las montañas Ajo y 
las montañas Mohawk, a través de una mezcla de tierras 
públicas y militares. Son más bajas, más cálidas, e inclu¬ 
so mucho menos pobladas que cualquier otra. El único 
lugar donde vive alguien es en el pueblo de Ajo. Empeza¬ 
mos a trabajar en esta área varios años atrás. 

La parte más concurrida de Texas está en Brooks 
County, entre McAllen y Falfurrias. 

Demos un vistazo a cada uno de estos lugares. 


Del Sur al Norte I 131 


Arivaca 


La insólita historia de cómo Arivaca llegó a ser un epi¬ 
centro de los esfuerzos de solidaridad con migrantes y 
refugiados es tanto interesante como instructiva. 

Arivaca, Arizona es un pueblo de cerca de 700 per¬ 
sonas. La población está muy dispersa en pequeñas y 
medianas fincas. Hay un bar, una tienda y de tres a seis 
iglesias dependiendo de la temporada. Tal vez sería po¬ 
sible analizar la demografía racial entre anglos y latinos, 
o la demografía subcultural entre vaqueros y hippies, 
pero la gente de Arivaca ha pasado por tanto mestizaje 
en todas las formas durante tanto tiempo que la mayoría 
de ellos son algo en medio. El lugar es realmente salvaje. 
Todavía hay perdigones en la puerta del bar, donde un 
hombre llamado Lucky accidentalmente se voló el brazo 
con una escopeta que tenía pegada a su abrigo. Nadie 
parece creer que Lucky tuviera malas intenciones: así era 
como él funcionaba. 

Arivaca se convirtió en la zona cero para todo lo rela¬ 
cionado con la migración y la militarización fronteriza en 
los años posteriores a los atentados del 11 de septiembre 
de 2001. La Patrulla Fronteriza empujó el tráfico al oeste, 
fuera de Nogales y lo forzó hacia el remoto desierto que 
rodea Arivaca. Miles de personas, en todas las fases imagi¬ 
nables de desesperación, empezaron a llamar a las puertas 
traseras de las casas de los habitantes de Arivaca. En poco 
tiempo, Arivaca estuvo fuertemente militarizada: carava¬ 
nas de la Patrulla Fronteriza podrían pasar por el pueblo 
a cualquier hora del día y la noche, listos para atacar y por 


132 | No habrá muro que nos pare 

lo general, tratando al lugar como si fuera Irak. No Más 
Muertes comenzó a trabajar en Arivaca en el 2004. 

Brevemente Arivaca apareció en los titulares de las no¬ 
ticias nacionales en el 2009. Esta historia ha sido contada 
una y otra vez. 34 Lo que pasó después es lo que no se 
conoce tanto. El 30 de mayo, dos supremacistas blancos 
del Pacífico noroeste (Shawna Forde y Jason Bush), un 
hombre de Arivaca (Albert Gaxiola), y una cuarta perso¬ 
na que nunca llegó a identificarse cometieron un doble 
asesinato en Arivaca, en la casa de Raúl “Júnior” Flores, 
su hija de once años Alexandra y el mismo Raúl. 

Durante varios años Forde y Bush habían estado al¬ 
rededor del supremacismo blanco y del entorno de 
Vigilantes de la frontera. Forde estaba afiliada a Chris 
Simcox, el nacionalmente conocido fundador y portavoz 
de una serie de grupos de milicias de “Minuteman.” Ella 
había ideado un plan para robar a los “miembros del cár¬ 
tel” para poder financiar un nuevo grupo, Minutemen 
American Defense (Defensa Estadounidense Minute¬ 
men). Buscó la ayuda de Bush, que estaba asociado con 
la Fiermandad Aria, y que se sospecha de que había co¬ 
metido otros dos asesinatos con motivación racial en el 
estado de Washington en 1997. 35 Gaxiola los llevó a casa 
de los Flores. 


34 Ver And Hell Followed With Her (Y el Infierno Llegó Con Ella) 
de David Neiwert. 

35 En el primer caso, un testigo dice que estaba caminando con 
Bush durante la noche del 24 de julio, que ellos se toparon 
con un sin techo durmiendo en el suelo y que Bush lo apuñaló 
hasta matarlo. Más tarde, la víctima fue identificada como Hé¬ 
ctor López Partida. El testigo dijo que asistió a reuniones de las 






134 | No habrá muro que nos pare 

Júnior Flores, de acuerdo a la mayoría de opiniones 
que he escuchado alrededor del pueblo, probablemente 
estaba involucrado de alguna forma con el negocio local 
de la marihuana, como un buen número de otras per¬ 
sonas en el sur de Arizona. Generalmente se piensa que 
tenía una disputa con Gaxiola, el cual también estaba 
involucrado, debido a algo relacionado con esto. Flores 
pudo no haber sido un ciudadano completamente respe¬ 
tuoso de la ley, pero la mayoría de la gente parece estar 
de acuerdo en que llamarlo “integrante de un cártel” era 
una exageración bastante grave. Nadie cree que él mere¬ 
ciera lo que pasó después. En las noticias, aunque no en 
Arivaca, generalmente se dijo que Flores y González eran 
ciudadanos estadounidenses de tercera generación. 

Forde, Bush, y Gaxiola despertaron a la familia Flores 
cerca de las 5am; vestidos con camuflage y chalecos anti¬ 
balas, y alegando ser de la Patrulla Fronteriza. Alexandra 
estaba durmiendo fuera de casa. Cuando Flores les pidió 
una identificación Bush le disparó en el pecho, y le dis¬ 
paró a González en la pierna. Saquearon la casa pero no 
encontraron nada de valor. Luego Bush le disparó en la 
cabeza a Brisenia, una niña de nueve años, hija de la pa¬ 
reja. González pudo devolver el fuego, hiriendo a Bush y 
los asaltantes huyeron. Ella sobrevivió, y contó una y otra 
vez la historia sobre la gente que irrumpió en su casa en 


Naciones Arias en el norte de Idaho con Bush tres días después, 
y que ambos llevaban cordones amarillos en sus botas como 
símbolo de que habían matado a alguien. En el segundo caso, 
un testigo dijo que Bush ejecutó a un compañero supremacista 
blanco llamado Jon Bumstead dos meses después porque era 
“traidor de la raza y un judío.” 



Del Sur al Norte I 135 


medio de la noche y asesinó a su esposo y a su hija sin 
ninguna razón. 

Cuando todo esto salió a la luz, hizo caer en pica¬ 
do la imagen del movimiento Vigilante de la frontera, 
una caída de la que nunca se recuperó y probablemente 
nunca se recuperará. Desde entonces se han destripado a 
sí mismos. En abril de 2010, la esposa de Chris Simcox 
obtuvo una orden de protección después de que él pre¬ 
suntamente sacara un arma y amenazara con dispararle a 
ella y sus hijos. El 20 de junio de 2013, él fue arrestado 
por múltiples cargos relacionados con acoso y abuso se¬ 
xual de menores, que involucraban a tres niñas menores 
de 10, una de las cuales es su hija; Simcox fue declarado 
culpable de abuso sexual en junio de 2016 y está cum¬ 
pliendo una pena de prisión de diecinueve años y medio. 
En mayo de 2012, otro líder Vigilante de la frontera de 
Arizona, Jason “JT” Ready, disparó y asesinó a su novia, 
su hija, el novio de su hija y su nieta de 15 meses; des¬ 
pués se suicidó con la misma arma. Los “Minutemen” 
han mostrado lo que son: gente que busca oportunidades 
para infligir violencia hacia abajo en la jerarquía social, a 
menudo en niños. 

Albert Gaxiola fue condenado a cadena perpetua y se¬ 
tenta y dos años más. Shawna Forde y Jason Bush están 
en el corredor de la muerte, en busca de alguien que los 
apoye. No han encontrado a nadie. Gina González, a 
un precio terrible, puede morir tranquila sabiendo que 
ella hizo los disparos que mandaron a este infame grupo 
al infierno. Solo Dios sabe qué pudo haber pasado si su 
puntería no hubiera sido tan certera. 


136 | No habrá muro que nos pare 

Es casi imposible exagerar el impacto de los asesinatos 
de los Flores en Arivaca. Todo el mundo conocía a Gina 
y Júnior; los niños de todos iban a la escuela con Brisenia. 
Yo estaba en Arivaca el día de los asesinatos y permanece¬ 
ría allí durante tres meses más. El estado de ánimo en el 
bar no solo era doloroso, sino ominoso. Pensé que habría 
represalias. 

Tras los asesinatos, trabajadores solidarios como no¬ 
sotros, éramos la única alternativa que quedaba en el 
pueblo. Estaba claro que había una crisis; nadie puede 
ignorarlo. La crisis podría llegarte a ti, en la forma de 
una mujer hondureña desesperada golpeando tu venta¬ 
na en medio de la noche. El Estado se ha desacreditado 
completamente a sí mismo creando esta crisis y luego tra¬ 
tando a Arivaca como una zona de guerra. Los Vigilantes 
habían probado ser asesinos de niños. Fiabíamos estado 
allí durante cinco años, dejando botellas de agua en el 
desierto. Estaba bastante claro qué lado escoger. 

A partir del 2016, hay una oficina de ayuda huma¬ 
nitaria cruzando la calle del bar. Fia habido repetidas 
protestas y actos de desobediencia civil en los puestos de 
control de la Patrulla Fronteriza fuera del pueblo y, a me¬ 
nudo, hay un gran anuncio que dice “Milicias Váyanse 
a Casa” mostrándose cuando conduces hacia el peque¬ 
ño mercado agrícola de los domingos. Dudo que haya 
alguna municipalidad en todo el país donde un porcen¬ 
taje mayor de personas haya actuado de forma concreta 
en solidaridad con migrantes y refugiados, o donde un 
porcentaje menor de personas cooperara con la Patrulla 
Fronteriza si pudieran evitarlo. 


Del Sur al Norte I 137 


Los trabajadores solidarios de otros lugares han contri¬ 
buido a esto, pero nosotros no lideramos nada, y la gente 
de Arivaca no siguió órdenes. En todo caso, lo que ocu¬ 
rrió fue lo contrario. Los locales habían estado ayudando 
a la gente durante años antes de que nosotros llegáramos 
allá. Lo que pasó fue una calle de doble sentido; locales 
y foráneos se influyeron entre sí. En este punto, se hace 
más difícil diferenciarnos. 

Ni el Estado ni los Vigilantes tienen ninguna esperan¬ 
za de recuperar las simpatías de este pueblo. No puedes 
tener a la gente en estado de sitio y esperar que lo olviden. 
Ni puedes dispararle a una niña de nueve años en el ros¬ 
tro y esperar que te perdonen. En este punto, cuando la 
gente en Arivaca acude a los viajeros que necesitan ayuda, 
es más probable que se ocupen ellos mismos, o que bus¬ 
quen nuestra ayuda. No es muy común que llamen a la 
Patrulla Fronteriza. Ni en mil años nadie llamaría a los 
Vigilantes. 


Komkch’ed e Wah ‘osithk (Sells) 


Las políticas de migración en la reserva Tohono O’od- 
ham son extremadamente complejas. Yo no soy O’odham, 
y no hablo por la gente O’odham. Algunos pensadores 
O’odham cuyos análisis me han sido útiles son Ofelia 
Rivas, Alex Soto, y Mike Wilson. Animo a quien lee esto 
a buscar sus comentarios, entendiendo que las opiniones 
O’odham difieren y a veces chocan directamente. 

Esto es lo que puedo decir desde mi punto de vista. 


138 | No habrá muro que nos pare 

Repito: los colonizadores europeos robaron las tierras 
que actualmente conforman la frontera entre Arizona y 
Sonora a sus habitantes originarios mediante el genoci¬ 
dio. Es tierra O’odham, Apache, y Yaqui, ocupada por 
los gobiernos de México y Estados Einidos. 36 Si alguien 
tiene derecho a decidir quién puede pasar a través del 
territorio O’odham, es la gente O’odham, no esos go¬ 
biernos. 

Elay muchas comunidades indígenas en Estados Uni¬ 
dos, y muchas comunidades en la frontera sur también, 
pero la reserva Tohono O’odham es uno de los pocos lu¬ 
gares en el país donde están los dos. Esto significa que 
cuenta no solo los problemas de Arivaca, sino además 
de Pine Ridge. 37 No es una exageración decir que se ha 
convertido en un estado policial militarizado. La gente 
O’odham sufre de acoso rampante y perfiles raciales en su 
propia tierra, son sacados de sus autos y casas por inexper¬ 
tos agentes de la Patrulla Fronteriza de Connecticut que 
no pueden distinguir indígenas de latinos, y no podrían 
decirte la diferencia entre Sells, Arizona y San Pedro Sula, 
Honduras. La frontera ha dividido a los O’odham del 
lado sur de sus parientes en el norte; la militarización y la 
migración han llevado a la profanación de lugares sagra¬ 
dos y la interrupción de ceremonias. Además, el pueblo 


36 Ver la Declaración de Lealtad del pueblo O’Odham a la Madre 
Tierra, La Voz O’Odham Contra el Muro, Octubre de 2011. 

37 Ver In the Spirit ofCrazy Horse (En el Espíritu de Caballo Loco) 
de Peter Matthiessen para más sobre Pine Ridge. También están 
las comunidades Lipan Apache, Yoeme, y Kickapoo en la fron¬ 
tera sur, aunque físicamente son más pequeñas que la reserva 
Tohono O’odham. 



Del Sur al Norte I 139 


O’odham se enfrenta a los mismos problemas que otros 
indígenas en Estados Unidos: pobreza, desempleo, ero¬ 
sión de la identidad cultural, trauma multigeneracional 
y más. 

El gobierno federal ha hecho todo lo posible para im¬ 
pulsar el tráfico hacia la reserva Tohono O’odham, fuera 
de la vista de las personas blancas. Casi cada año, más 
personas mueren allí que en cualquier otro territorio de 
un tamaño comparable en toda la frontera. El gobier¬ 
no ha ofrecido la reserva como zona de sacrificio para la 
militarización de la frontera, las industrias de la trata de 
personas y el narcotráfico, del mismo modo que ha ofre¬ 
cido a Black Mesa a la industria del carbón, y la montaña 
Yucca a la industria nuclear, por nombrar solo dos de 
innumerables ejemplos. En todos estos casos, han encon¬ 
trado “lideres” tribales dispuestos a jugar su juego. Han 
convertido la O’odham jewed (tierra natal) en una tram¬ 
pa mortal. 

El gobierno tribal O’odham trabaja estrechamente 
con la Patrulla Fronteriza, y prohíbe la ayuda humani¬ 
taria en la reserva, tomando la posición de que dicha 
ayuda incentivaría más migración a través de la tierra 
O’odham. En mi opinión, esta posición es absurda; cla¬ 
ramente son las acciones del gobierno federal las que han 
forzado el tráfico dentro de la tierra O’odham y se asegu¬ 
ran de que permanezca allí. Reconozco, sin embargo, que 
el gobierno federal ha puesto al gobierno tribal en una 
posición imposible; están condenados lo hagan o no. Po¬ 
drán controlar lo que hacen las organizaciones de ayuda 
humanitaria, pero no pueden controlar lo que hace la 
Patrulla Fronteriza. También reconozco que el gobierno 


140 | No habrá muro que nos pare 

tribal no es una entidad monolítica; hay voces de disenso 
dentro suyo. 

Más importante aún, no escasean las personas O’od- 
ham que actúan autónomamente del gobierno tribal. El 
pueblo O’odham ha estado en la vanguardia de muchas 
de las cosas más interesantes que han sucedido en Ari- 
zona en los últimos años: desde la ocupación de la sede 
de la Patrulla Fronteriza en Tucson en mayo de 2010, 
pasando por las acciones para interrumpir la conferencia 
del Consejo Legislativo Estadounidense de Intercambio 
(ALEC por sus siglas en inglés) en Scottsdale en diciem¬ 
bre de 2011, hasta la campaña permanente contra la 
autopista de circunvalación 202 de Phoenix, y muchos 
otros ejemplos. He escuchado innumerables historias de 
gente O’odham solidarizándose con viajeros que pasan 
por sus tierras. 

Como de costumbre, no hay ninguna solución fácil. 
No hay ninguna simple reforma que termine con el su¬ 
frimiento en la reserva. Creo que es justo decir que la 
mayoría de la gente O’odham es consciente de la terri¬ 
ble ironía de que miles de personas, incluyendo un gran 
número de indígenas, están muriendo en su tierra natal. 
Dudo seriamente de que muchos O’odham estén felices 
con esto. 

En mi opinión, sería un paso en la dirección correc¬ 
ta si el gobierno tribal permitiera que organizaciones de 
ayuda humanitaria actuaran en la reserva. Pero si eso 
fuera lo único que cambiara, si el gobierno federal pu¬ 
diera continuar con el uso de la reserva como zona de 
sacrificio, entonces sí, es posible que esto solo condujera 
a más tráfico en la tierra O’odham. Las necesidades de las 


Del Sur al Norte I 141 


personas indocumentadas no pueden desentenderse de la 
de los indígenas. 


Ajo 


Este lugar es sombrío. Rocoso, estéril, desprovisto de 
sombra y lastimero, ferozmente caliente. 

Parte de este territorio fue el lugar de los hechos de 
mayo de 2001 descritos en “The Devil’s Highway (La 
Autopista del Diablo)” de Luis Alberto Urrea, cuando 
14 personas murieron allí tratando de cruzar cerca de las 
montañas Growler. A pesar de los discutibles argumen¬ 
tos que ofreció el departamento de relaciones públicas de 
la Patrulla Fronteriza en sentido literal, ese libro llamó 
mucho la atención sobre las muertes en la frontera. 

La jurisdicción de la tierra en esas rutas se divide entre 
el monumento nacional Organ Pipe, la reserva nacional 
de vida silvestre Cabeza Prieta, la Oficina de Adminis¬ 
tración de Tierra y la Zona de la Luerza Aérea Barry M. 
Goldwater. El acceso público a Cabeza Prieta y sobre todo 
a la zona Barry Goldwater está estrictamente controlado. 
Fuera del pueblo de Ajo, no vive nadie a lo largo de estas 
rutas. Muchas rutas evitan Ajo por completo. Los turistas 
frecuentan Organ Pipe. Muy pocos civiles caminan por 
Cabeza Prieta, menos todavía por Barry Goldwater. 

Cuando empezamos a trabajar en esta área, nos dimos 
cuenta de algo sospechoso: cada año un montón de res¬ 
tos humanos son descubiertos en Organ Pipe, pero casi 
ninguno en Cabeza Prieta o Barry Goldwater. Esto no 


142 | No habrá muro que nos pare 

quiere decir que la gente no muera allí, solo que nadie va 
a investigar a esos lugares. Cuando empezamos a ir a Ca¬ 
beza Prieta y a Barry Goldwater, empezamos a encontrar 
restos de inmediato. 

Además de todos los desafíos que he descrito, quienes 
cruzan Barry Goldwater tienen que lidiar con el hecho de 
que es una zona de pruebas militares llena de artefactos 
sin detonar. Es posible salir volando por cosas que vengan 
de arriba o que estén abajo. Nadie sabe con qué frecuen¬ 
cia ocurre esto. Hay zonas donde ni la Patrulla Fronteriza 
puede ir. 

Imagínate esto: 

Hay un lugar dentro de una zona de pruebas milita¬ 
res. Existe. Hemos escuchado esto más de una vez, pero 
no sabemos exactamente dónde está. Es la copia de un 
pueblo que la Fuerza Aérea ha construido para prácticas 
de bombardeo. Lo construyen y lo destruyen a perpetui¬ 
dad. A menos que la gente lo sepa, se dirige a este lugar, 
pensando que seguramente deben estar a la vista de algo, 
tal vez incluso Gila Bend. Lo que encuentran es que han 
vagado por el set de una película sobre Stalingrado, con 
bombas reales y sin dirección desde arriba. 

Este es probablemente el peor lugar en toda la fron¬ 


tera. 



El condado de Brooks, en el sur rural de Texas es el 
condado más pobre del Estado y entra regularmente en 
la lista de los más pobres del país. Recientemente ha su¬ 
frido una explosión de muertes de migrantes, sobre todo 
centroamericanos. Al igual que en Arizona, mucha gente 
está muriendo al intentar esquivar el puesto de control de 
Falfurrias, sobre la autopista 281. 

Desde 2012 ha habido meses en los que se han des¬ 
cubierto más cadáveres en el condado de Brooks que en 
cualquier otra zona de tamaño similar en la reserva Toho- 
no O’odham. Algo inaudito hasta entonces. Estoy menos 
familiarizado con la situación de Tamaulipas y Texas que 
con Sonora y Arizona, pero estoy bastante seguro que 
puedo identiñcar tres razones por las que esto ha ocu¬ 
rrido. 

La primera se debe a la militarización de la frontera en 
Arizona. Este suele ser el primer factor que se menciona 



144 | No habrá muro que nos pare 

en la prensa estadounidense. Creo que algo tiene que ver, 
pero no tanto como quiere hacerse notar. Según mi expe¬ 
riencia, la militarización en Arizona sirve principalmente 
para regular la trata (de personas) de un lugar a otro: de 
un camino a otro, desde Arivaca a la Reserva, desde la Re¬ 
serva a Ajo, etc. Es cierto que es más difícil cruzar ahora 
que a finales de la década pasada. No dudo que algunas 
personas hayan decidido arriesgarse a cruzar por Texas. 

La segunda razón que se suele mencionar es el cambio 
en la política de la Patrulla Fronteriza, que estuvo en vigor 
desde finales de 2013 hasta algún momento del 2014. 
Como mencioné anteriormente, en esa época no depor¬ 
taban inmediatamente a menores centroamericanos no 
acompañados ni a madres con niños menores de edad. 
Se corrió la voz. A principios de 2014 me encontraba en 
Guatemala y en los postes telefónicos había folletos, con 
mensajes como “¡Señoras, soy yo, Roberto, su humilde y 
honesto servidor! ¡Juro ante Dios que puedo meterlas con 
sus hijos en Estados Unidos!¡Sin necesidad de esconderse 
en un camión! ¡Sin caminar por el desierto! Llámenme a 
cualquier hora del día o de la noche: 5867-5309”. Pero 
esta razón no lo explica por completo. Después de todo, 
la Patrulla Fronteriza nunca dejó de deportar a hombres 
centroamericanos, ni a mujeres sin niños, y esos sectores 
de la población también crecieron en Texas. Muchos, si 
no la mayoría de menores no acompañados y mujeres 
con niños menores que cruzaron hacia el sur de Texas en 
esa época no intentaron esquivar el puesto de control; 
cruzaron la frontera internacional y buscaron a la Patrulla 
Fronteriza para entregarse. Es algo muy diferente, y se 
corre un peligro mucho menor. 


Del Sur al Norte I 145 


La tercera razón, raramente mencionada en la prensa 
es la política de los cárteles en el lado mexicano. El co¬ 
mienzo de las muertes en el condado de Brooks coincide 
con una serie de reveses contra los Zetas. Varios de sus 
líderes más influyentes fueron asesinados o capturados 
en ese momento (desde octubre de 2012 a octubre de 
2013), y el cártel del Golfo recuperó el control de Rey- 
nosa, donde habían estado luchando contra los Zetas 
durante varios años. Y ¿quién lo iba a decir?, poco des¬ 
pués un buen número de centroamericanos empezaron a 
aparecer en el condado de Brooks. Creo que el cártel del 
Golfo extendió en Centroamérica algo parecido a: “Bien, 
los adultos vuelven a estar al mando. Pueden volver a 
venir por aquí. Llamen a Roberto”. Me parece que hubo 
un periodo tras las masacres de San Fernando en que la 
trata de personas en Tamaulipas se vino abajo. Ahora las 
cosas vuelven a la normalidad, lo que significa que va a 
morir gente. 

Esto ha creado la tormenta perfecta en Texas. 

El sur de Texas pide ayuda a gritos en forma de trabajo 
solidario. La situación ahí es mala. Mucha gente está mu¬ 
riendo. Sería genial que se lanzara una campaña solidaria 
con migrantes y refugiados a una escala semejante a la de 
Arizona. Pero esto ha demostrado ser algo difícil. Lo que 
ocurrió en Arizona fue una consecuencia natural a partir 
de unas condiciones particulares. No puede ser simple¬ 
mente exportado a Texas. 

Para empezar, hay dos diferencias fundamentales entre 
el sur de Texas y el sur de Arizona. Primero, la mayor 
parte de los terrenos donde la gente está muriendo en 
Arizona son de titularidad pública, por lo que podemos 


146 | No habrá muro que nos pare 

trabajar libremente. Prácticamente todos los terrenos de 
Texas donde intentan cruzar los migrantes son privados. 
Así que se necesita el consentimiento, si no la participa¬ 
ción, de los propietarios y trabajadores de los ranchos de 
ganado. Es algo posible, pero requiere de trabajo. 38 

La segunda diferencia es que mientras que el sur de 
Arizona es muy montañoso, el sur de Texas es comple¬ 
tamente llano. Las montañas crean caminos, lo que hace 
que hayan muchos buenos lugares para dejar víveres. En 
las zonas llanas no hay nada que haga que la gente cami¬ 
ne por un lugar u otro. Lo mejor que se puede hacer es 
arrastrar barriles de 50 galones de agua hacia varios luga¬ 
res, colocar banderillas azules encima de ellos y esperar a 
que la gente los vea. No es imposible, pero requiere del 
permiso y participación de los propietarios. 

El último factor de complicación es que mientras que 
en Arizona fueron los “radicales” quienes empezaron a 
trabajar sobre el terreno, en Texas no fue así. A falta de 


38 Ni los rancheros ni la gente que trabaja para ellos son automᬠ
ticamente hostiles a los migrantes, ni siquiera a los trabajadores 
solidarios o a sus políticas radicales. A veces lo son, pero no 
siempre. De hecho, su apoyo es la base de nuestro apoyo en 
Arivaca y es la razón por la que nuestra organización es fuerte y 
no va a ser desalojada de ahí en un futuro cercano. Una de las 
razones es que muchos rancheros y buena parte de sus trabaja¬ 
dores son latinos. Otra es que incluso la gente que se conside¬ 
raría de derecha tiende a ablandarse cuando tienen que mirar 
a la muerte y al sufrimiento a la cara. En Arizona existe una 
relación inversa entre el nivel de empatia hacia los migrantes de 
la persona blanca “promedio” y su distancia a la frontera. En 
Arivaca la gente es extremadamente comprensiva y en Phoenix 
es muy hostil. 



Del Sur al Norte I 147 


otras opciones para responder al gran número de muer¬ 
tes, los rancheros del condado de Brooks organizaron 
sus propias patrullas para buscar a la gente. Patrullaban 
los ranchos, buscaban a gente en apuros y llamaban a la 
Patrulla Fronteriza cuando encontraban a alguien. Creo 
que fue una respuesta orgánica a la crisis y que más tarde 
fue influida por activistas reaccionarios del entorno de 
los “Vigilantes” fronterizos. Como se ha explicado antes, 
este grupo ha sido totalmente desacreditado en Arizona. 
Sinceramente, creo que las patrullas civiles eran mejor 
que nada. Estoy casi seguro de que salvaron alguna vida. 

Pero colaborar de esta forma con la Patrulla Fronteriza 
es algo que en Arizona no hacemos de ninguna manera. 
Nunca les ayudamos a atrapar a la gente, y nunca entre¬ 
gamos a nadie que no lo desee. Mantener una relación 
antagónica con la Patrulla Fronteriza nos ha ayudado a 
reducir las muertes de migrantes, no a dificultarlo. Ser 
claros sobre nuestras formas de funcionar nos ha permiti¬ 
do buscar apoyo en los lugares apropiados y nos ha dado 
credibilidad allí donde la necesitábamos. A nivel prácti¬ 
co, significa que la gente que necesita ayuda no necesita 
esconderse de nosotros. También nos ha permitido jugar 
al “policía bueno/policía malo” con la Patrulla Fronte¬ 
riza cuando necesitamos negociar. Esta dinámica se ha 
exacerbado en el sur de Texas porque, hay que admitirlo, 
la Patrulla Fronteriza se ha comportado mejor en Texas 
que en Arizona. La Patrulla Fronteriza es el problema, no 
puede ser parte de la solución. Ni siquiera si agentes o 
jefes individuales lo intentan, y a veces lo hacen. 

Dicho esto, hay varios grupos y personas que hacen 
un trabajo efectivo en el condado de Brooks, sobre todo 


148 | No habrá muro que nos pare 

el Centro de Derechos Humanos del Sur de Texas en Fal- 
furrias. Si alguien quiere involucrarse o iniciar un nuevo 
proyecto, recomiendo contactar con alguien de allí o en 
Corpus Christi. 



Dos rancheros vivían cerca de nosotros: El Pelón y 
Marco Loco. Ambos veteranos de Vietnam, eran lo más 
diferente entre ellos de lo que se pueda imaginar. 

El Pelón era totalmente calvo y tenía un bigote al 
estilo Ho Chi Minh, “un digno adversario”, me dijo 
al describir al líder comunista vietnamita. Había vivi¬ 
do duros combates luchando con los Marines y había 
estado repetidamente expuesto al Agente Naranja. 
Tras la guerra se había mudado al desierto y ayudado 
a migrantes en apuros desde mucho antes que No Más 
Muertes u otras organizaciones humanitarias llegaran. 
A lo largo de los años ha dado comida y agua a miles de 
personas. Nosotros le gustábamos. Yo solía alimentar a 
sus burros. 

Marco Loco nos odiaba con todo su ser. Destruía 
las botellas de agua que dejábamos cada vez que las 
encontraba, y alguna vez disparaba unos tiros más o 
menos en la dirección en que se encontraba nuestro 
campamento. Más de una vez me dejó bien claro que 
se sentiría encantado de poner una bala en mi cabeza. 
Iba a todas partes totalmente vestido de militar y gafas 
de sol. Tenía la cabeza bastante averiada y era peligro¬ 
so. La gente le temía, justificadamente. A sus espaldas, 


Del Sur al Norte I 149 


todo el mundo le llamaba Marco Loco, pero nunca a su 
cara. Todos, excepto El Pelón. 

Los dos rancheros eran buenos amigos. El Pelón a 
menudo nos invitaba a cenar, a usar su ducha o nos 
daba hielo. A veces Marco Loco estaba en su casa. Una 
vez empezó a amenazarnos a mí y a otro compañero de 
forma contundente. El Pelón le interrumpió, “Marco, 
estas personas son mis invitados, están bajo miprotec- 
cion . 

La salud de El Pelón se deterioraba vertiginosamen¬ 
te. Empezamos a pasar mucho tiempo con él. Tenía 
flashbacks y todo tipo de lesiones nerviosas. Nunca 
dormía. No comía ni bebía nada, excepto café, y pasaba 
la noche viendo películas de guerra, fumando y tiran¬ 
do la ceniza al suelo. Tomaba cantidades de morfina y 
Oxycontin como para tumbar a un caballo. Empeza¬ 
mos a dormir en su casa de forma regular. 

Una noche se estaba formando una enorme tor¬ 
menta. Era claro que iba a llover a cántaros. Hacía frío. 
Un grupo de siete migrantes llamó a su puerta. 

“Lo siento, señor”, dijo uno de ellos a El Pelón , “va 
a llover, ¿hay algún lugar donde podamos pasar la 
noche?”. 

“Sí”, le respondió El Pelón ,“ métanse en el granero. 
Está caliente y seco. Hay suficiente paja”. Nos fuimos a 
dormir. Diluviaba, había mucho viento, rayos y relám¬ 
pagos. 

Lo primero que hicimos por la mañana fue compro¬ 
bar si alguien se había visto atrapado en la tormenta. 
No encontramos a nadie y volvimos a la casa sobre el 
mediodía para ver cómo andaba el grupo de migran- 


150 | No habrá muro que nos pare 

tes. Uno de nuestros voluntarios estaba en el camino 
de entrada. 

“ElPelón está muerto”, me dijo. “Está en la cama. Sus 
perros se están volviendo locos. Le practiqué la resu¬ 
citación cardiovascular, pero no sirvió de nada. Hace 
casi una hora llamé al 911 . Deberían llegar en cualquier 
momento”. Tan pronto lo dijo vimos una ambulancia 
y una patrulla de policía en la distancia, dando brincos 
por el largo y rocoso camino hacia la casa. Mi estómago 
se revolvió. 

Primero: había siete migrantes en el granero. Se¬ 
gundo: era totalmente consciente de que la casa de El 
Pelón estaba abarrotada de todo tipo de armas, desde 
antiguos trabucos hasta metralletas calibre 50 y todo lo 
que hay en medio. Había muchas posibilidades de que 
algo saliera mal. De repente, Marco Loco apareció de 
la nada en su cuatrimoto. No llevaba sus gafas de sol. 

“¿Dónde está ElPelóríl' Sonaba afónico. 

“ElPelón está muerto, Marco. Lo siento”, dije mien¬ 
tras agachaba la cabeza. 

Nos miramos. Con mi zapato hice un círculo en el 
polvo. “Este soy yo”, dije. Dibujé otro círculo, que toca¬ 
ba al otro en un solo punto. “Este eres tú”. Coloqué el 
pie en el punto en que ambos círculos se tocaban. “Este 
es El Pelón. Aunque no tengamos nada más en común, 
ambos lo queríamos”. Un compañero fue hacia el gra¬ 
nero a decir a los migrantes que se escondieran entre la 
paja. Marco se fue. 

La ambulancia se fue con el cuerpo de El Pelón. El 
sheriff y el médico forense les siguieron. Los migrantes 
también se fueron. Marco volvió. 


Del Sur al Norte I 151 


“Tenemos que encargamos de las armas”, me dijo. 

Desmontó cada una pieza por pieza, metódicamen¬ 
te. “Esta es legal, esta también. Esta es un problema”. Al 
día siguiente apareció por la casa un abogado. Todas las 
armas fueron depuestas legalmente. 

La siguiente vez que vi a Marco fue en la ceremonia 
en recuerdo de El Pelón, frente a su casa. Llevaba puestas 
sus gafas de sol. Al final de la ceremonia hizo tres sal¬ 
vas de honor con su pistola. Preparados. Apunten. Fuego. 
Boom. Apunten. Fuego. Boom. Apunten. Fuego. Boom. No 
me dirigió una sola palabra. 

La guerra de Vietnam terminó antes que yo naciera, 
pero igualmente mató a mi amigo El Pelón. Lo último 
que hizo en vida fue alojar a siete migrantes en su gra¬ 
nero. 

Marco dejó de sabotear las botellas de agua. Nunca 
le volví a ver. 






. 

■ te 

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í* tii S 

1 k* 




154 | No habrá muro que nos pare 


El cruce 


Ya descrita una parte del contexto voy a resumir cómo 
funciona el cruce en Sonora. No creo que sea muy dife¬ 
rente en Tamaulipas. 

La gente llega a Altar (o Matamoros, Reynosa, Agua 
Prieta, Nogales, Caborca, Sonoyta, Mexicali...) y las ma¬ 
fias la dividen en grupos. Los grupos de siete a quince 
personas son los más normales. A menudo hay dos guías. 

Como ya he dicho, a veces las mafias envían a los mi¬ 
grantes y la marihuana por las mismas rutas. Hay ventajas 
en ello: les permite usar a los grupos de personas como 
distracción. Los migrantes pueden ser una distracción 
para la marihuana, así como grupos pequeños de perso¬ 
nas pueden ser una distracción para grupos más grandes. 
La mafia tiene millones de trucos, son muy buenos en 
eso. Pueden dejar que un grupo caiga hoy en manos de 
la Patrulla Fronteriza a cambio de un favor mañana. Para 
cualquier grupo siempre existe la posibilidad de verse in¬ 
volucrado en una trampa. 

Hay veces que mantienen a los grupos separados. La 
marihuana se envía a través de rutas más escarpadas y 
los migrantes por las más sencillas. Eso en el mejor de 
los casos. Sin importar cómo se organice el tráfico, al¬ 
guien tiene que estar pendiente de la visión global. En un 
día cualquiera puede haber hasta nueve grupos saliendo 
desde Altar, además de los grupos que ya están sobre el 
terreno. Alguien ha de encargarse de que la gente no se 
encuentre, o de que si lo hace, sea por un motivo con¬ 


creto. 


Del Sur al Norte I 155 


Salen. 

Lo siguiente que ocurre podría ser descrito como un 
diagrama de flujo. Una vez que la persona sale, hay tres 
posibles resultados: llegar al destino, la deportación o la 
muerte. En el caso de que alguien consiga pasar, siempre 
existe la posibilidad de la deportación. En el caso de ser 
deportado, la persona puede intentarlo de nuevo. El ciclo 
continúa. 

Cada historia es diferente. Pero casi todas comparten 
rasgos similares. 

El grupo empieza a caminar en México. Alcanzan la 
zona de la línea fronteriza. La Patrulla Fronteriza enfoca 
su vigilancia y control aquí; es un momento delicado. Si 
nada va mal, el grupo cruza y continúa hacia el norte. 
Algunos días más tarde, si nada va mal, alcanzan la línea 
norte de control. El trabajo de la Patrulla Fronteriza tam¬ 
bién se hace presente aquí; otro momento delicado. Si 
nada va mal, encuentran su transporte, que les lleva a al¬ 
guna casa o rancho. Entonces o se les mantiene atrapados 
para cobrar un rescate o se les transporta hacia su destino. 
¿Llegan? Con suerte... 

Muchas veces algo malo pasa en el desierto. Los viaje¬ 
ros son detenidos por la Patrulla Fronteriza, o pierden a su 
guía. Si son detenidos, serán deportados, o encarcelados 
y después deportados. Si se ven separados del guía, suele 
ser por alguna de estas dos razones. La primera razón es 
que el guía les abandone porque sean incapaces de man¬ 
tener el ritmo: que estén enfermos, lesionados o en baja 
forma. La segunda razón es que sea el guía quien se pier¬ 
de del grupo, normalmente porque la Patrulla Fronteriza 
los ha dispersado. Si pierden al guía estarán perdidos en 


156 | No habrá muro que nos pare 

el infinito desierto. O encuentran a alguien o mueren. Si 
encuentran a alguien comprensivo, tendrán oportunidad 
de lograrlo, con suerte. Si encuentran a la Patrulla Fron¬ 
teriza serán detenidos. El ciclo continúa. 

La frontera está diseñada para matar personas. El sis¬ 
tema no está estropeado: funciona. 



Durante los últimos años, por fin hemos empezado 
a ver que los viajeros llevan consigo teléfonos celulares 
con servicio en Estados Unidos. Se pueden encontrar 
pagando diez veces su valor en Altar y otros puntos de 
origen cerca de la frontera. Esto significa que cuando 
alguien acaba en peligro, puede marcar el 911 , como 
cualquier otra persona (si es que hay cobertura, lo cual 
depende mucho de la zona en que te encuentres... A 
menudo no la hay, un estado de las cosas que no es 
coincidencia). 

Y donde hay cobertura, sigue existiendo el pequeño 
problema de que no todas las emergencias son trata¬ 
das de forma igualitaria. Las llamadas de emergencia 
son discriminadas por razones tales como el idioma 
o desde qué repetidor llega la llamada. Si se sospecha 
que la llamada es de alguien que está cruzando la fron¬ 
tera, se redirige hacia una línea especial de la Patrulla 
Fronteriza donde nunca contestan. No exagero. Si lo 
dudan, nobles lectores, les animo a situarse en medio 
del desierto, llamar al 911 , explicar en español que están 
perdidos y necesitan ayuda, y que vean por su propia 


Del Sur al Norte I 157 


cuenta qué es lo que pasa a continuación. Esto es algo 
totalmente ilegal según un montón de leyes estadou¬ 
nidenses: es como si un operador no enviara nunca 
una ambulancia en respuesta a las llamadas realizadas 
desde una ciudad porque la voz de la persona que llama 
“sonara negra” (ups... no será que...). Pero pasa todos 
los días. 

En algunas ocasiones los viajeros en dificultad han 
llamado al 911 y han sido informados de que no dis¬ 
ponen de suficientes datos para empezar la búsqueda; 
luego han llamado a su familia, que a su vez llama al 
consulado, el cual nos llama a nosotros. Entonces noso¬ 
tros hemos ido y encontrado a la persona que llamaba 
desde un punto conocido, exactamente donde decían 
estar. Y es que hay pocos lugares con “dos tanques de 
agua para ganado, uno lleno y otro vacío, cerca de tres 
molinos de viento al sureste de una montaña que pa¬ 
rece un elefante y al suroeste de una que parece un 
camello”, etc. Es algo que ha ocurrido más de una vez 
a pesar de que el gobierno es capaz de utilizar la geo- 
localización para triangular la posición del teléfono, y 
nosotros no, por no hablar de la diferencia de escala de 
recursos disponibles en nuestra organización y la que 
tiene el Estado. 


“Si escuchas a los perros, continúa. Si 
ves antorchas en el bosque, continúa. 
Si alguien grita detrás de ti, continúa. 
No pares nunca. Continúa. Si quieres 
hacerte la idea de lo que es la libertad, 
continúa” 


-Frase atribuida a Harriet Tubman, aunque 
quizá sea apócrifa. Hillary Clinton utilizó 
esta cita como metáfora en un discurso en la 
Convención Nacional del Partido Demócrata 
en 2008 y continuó citándola en su 
campaña electoral de 2016... 
mientras la administración para la que 
trabajaba había estado cazando a personas 
con perros cada día de esos ocho años. 
Yo me tomo el mensaje de forma 
algo más literal. 


Diseñada para matar 

¿A quién beneficia? 


El sufrimiento que acontece diariamente en la fron¬ 
tera no es un accidente. No se trata de un error ni es el 
resultado de un malentendido. Es el resultado previsible e 
intencionado de las políticas implantadas en todos los ni¬ 
veles de los gobiernos de ambos lados de la frontera. Estas 
políticas tienen objetivos racionales y benefician directa¬ 
mente a ciertos sectores identificables de la población de 
los dos países. Puede ser algo malvado, pero no estúpido. 
Si esto suena algo estridente, déjenme explicar cómo lo 
he percibido sobre el terreno. 

Tan pronto empecé a trabajar en el desierto me di 
cuenta de ciertas peculiaridades en la forma de operar 
de la Patrulla Fronteriza. Vigilaban y actuaban mucho 
en ciertas áreas y muy poco en otras, sin que eso corres¬ 
pondiera necesariamente con las “zonas calientes” o con 
las zonas de poco tráfico. De hecho, a menudo su ac¬ 
cionar se desarrollaba de tal forma que parecía conducir 
(en vez de frenar) el tráfico hacia zonas más concurri¬ 
das, donde la Patrulla Fronteriza mantenía un perfil bajo 
hasta el punto más al norte de la ruta. En ese punto volvía 
a actuar (moderadamente), pero para nada lo que ima¬ 
ginarías teniendo en cuenta la cantidad de gente que se 
mueve por ahí. 


159 







W, 





Del Sur al Norte I 161 


Responda a la pregunta de quién se 
beneficia o lucra más directamente 
de una acción, evento o resultado y 
tendrá siempre el punto de partida 
del análisis o investigación, y a veces 
también el punto de llegada. 
-Sir Arthur Cortan Doyle 


Entonces empezaron a construir un montón de torres 
de vigilancia. Pero, de nuevo, las torres no se construían 
en los lugares con más tráfico, sino en sus márgenes. Pa¬ 
recía, otra vez, que su intención era forzar el movimiento 
hacia las rutas más concurridas. ¿Qué estaba ocurriendo? 
A su vez, no paraba de encontrarme con migrantes cuyos 
grupos habían sido divididos por helicópteros. La Pa¬ 
trulla Fronteriza les sobrevolaba a unos pocos metros de 
altura, lo que hacía que todo el mundo empezara a correr 
en direcciones diferentes, y al poco rato treinta personas 
acababan merodeando por el desierto en grupos de dos 
o tres personas. Lo que parecía más raro es que la Patru¬ 
lla Fronteriza a menudo no hacía esfuerzo alguno para 
capturar a nadie tras dispersarlos... simplemente volaban 
hacia otro lado. ¿Por qué? 


0 


162 | No habrá muro que nos pare 

Recibimos una llamada del consulado mexicano. 
La familia de una persona les había contactado. Hacía 
nueve días que estaba desaparecido. La última vez que 
alguien le vio estaba cerca de un arroyo, con una costilla 
rota. Creyeron que estaba cerca de nuestra zona. Bus¬ 
camos y buscamos durante una semana, pero nunca le 
encontramos. Su hermano, que tenía documentación, 
llegó con un caballo. Peinó el desierto a lomos del caba¬ 
llo durante una semana y acabó encontrando el cuerpo 
sin vida de su hermano. 

Dos semanas después, un hombre llegó a pie a nues¬ 
tro campamento. En una mano cargaba una de nuestras 
botellas de agua de litro y medio casi vacía, y en la otra 
una camiseta blanca atada a un largo palo. Me puso la 
botella casi debajo de la nariz y me dijo, “¡Esta agua me 
ha salvado la vida! ¡Estaba rezando a Jesús para encon¬ 
trar agua! ¡Estaba seguro que iba a morir y encontré 
este agua en el desierto! ¡Creo que la Migra va dejando 
agua a lo largo de los caminos!” 

“No es así”, dije. “A la Migra no le importa un carajo 
si alguien vive o muere. Nosotros dejamos esa agua”. 

“¡Cabrones!”, contestó. “He estado agitando esta 
camiseta hacia sus helicópteros durante tres días. 
Simplemente me sobrevolaban. Cuando quieres que 
aparezcan se esfuman y cuando no quieres saber nada 
de ellos, ahí están”. Comprobé las marcas en la botella. 
La habíamos dejado hacía dos semanas, en una loca¬ 
lización inusual a la que fuimos únicamente cuando 
estábamos buscando a la persona que murió. 


Del Sur al Norte I 163 


A lo largo de los años, No Más Muertes ha desarro¬ 
llado una comprensión bastante exhaustiva de la zona 
que cubrimos, que en algunos momentos ha sido uno 
de los lugares más transitados de toda la frontera. Nos 
hemos formado una imagen bastante clara en la que en 
todo momento sabemos desde qué lugar empieza el trᬠ
fico, hacia donde va, cómo llega, donde se masifica y qué 
zonas están tranquilas, las zonas donde los inmigrantes 
pueden quedar rodeados y así. Creo sinceramente que si 
trabajara en la Patrulla Fronteriza y me indicaran cual¬ 
quier punto en el mapa, sabría cómo hacer para cerrar el 
tráfico. No es ninguna ciencia. Fiay que tener en cuenta 
que nuestro trabajo ha sido realizado por voluntarios civi¬ 
les sin entrenamiento, armados con localizadores GPS de 
los baratos, algunos camiones viejos, software de mapeo 
muy básico, sencillos teléfonos celulares con servicio bas¬ 
tante irregular y un presupuesto muy limitado. ¿Parece 
lógico que nos las arreglemos mientras el gobierno esta¬ 
dounidense no puede, a pesar de contar con helicópteros, 
drones, sensores electrónicos, flotas de camiones en buen 
estado, sistemas de visión nocturna, sistemas de comuni¬ 
cación, vigilancia y mapeo de última generación, decenas 
de miles de empleados y un flujo ilimitado de dinero para 
malgastarlo a la más mínima oportunidad? 

Mi respuesta es que no es lógico. Entonces, ¿qué está 
pasando? 

Si crees literalmente en los objetivos que declaran 
tener en la frontera, nada de todo esto tiene sentido. Si 
por el contrario consideras que los objetivos reales no son 
los que dicen tener, las cosas empiezan a cobrar sentido. 
El trabajo de la Patrulla Fronteriza, y los objetivos reales 


164 | No habrá muro que nos pare 

de las políticas que ejecutan, no es parar la inmigración 
ilegal. Es administrar y controlar esa migración. 

¿Pero con qué fin? ¿Para beneficio de quién? Acomó¬ 
dense, porque es complicado. 

Primero, es claro como el agua que la economía 
estadounidense depende en no poca medida de la explo¬ 
tación de los indocumentados. Tú lo sabes, yo lo sé, los 
guatemaltecos que trabajan instalando el aire acondicio¬ 
nado en el Trump International Hotel lo saben, pero es 
algo extremadamente tabú para decirlo en voz alta y en 
público. Lo siento, pero cualquiera con un mínimo de 
sentido común debería ser capaz de ver que si el gobierno 
realmente quisiera construir un muro de Berlín de 3000 
km de largo y luego, de alguna manera, atrapar y depor¬ 
tar a los casi 12 millones de personas indocumentadas del 
país, habría una masiva e inmediata interrupción en los 
sectores agrícola y en el de la explotación animal, por no 
mencionar el sector de la construcción, lo que probable¬ 
mente conllevaría serias dificultades en la distribución de 
alimentos a nivel nacional y posiblemente, hambrunas. 
No exagero. 

Las personas que redactan las políticas fronterizas no 
son tontas. Entienden esto perfectamente, aunque es evi¬ 
dente que no lo comprenden así la mayoría de personas 
que han votado a Trump para presidente. Sin importar lo 
que cualquier político o experto diga, no creo que nadie 
vaya a poner fin a la inmigración ilegal mientras el tra¬ 
bajo de indocumentados sea necesario para mantener la 
estabilidad del sistema económico. Pero para aquellos de 
nosotros a los que no nos gusta ver a la gente tratada de 
esta forma extrema, no es una buena noticia, porque lo 


Del Sur al Norte I 165 


que importa es que esa migración continuará siendo ad¬ 
ministrada y controlada. 

La frontera es una farsa enfermiza con un desenlace 
mortal. Su objetivo es hacer que entrar en el país sin pa¬ 
peles sea extremadamente peligroso, traumático y caro, 
pero posible. La meta no es impedir que la gente venga, 
nada más lejos de la realidad. Es para asegurar que cuando 
finalmente lleguen, la amenaza de deportación signifique 
algo muy serio. Implica gastar mucho dinero. Implica 
arriesgar tu vida para volver. Implica que quizá nunca 
vuelvas a ver a tu familia. Para los empresarios estadou¬ 
nidenses supone un enorme y desechable suministro de 
mano de obra que es vulnerable, y por ello fácil de ex¬ 
plotar, lo que a su vez conlleva la baja de salarios para los 
trabajadores con ciudadanía estadounidense. Es por ello 
que el viejo dicho acerca de que “los inmigrantes vienen 
a nuestro país para robarnos el trabajo” es tan convincen¬ 
te. Como muchas buenas mentiras, es poderosa porque 
omite la parte más importante de la verdad. 39 


39 La mentira pasa a ser aun convincente cuando los autopro- 
clamados liberales (más exactamente, neoliberales) responden 
con una mentira de cosecha propia, “Realizan los trabajos que 
los estadounidenses no quieren hacer”. Falso. Estados Unidos 
cuenta con millones de personas crónicamente desempleadas, 
empleadas a tiempo parcial, no cualificadas o semi-cualificadas 
con la ciudadanía en regla. Muchas de ellos estarían felices de 
trabajar en muchos de los empleos que ahora realizan los tra¬ 
bajadores indocumentados si ese trabajo estuviera pagado de 
forma razonable (unos 15$ la hora), en vez de los 6 a 8 dólares 
que se les pagan, salario que únicamente es factible gracias al 
control migratorio y al intercambio desigual. Yo debería saber¬ 
lo, soy uno de esos trabajadores. 



166 | No habrá muro que nos pare 

Aquellos que creen que la inmigración y el control 
fronterizo protegen los trabajos o los salarios de los tra¬ 
bajadores estadounidenses están interpretando realmente 
mal la situación. Incluso si limitamos el alcance de nues¬ 
tro análisis al comportamiento competitivo del mercado, 
parece claro que si los trabajadores indocumentados no 
estuvieran sujetos a riesgos y presiones tan extraordinarias, 
actuarían como cualquier otra persona para obtener el 
mayor salario que el mercado pudiera ofrecer. De hecho, 
a pesar de tener que superar obstáculos que no afectan a 
otros trabajadores, los indocumentados han demostrado 
ser capaces de luchar una y otra vez por mejores salarios. 
Pero son el control fronterizo y el de la inmigración los 
que hacen bajar los salarios: ese es el objetivo. 

Aquí hay otra pista que es fácil de seguir: 

Los inmigrantes mexicanos y centroamericanos son 
los suplentes del “coco” en la política estadounidense, 
siempre a mano para cuando no haya nada más con que 
aterrorizar a los ciudadanos. 40 El alarmismo anti-inmi- 
gratorio aumenta y decrece precisamente con la aparente 
amenaza del terrorismo jihadista. Cada vez que hace falta 
un peligro claro y preciso, el llamado debate sobre la 


40 A lo largo de los años, en Estados Unidos varias identidades 
han servido como chivos expiatorios. Ver “Heteropatriachy and 
the Three Pillars of White Supremacy” (Heteropatriarcado y 
los tres pilares de la supremacía blanca), de Andrea Smith, que 
define al “salvaje”, al “animal” y al “extranjero” como símbolos 
nacionales a los que acudir para justificar el genocidio, la escla¬ 
vitud y la guerra, respectivamente. Es un texto útil, pero creo 
que es mi deber mencionar que la autora se metió en un gran 
problema al afirmar durante años que era indígena cherokee, 
cuando no es cierto. 



Del Sur al Norte I 167 


inmigración se convierte, en la práctica, el tema de segu¬ 
ridad nacional más importante para los políticos. 

Hay otros dos factores que complican la ecuación: el 
estado de la economía estadounidense y el estado de 
sus movimientos sociales. El sentimiento anti-inmigra- 
ción cobra importancia cuando la economía va mal y 
requiere de menos mano de obra indocumentada; pasa 
a ser menos importante cuando la economía va bien y 
necesita más. 41 De forma similar, ese sentimiento cobra 
relevancia cuando los movimientos sociales son débiles, y 
languidece cuando son fuertes. 42 Estos son los problemas 
algebraicos de la ansiedad en Estados Unidos: rellena los 
valores y podrás obtener el resultado. Ambos partidos po¬ 
líticos en Estados Unidos están siempre intentando sacar 
el máximo provecho de estas dinámicas. 

La estrategia del Partido Demócrata tiene pequeños 
matices. Lo primero que hacen es culpar al Partido Repu¬ 
blicano por la falta de progresos en temas de inmigración. 
Esperan así mantener el apoyo de votantes de las comu¬ 
nidades inmigrantes. Segundo, a no ser que sus bases les 
presionen de forma severa para hacerlo, no impulsarán 
medidas pro-inmigración alguna. Si algo bueno salió de 


41 En el tema del control migratorio pasa lo mismo. 

42 Uno de los éxitos no reconocidos al movimiento Occupy fue 
que cambiaron los términos del debate sobre la inmigración. La 
utilización de los inmigrantes como “chivo expiatorio” fue más 
intensa desde el principio de la crisis financiera en 2008 hasta 
el nacimiento del movimiento Occupy en 2011. A partir de 
entonces, pasó a ser aceptable el echar la culpa a los banqueros 
y al sector financiero en vez de a los personas indocumentadas. 
Esto ayudó a obligar a la administración Obama a realizar los 
cambios en sus políticas en 2013 y 2014. 



168 | No habrá muro que nos pare 

la administración Obama en cuestión de reformas en el 
tema de la inmigración fue por la presión, es la única 
razón por las que se han llevado a cabo. Los Demócratas 
esperan que esa inacción les evite alienar a los votantes 
anti-inmigrantes. Tercero, aumentaron el número de 
deportaciones a niveles no vistos hasta entonces, ni si¬ 
quiera imaginados. La administración Obama deportó, 
cada uno de los 8 años de su mandato, a más personas 
de las que ninguna otra administración lo hiciera, a unas 
400.000 personas al año. Del 2009 al 2013 las depor¬ 
taciones crecieron de forma constante, bajaron algo en 
2014 y 2015, y repuntaron en 2016, cuando el gobierno 
intentó deportar a aquellos que cruzaron en el periodo 
de 2013-2014 del que hemos hablado antes. Todo esto, 
asumiendo que se pueda confiar en las famosamente 
flexibles estadísticas estatales, algo por lo que no aposta¬ 
ría demasiado. 

Cuando necesiten cortejar a los votantes conservado¬ 
res, los Demócratas podrán utilizar esos números para 
pregonar sus credenciales respecto a “la ley y el orden”. 
Y a la inversa, pueden elaborar otras estadísticas que les 
hagan parecer compasivos cuando necesiten complacer a 
los liberales. El Partido jugó a la rutina de “Peanuts” du¬ 
rante 8 años, excepto que en esta versión Charlie Brown 
no solo pierde el balón, sino que además acaba atrope¬ 
llado por el autobús. Se podría opinar que todo habría 
sido mejor con los Republicanos, puesto que no les ha¬ 
bría puesto nerviosos el ser flanqueados por la derecha 
en temas de seguridad nacional. Esta estrategia funcionó 
bien para los Demócratas, pero no tanto para los cien¬ 
tos de miles de familias que desmembraron, o para las 


Del Sur al Norte I 169 


miles de personas cuyos huesos están desparramados por 
el desierto. En el momento en que escribo esto, los De¬ 
mócratas se están bajando del escenario, habiendo roto 
todas sus promesas, ofreciendo mansamente las riendas 
del poder a los nacionalistas blancos. Gracias y buenas 
noches a todos: no podríamos haberlo hecho sin ustedes. 

La estrategia Republicana es más directa: apelan di¬ 
rectamente al miedo y al racismo. Está claro que sigue 
siendo una apuesta ganadora. 43 A pesar de ello, se pueden 
ganar batallas y perder la guerra. A pesar de que Donald 
Trump haya ganado las elecciones, la estupidez del Par¬ 
tido Republicano es increíble. Si hubieran sido listos, los 
Republicanos habrían aprobado algún tipo de reforma 
migratoria y de amnistía durante la primera administra¬ 
ción de Bush, tal como la administración Reagan lo hizo 
en 1986. Podrían haber aprobado cualquier cosa tras los 
ataques del 11-S... pero todos sabemos qué es lo que aca¬ 
baron haciendo. Si hubieran aprobado alguna reforma de 
ese tipo, se podrían haber ganado el voto de toda una 
generación de latinos, y el partido habría sido capaz de 
retener el poder durante un tiempo. En vez de ello, igno- 


43 Apenas un millón más de personas votaron a los Republicanos 
en 2016 que en 2012. En 2012 les votó un millón más de per¬ 
sonas que en 2008. En 2016, los Demócratas fueron votados 
por seis millones menos de personas que en 2008 y Clinton 
todavía ganó el voto popular. Así, la lección de las elecciones de 
2016 no es que sea que las bases del Partido Republicano hayan 
crecido, menos teniendo en cuenta que la población ha aumen¬ 
tado casi 20 millones desde 2008. Más bien es que tras ocho 
años de desencanto, un buen porcentaje de las bases del Partido 
Demócrata parece haber perdido la fe en el proceso político. 
















172 | No habrá muro que nos pare 

raron la cambiante demografía del país y se decantaron 
hacia la supremacía blanca. 

Esta estrategia ha resultado ganadora al menos una vez 
más, y los Republicanos han acabado definiéndose como 
el partido de la xenofobia pura y dura y del retrógrado 
“poder blanco” en un país crecientemente multirracial y 
con una generación que ha crecido con el hip-hop. No 
creo que sea una estrategia ganadora a largo plazo. Lo 
más probable es que se les vuelva en contra en 2020, si 
no antes. Y cuando lo haga, puede que destroce al partido 
por dentro, si es que no lo hace con el país entero. 

Aquí tienen un último indicio para ayudar a en¬ 
tender el propósito real de la frontera: buena parte de 
la legislación que se convierte en política del gobierno 
es redactada por las empresas que esperan aprovecharse 
de ella. El borrador de La Ley Estatal 1070 de Arizona, 
que pretendía que la policía encerrase a cualquier perso¬ 
na que no pudiera demostrar haber entrado legalmente 
en el país, fue propuesto en el Grand Hyatt Hotel (en 
Washington DC, en la otra punta del país), por las au¬ 
toridades del multimillonario Corrections Corporation 
of America (CCA-Corporación de Correccionales de 
Estados Unidos), la empresa de cárceles privadas más 
grande del país. 44 Esto ocurrió durante un encuentro del 
American Legislative Exchange Council (ALEC-Consejo 
Americano de Reformas Legislativas), una organización 
compuesta por legisladores estatales y poderosas em- 


44 La CCA se volvió a llamar CoreCivic después de perder el con¬ 
trato para la gestión de las prisiones bajo la Agencia Peniten¬ 
ciaria. 



Del Sur al Norte I 173 


presas. La ley, que fue parcialmente rechazada pero que 
sirvió como modelo para leyes casi idénticas que se apro¬ 
baron en otros Estados, se diseñó para enviar a cientos de 
migrantes a la cárcel, lo que implica cientos de millones 
de dólares en beneficios para empresas como CCA, res¬ 
ponsables de “acoger” a los presos. El interés de este tipo 
de empresas no es parar completamente la inmigración 
ilegal; su interés es que lleguen suficientes inmigrantes 
como para llenar sus celdas. 

Así, ¿quién se beneficia de toda la muerte que ocurre 
en el desierto? En un sentido amplio: toda la clase do¬ 
minante. Pero no acaba ahí, de ninguna manera. Para 
explicar bien esta historia, deberemos retroceder un poco. 

Recapitulando: la firma del TLCAN (Tratado de 
Libre Comercio de América del Norte) en 1994 des¬ 
truyó al sector agrícola mexicano y dio lugar al tsunami 
migratorio hacia los Estados Unidos. Ese mismo año, la 
administración Clinton lanzó la Operation Gatekeeper 
(Operación Guardabarrera), un programa que incremen¬ 
tó masivamente la financiación de las operaciones de la 
Patrulla Fronteriza en la zona de San Diego (California). 
El gobierno federal aumentó considerablemente la vigi¬ 
lancia y el control en ese sector, y construyó un muro 
de 23 kilómetros entre San Diego y Tijuana. La Ope¬ 
ration Gatekeeper marcó el inicio de una carrera de dos 
décadas por una creciente militarización de la frontera, 
que continuaría creciendo incesantemente durante las 
administraciones de Clinton, Bush y Obama, y que sin 
duda continuará con la presidencia de Trump. Cada año 
hay más efectivos de la Patrulla Fronteriza, de la Guardia 
Nacional, más helicópteros, más vallas, más torres, más 


174 | No habrá muro que nos pare 

puntos de control, más sensores, más armas y más perros 
alrededor de la frontera. 

Todas las personas que me han hablado del tema me 
comentaron que antes era mucho más fácil cruzar la fron¬ 
tera que ahora. 43 La mayoría de gente cruzaba la frontera 
en zonas urbanas relativamente más seguras, como El 
Paso, San Diego o el Valle del Bajo Río Grande en Texas. 
Desde que la Operation Gatekeeper se puso en marcha, 
la Patrulla Fronteriza hizo mucho más difícil la entrada 
al país por esos lugares; con el paso de los años, ha diri¬ 
gido metódicamente el tráfico hacia zonas montañosas y 
desiertos cada vez más remotos, cobrándose muchas más 
vidas. Llegados a este punto, creo que el juego está llegan¬ 
do al final. El gobierno ha desviado el tránsito hacia las 
más recónditas y mortíferas zonas de la frontera, que es 
donde quieren que esté. Esto no significa que la situación 
sea totalmente estática (la Patrulla Fronteriza se centra de 
vez en cuando en alguno de esos agujeros y deja otros más 
desocupados), pero en general creo que es más o menos 
estable. Queda por verse si la nueva administración fun¬ 
damentalmente cambiará esto. 

Estos cambios han provocado algunos efectos secunda¬ 
rios interesantes. Como he dicho, en décadas anteriores, 
mucha gente venía a Estados Unidos a trabajar en tem¬ 
porada y no volvían hasta el año siguiente. Ahora que 
entrar en el país es un tormento, se ha convertido en algo 
mucho menos común. La gente que viene normalmente 
se queda todo el tiempo que puede. 


45 En nuestra zona definitivamente era más fácil en 2008 que en 
2016. 



Del Sur al Norte I 175 


La mayoría de gente que cruzaba solían ser hombres 
cuyas familias se quedaban al sur de la frontera. Ahora 
hay muchas más mujeres y niños que cruzan, ya que 
no es factible que los hombres trabajen en el norte sin 
que eso signiñque perder a su familia para siempre. Fi¬ 
nalmente, hay muchas más personas que han vivido en 
Estados Unidos por largo tiempo que intentan volver a 
sus hogares tras ser deportadas. Este grupo de personas 
enfrentan un dilema particularmente duro si en el ca¬ 
mino se topan con problemas. A menudo he escuchado 
a personas cuyos niños viven al sur de la frontera decir 
cosas como: “Creí que iba a morir, y solamente podía 
pensar en mis hijos. Es mejor que intente volver a casa 
en vez de arriesgarme de nuevo a morir”. Y a gente cuyos 
hijos viven al norte de la frontera decir algo parecido a 
“Si he de arriesgar morir para volver a casa para estar con 
mis niños, lo haré”. 



Mi compañero y yo conducíamos por la carretera. 
Tres hombres estaban parados ahí: un joven, un adulto 
y un tipo realmente grande. “¿Cómo están?”, les pre¬ 
gunté. 

“No muy bien”, respondió el joven. “Nuestro guía 
nos abandonó y hemos estado totalmente perdidos 
durante tres días. Estamos exhaustos, ya no podemos 
continuar. ¿Podrías llamar a la Migra para que nos re¬ 
coja?” 


176 | No habrá muro que nos pare 

“Sí, claro, puedo hacerlo si es lo que quieren”, le dije. 
“Patrullan por aquí todo el rato, me sorprende que no 
se los hayan cruzado”. 

“Sí, por favor, llámalos. No queremos seguir así” 

“¿Están seguros?” 

“Sí.” 

Llamé a la Patrulla Fronteriza y les di nuestra loca¬ 
lización. Mientras esperábamos el joven y el adulto se 
sentaron juntos, mientras el tipo grandote estaba es¬ 
tirado al otro lado de la carretera con sus brazos tras 
la cabeza y los pies apoyados en una roca. Estaba claro 
que el joven y el adulto eran buenos amigos, y que a 
ninguno de ellos les agradaba mucho el grandote. Le 
llamaban “Flaco”, lo que no era muy amable. “Ese tipo 
es un cabronazo”, dijo el joven. “Espero no volver a 
verlo”. 

Un rato más tarde le preguntó a mi compañero 
si podía usar su teléfono celular. “Mi mujer y mi hija 
recién nacida viven en Los Ángeles”, dijo. “Quiero de¬ 
cirles que estoy bien”. Agarró el teléfono y se alejó para 
llamar. 

Volvió diez minutos más tarde. Antes de la llamada 
se mostraba calmado y dueño de sí mismo. Ahora pa¬ 
recía profundamente perturbado y por las mejillas le 
corrían lágrimas. “¡A la mierda!”, dijo. “Me voy. Mi bebé 
está enferma. Me necesita. ¿Dónde estoy? ¿Cómo me 
voy de aquí?¿Hacia dónde está el norte? ¿Me podrías 
dar algo de agua? ¿Tienen algo de dinero?” 

“¡Jesús!”, dije yo. “Hace una hora que llamé a la 
Migra. Van a llegar en cualquier momento. ¿Qué quie¬ 
res hacer?” 


Del Sur al Norte I 177 


“Me voy de aquí”, dijo. 

El adulto se acercó corriendo hacia él. “¿Qué está 
pasando?”, preguntó. “¿Estás bien?” 

“Carina está enferma. Me necesita. Voy a ir a verla.” 

“Espera, eso es una locura”, dijo el adulto. “¿Cómo 
vas a...? 

“¿Cuán lejos está? ¿Tienes algo de comida?”, me pre¬ 
guntó el joven. 

“Creo que es muy mala idea que vayas solo”, le ex¬ 
pliqué. “Podrías morir y eso no haría ningún bien a 
tu hija. Quizá deberías volver, descansar, juntarte con 
otro grupo y volverlo a intentar en una semana o dos”. 

Movió la cabeza, todavía llorando. “Puede que mi 
hija necesite una operación. Va a ser muy costosa. No 
puedo permitirme volver a pagar para cruzar. No tengo 
tiempo de hablar. Ya vienen.” Empezó a caminar hacia 
las montañas. 

El adulto me miró, miró al joven, me volvió a mirar 
y volvió a mirar a su amigo. “Espera Paco... Bien, voy 
contigo”. 

Les puse tanta agua y comida en sus manos como 
pude. “¿Ven esas montañas allá? Vayan en esa direc¬ 
ción. Cuando se acerquen, diríjanse hacia esas otras. La 
autopista está ahí. Si necesitan ayuda, es el único lugar 
donde la pueden encontrar. ¿Tienen algo de dinero?” 
Ambos negaron con la cabeza. Les di cinco dólares. En 
ese momento de mi vida es la pura verdad que eran los 
últimos cinco dólares que tenía. Se fueron. 

En todo ese rato, Flaco ni se movió. “Esto no me 
gusta nada”, me dijo mi compañero. “Has llamado a la 


178 | No habrá muro que nos pare 

Migra dando aviso de tres personas, ¿y ellos llegarán y 
solamente verán a una sola? No es bueno”. 

“Sí”, contesté. “Vámonos de aquí”. Me dirigí a Flaco, 
“Ummm, nos vamos. Aquí tienes algo de agua y comi¬ 
da. Siempre demoran en llegar, pero llegarán. No te 
muevas, ¿de acuerdo?” 

“Sí, lo que sea”, dijo él. Nos fuimos conduciendo, sin 
saber qué pasó con ninguno de ellos. 

0 


Como espero haber dejado claro, la política de dirigir 
el tráfico de migrantes hacia zonas extremadamente pe¬ 
ligrosas no implica una intención de detener o siquiera 
disuadir a las personas que quieren entrar ilegalmente al 
país. Esta compleja y perversa estrategia tiene varias ven¬ 
tajas. Permite a los políticos quedar bien frente a la cámara 
mientras siguen suministrando a la economía estadouni¬ 
dense los trabajadores agrícolas y empacadores de carne 
de los que depende. Proporciona grandes oportunidades 
a grandes empresas para conseguir enormes contratos gu¬ 
bernamentales, por ejemplo: el transporte de migrantes 
a las empresas Wackenhut y G4S, a la Corrections Cor¬ 
poration of America a detenerlos, y a Boeing construir 
infraestructura de vigilancia. Justifica los elevados salarios 
de las cerca de 20.000 personas que trabajan para la Pa¬ 
trulla Fronteriza. Tiene otros beneficiarios también, de 
los que hablaré brevemente. En conjunto, la militariza¬ 
ción de la frontera se entiende mejor si imaginamos una 
enorme vaca lechera de la cual las empresas van a extraer 


Del Sur al Norte I 179 


hasta la última gota, un proyecto que a nivel económico 
quizá solo sea comparable a la guerra de Irak. 

El resultado de esta política es de lo más educativo. Al 
igual que antes era más fácil cruzar la frontera, también 
solía ser más barato. Algo que no sorprenderá a nadie 
familiarizado con las leyes de la oferta y la demanda. 
Cualquier servicio será más caro si cada vez es más difícil 
de proporcionar, y el servicio de hacer pasar clandestina¬ 
mente a las personas por la frontera es un caso práctico 
en el estudio de esta ley. Los precios crecieron y crecieron 
al tiempo que la Patrulla Fronteriza alejaba más y más a 
la gente de las ciudades y establecía más y más puntos de 
control que hacían el viaje más y más largo, hasta que 
llegó un punto en que el beneficio de mover a las per¬ 
sonas era tan grande como el de transportar drogas. En 
ese momento, los cárteles que ya controlaban el negocio 
de la droga reconocieron una excelente oportunidad co¬ 
mercial, acabaron con la competencia y se adueñaron del 
juego. 

Esto transformó lo que había sido un negocio relati¬ 
vamente moderado en una industria lucrativa, altamente 
centralizada y crecientemente brutal con miles de millo¬ 
nes de dólares en juego. No hay duda de que los cárteles 
están entre los principales beneficiarios de las políticas 
mexicanas y estadounidenses, que desde el fin de la 
Guerra Fría hacen referencia a drogas, comercio e inmi¬ 
gración. 

De forma nada sorprendente, el ascenso de los cárteles 
hasta la posición de dominio absoluto en lo que es una 
industria al alza conllevó un enfoque masificador y a una 
metodología extraordinariamente inhumana. A menú- 





Del Sur al Norte I 181 


do he escuchado a estas organizaciones ser denominadas 
redes de polleros (teniendo en cuenta que pollo es el nom¬ 
bre que le damos a un gallo o gallina muerto). Esto da 
cierta idea del grado de atención que estas organizaciones 
suelen invertir en cada ser humano a través del proceso 
de llevar a la gente hacia Estados Unidos. Ele visto gru¬ 
pos de hasta 50 personas, y he oído hablar de grupos de 
hasta cien, ser dirigidos por el desierto literalmente como 
un rebaño, con los enfermos y heridos atrás, intentan¬ 
do seguir el ritmo. He conocido a gente a la que se le 
había prometido que, lo que en el mejor de los casos es 
un exigente viaje de cuatro o cinco días, les iba a llevar 
solamente 12 horas; también he escuchado muchos rela¬ 
tos de cómo muchas personas han sido abandonadas sin 
pensarlo por sus guías cuando no podían seguir el ritmo. 

Como resultado de la militarización de la frontera, los 
precios han crecido hasta el punto que a los centroameri¬ 
canos les puede costar casi 10.000 dólares ser conducidos 
a Estados Unidos. Las tarifas para los mexicanos varían 
mucho, pero no son nada económicas. 

No te sorprenderá el hecho de que muchas de las 
personas que desean migrar no tienen 10.000 dólares al 
alcance de la mano. Los cárteles han desarrollado varias 
soluciones ingeniosas para este problema, que a menu¬ 
do implican secuestros o servidumbre por contrato. He 
conocido a personas que han estado años trabajando en 
Estados Unidos simplemente para poder pagar la cuota 
inicial, algunos de ellos retenidos en condiciones de 
trabajo esclavo. He conocido a otros que consiguieron 
atravesar el desierto y fueron inmediatamente retenidos 
para pedir rescate por los mismos grupos que los con- 


182 | No habrá muro que nos pare 

dujeron. Aquellos que consiguieron algunos miles de 
dólares más fueron liberados. Aquellos que no fueron 
golpeados durante días y devueltos al desierto, donde la 
Patrulla Fronteriza, que claramente tenía algún tipo de 
arreglo con los secuestradores, les detuvieron en cuestión 
de minutos para ser deportados. No estoy bromeando. Es 
todo un escándalo. 



Como los tres reyes magos, Nacho, Chucho y Don 
Bigotes aparecieron justo antes de navidad. Habían es¬ 
tado juntos en las buenas y en las malas. 

Chucho era de Ciudad de México, veintipocos años. 
Era grande, fuerte y de pocas palabras. Se podía adivi¬ 
nar que sabía defenderse con los puños. Chucho era un 
gran grafitero, hacía buenas bases musicales y se sabía 
letras enteras de artistas del hip hop latino. Era básica¬ 
mente un b-boy y podría hacerse espacio en cualquier 
lugar donde se reconozca la cultura del hip-hop. Tenía 
una gran presencia en las redes sociales, por decir lo 
menos. 

Nacho tenía treinta y muchos años, y era hondu- 
reño. Había vivido y trabajado sin documentación en 
México durante 15 años. Eso quedaba demostrado con 
su asombrosa habilidad para cambiar entre las dife¬ 
rentes formas en que se habla español en Honduras y 
México. Cuando quería sonaba como un hondureño de 
pura cepa. En caso de necesidad, cambiaba su registro 
para adaptar su lenguaje, utilizar el argot y las formas 


Del Sur al Norte I 183 


gramaticales para sonar como un mexicano. Hasta 
hoy no he conocido a nadie que lo hiciera mejor que 
él. Además, era alguien realmente trabajador. No podía 
estarse quieto. Hacía el desayuno para todos, lavaba los 
platos, limpiaba la cocina, barría la carpa médica, orga¬ 
nizaba la ropa, mochilas y zapatos, revisaba el nivel de 
aceite de los camiones, separaba las basuras para reci¬ 
clar, botaba la basura, compostaba los desechos de los 
lavabos, rellenaba las bolsas de agua para la ducha o se 
deslizaba bajo el tráiler para espantar a los mapaches 
con una escoba. Todo esto antes del mediodía. Hacía 
más en media hora de lo que cualquier voluntario hacía 
en un día entero. Debimos haberle pagado por trabajar 
de esa manera. También le gustaba abrazar a la gente. 
Me daba un abrazo de buenos días, un abrazo cuando 
abandonaba el campamento, otro cuando volvía, otro 
a la hora de comer y uno de buenas noches. Nunca 
eran demasiados. Nacho era un ser humano realmente 
bueno. También era muy bajito. 

Con todo lo memorables que eran Nacho y Chucho, 
Don Bigotes era el premio mayor. Tenía 54 años y era 
más duro que el acero. Nació en jalisco, había vivido 
durante 35 años en Estados Unidos, había trabajado 
por todo el país como instalador de tuberías, operario 
de maquinaria pesada, de minero bajo tierra, trabaja¬ 
dor de campos petrolíferos y ese tipo de trabajo duro. 
Tenía un bigote tan enorme, tan fiero y tan viril que 
podía ser únicamente descrito con un título honorífi¬ 
co, y en plural. Todo el mundo le llamaba Don Bigotes. 
Además de parecer el hermano mayor de Pancho Villa, 
hablaba como él, con un ruidoso gruñido de barítono 


184 | No habrá muro que nos pare 

subrayado por fuertes palabrotas y memorables juegos 
de palabras. La primera vez que le vi estaba sin cami¬ 
seta, y me fijé en una herida de bala en la zona lumbar, 
con un agujero de salida justo en el otro lado. 

“Algún pinche güey me disparó en una lavandería 
en Wyoming”, me dijo. “En 1987 ”. Esa era la historia. 

El trío había pasado por un auténtico infierno, y ha¬ 
bían estado juntos las 24 horas durante semanas. Las 
dinámicas de su asociación eran hilarantes. Cierta vez, 
Chucho y yo hablamos de Don Bigotes y el personaje 
épico que era. 

“¿Te ha explicado cuando un tipo, con cuya esposa 
se estaba acostando, le disparó en la lavandería?”, me 
preguntó Chucho, cuyos ojos brillaban maliciosamen¬ 
te. Se desternilló de risa triunfante cuando le dije que 
Don Bigotes había omitido ese detalle salaz. 

Pero las mejores interacciones se daban entre Nacho 
y Don Bigotes. A veces Don Bigotes tenía un humor 
de perros. No le culpo. El país donde había creado un 
hogar y le rechazó tras haber aceptado su trabajo du¬ 
rante 35 años, le abandonó en el desierto, en Navidad, 
a 1500 km de su casa y de su familia, al poco tiempo de 
escapar de la muerte. Su rabia ante esta situación era 
algo terrible de ver. Para esos momentos, Nacho y Don 
Bigotes tenían un ritual. 

“¡Don Bigotes!”, exclamaba Nacho. “¡No estás bien! 
¡Estás molesto! ¡Necesitas un abrazo!” 

“No, no lo necesito”, respondía Don Bigotes, mi¬ 
rando al infinito con sus puños cerrados, parecía que 
quería asesinar a Dios. “No me abraces, Nacho” 

“¡Sí! ¡Sí! ¡Lo haré! ¡Te voy a abrazar, Don Bigotes!” 


Del Sur al Norte I 185 


“No me abraces Nacho, no quiero tu abrazo” 

“¡Te estoy abrazando, Don Bigotes!” 

“Deja de abrazarme, Nacho” 

“¡No! ¡No voy a parar, Don Bigotes!” 

Y así un buen rato. 

Algunas semanas después de que el trío abandona¬ 
ra el campamento, pude saber qué les había ocurrido. 
Nacho y Don Bigotes fueron separados de Chucho en 
el desierto. Llegaron juntos a Phoenix. Chucho consi¬ 
guió salir por su propia cuenta algunos días más tarde. 
Cuando llegó la furgoneta para recogerle, hizo algo muy 
sabio. Envió un mensaje a Don Bigotes con el número 
de la matrícula por el teléfono celular. Cuando la fur¬ 
goneta llegó al refugio, hizo otra cosa muy inteligente. 
Envió otro mensaje a Don Bigotes con la dirección del 
lugar, junto con el nombre y número de teléfono de su 
contacto. Chucho no era ningún tonto. 

Así que cuando los traficantes de personas le qui¬ 
taron el celular y le dijeron que le golpearían y le 
abandonarían en el desierto si su familia no aportaba 
otros 3.000 dólares en 24 horas, Chucho permane¬ 
ció tranquilo. Sabía que iba a ocurrir a continuación. 
Cuando Chucho dejó de contestar al teléfono, Don Bi¬ 
gotes llamó al número que Chucho le había enviado, 
y a continuación esto es lo que le dijo, con su ruidoso 
gruñido de barítono, sonando exactamente como el 
hombre más aterrador en la tierra: 

“Escúchame, julio, cabrón de mierda. Te estás con¬ 
fundiendo. Me parece que no entiendes. Tú no me 
conoces, pero yo a ti sí. Vives en una casa de barro ma¬ 
rrón con persianas negras y una puerta azul, al otro 


186 | No habrá muro que nos pare 

lado de la calle de una taquería. Conduces un Chevro¬ 
let Silverado de 2006 con un juego de elevación, que 
tiene una abolladura en la parte trasera izquierda. En 
mi mano tengo un celular, Julio, pinche hijo de la gran 
chingada. ¿A quién voy a llamar con este teléfono? ¿Lla¬ 
maré a la Migra? ¿Llamaré a la policía? Quizá piense 
en alguien más a quien llamar. Quizá conduzca hasta 
tu casa para ver qué aspecto tiene tu mujer, o hasta el 
colegio de tus hijos. Quizá te encuentre cara a cara y 
quizá te ahogue con mis propias manos hasta que mue¬ 
ras. Tú no me vas a decir a mí lo que tengo que hacer, 
Julio, yo te voy a decir a ti lo que vas a hacer. Dejarás 
libre a mi amigo Chucho, de lo contrarío, ya ves que 
tengo varias opciones. 

Dejaron que Chucho saliera por la puerta, y veinte 
minutos más tarde Don Bigotes le recogió en una es¬ 
tación de servicio en el sur de Phoenix. La última vez 
que supe algo, Nacho y Don Bigotes plantaban árboles 
juntos en Texas. 



Por malo que parezca esto, no llega a transmitir plena¬ 
mente la profundidad de la crueldad que ha caracterizado 
esta época de control patrocinado por el Estado. Las vio¬ 
laciones y agresiones sexuales de migrantes mujeres es 
absolutamente endémica en todos los pasos del proce¬ 
so, al igual que lo es en diferentes grados para migrantes 
transgénero y hombres pequeños y jóvenes. Es algo que 
ha sido exacerbado por las políticas del gobierno estadou- 


Del Sur al Norte I 187 


nidense: al canalizar el tráfico hacia el medio de la nada, 
básicamente han garantizado que para que las mujeres y 
los niños puedan entrar al país deban colocarse en una 
posición en la que una violación o una agresión sexual es 
muy probable. 

Además, los caminos son frecuentados por grupos de 
bandidos armados que se ganan la vida orientando sus 
actuaciones contra los migrantes. Creo que algunos de 
los bandidos son empleados por los mismos cárteles, ro¬ 
bando a sus propios clientes, mientras que otros trabajan 
solos aprovechándose de las fáciles oportunidades que esa 
gente indefensa, que a menudo lleva todos sus ahorros en 
los bolsillos, les brindan. De nuevo, la culpa de que esos 
cabrones hayan sido bendecidos con circunstancias tan 
favorables para ejercer su oficio, es del gobierno estadou¬ 
nidense. 46 

Siendo justos, también he escuchado historias de 
miembros de bajo rango del cártel que se han compor¬ 
tado decente y compasivamente, incluso heroicamente. 
Vale la pena señalar que los guías, la gente que en la prác- 


46 El bandidaje contra los migrantes estaba particularmente ex¬ 
tendido en la parte estadounidense del sector de Arivaca hasta 
aproximadamente el año 2010, momento en que alguien (pro¬ 
bablemente situado en lo alto de la pirámide social de Sinaloa) 
lo detuvo. En esa época, un amigo nuestro encontró los cuerpos 
de tres hombres no lejos de uno de los lugares donde dejábamos 
agua, atados a sogas alrededor de sus cuellos, balanceándose de 
un árbol, con notas clavadas en sus pechos, donde se leía: “Esto 
es lo que hacemos con los ladrones”. No me sorprendió, las cosas 
habían llegado hasta ese punto. El bandidaje es actualmente 
menos común, aunque no tengo dudas de sigue siendo habitual 
en otras partes de la frontera. 



188 | No habrá muro que nos pare 

tica camina con los grupos en el desierto hasta el otro 
lado de los puntos de control, está en el punto más bajo 
de la estructura en las redes de trata de personas. 47 Sus 
vidas se consideran casi tan prescindibles como las de los 
migrantes. Trabajar en el desierto me ha hecho reconocer 
en cierta medida el hecho de que trabajar de guía tiene 
que ser algo muy estresante. Su trabajo consiste en llevar 
grandes grupos de personas a través de ásperos terrenos 
donde no hay agua potable, normalmente de noche o con 
un calor extremo, mientras son perseguidos por militares 
que portan armas y helicópteros. Sus jefes seguramente 
no sean el tipo de personas con las que quieras tener con¬ 
flictos. No sorprende, por tanto, que los guías a menudo 
no deseen arriesgar perder a un grupo entero porque dos 
personas no puedan seguir el ritmo. La propia situación 
garantiza que alguien sacará lo peor de sí mismo. 

Decir esto no es justificarles, ni absuelve a gente que 
tiene relativamente poco sentido de su responsabilidad 
individual cuando hace cosas indefendibles. Solo es por 
decir que la mayor parte de la culpa la tienen las perso¬ 
nas poderosas, cuyas acciones han creado esta pesadilla y 
quienes se aprovechan más directamente de ella. 



47 En el noroeste, los guías suelen proceder de los mismos lugares 
que los traficantes de marihuana: flacos jóvenes del norte de 
Sonora. Sin duda en el noreste tiene su equivalente. 



Del Sur al Norte I 189 


Hay guías buenos. Algunos de ellos tienen muchísi¬ 
mo talento. Hemos escuchado varias historias de guías 
que han hecho todo lo posible para cuidar de la gente 
del grupo a su cargo, y de guías que han aceptado a 
rezagados de otros grupos sin beneficiarse económica¬ 
mente. 

Una historia de este tipo ocurrió en 2005 . Un grupo 
de voluntarios se encontró con un grupo de migran¬ 
tes en el desierto. Uno de ellos cargaba un cervatillo en 
su espalda. “Gracias a Dios”, dijo. “Nos hemos encon¬ 
trado este animalito atado a un árbol. Algún cazador 
debe haberlo usado como cebo para pumas. No podía¬ 
mos dejarlo ahí, no habría estado bien. Hemos estado 
cargando con él durante días. Pero pesa mucho, y no 
sabemos qué hacer con él cuando nos recojan. No deja¬ 
rán que lo subamos a la furgoneta. ¿Podrías quedártelo 
y encontrarle un hogar?” 

Personalmente, he encontrado a dos grupos de mi¬ 
grantes que iban acompañados de perros sin dueño, y 
ambos me pidieron lo mismo. Tanto el cervatillo como 
los perros fueron llevados a otros lugares. La ironía 
es que es legal alejar a animales del peligro, pero si lo 
haces con una persona, te arriesgas a ir a la cárcel. 

También hay guías muy malos. Hemos escuchado 
muchas historias de abuso. “Todo el mundo habla de 
nosotros como si fuéramos el diablo”, me dijo una vez 
un burro. “Algunos de los pinches guías son los verda¬ 
deros diablos. Al menos nosotros sabemos en qué nos 
estamos metiendo. Ellos apalean a la gente, abusan de 
las mujeres y dejan a criaturas en medio de la nada si 
no pueden seguir el ritmo. Algunos de esos pinches son 


190 | No habrá muro que nos pare 

escoria humana.” Es fácil demonizar a los traficantes, 
pero el comportamiento de algunos guías va más allá 
de los límites. 

Y luego hay muchos guías que pueden comportarse 
decente o indecentemente, cruel o compasivamente, 
heroica o atrozmente, dependiendo de la presión a la 
que estén sometidos y cómo respondan a ello. A los 
propios guías se les utiliza o desecha como si fueran 
llantas. 



Con ese fin, permítanme decir algunas palabras más 
sobre la relación entre los gobiernos y los cárteles: se 
necesitan el uno al otro. Les mueve la misma lógica y 
comparten intereses similares. 

Quizá sea más preciso distinguir entre las situaciones 
de Estados Unidos y de México. En Estados Unidos, 
los cárteles necesitan al gobierno y el gobierno utiliza 
a los cárteles. Los cárteles confían en que el gobierno 
estadounidense mantenga los precios de los productos 
y servicios que ofrecen artificialmente altos, a la vez que 
el gobierno utiliza a los cárteles para justificar la cana¬ 
lización de miles de millones de dólares a las empresas 
multinacionales cuyos intereses representan. En el caso 
de México, como he argumentado previamente, no es 
realista hablar de gobierno y cárteles como entidades 
separadas. Aquí el gobierno y los diversos cárteles com¬ 
piten por el control de los multimillonarios mercados 
estadounidenses de la droga y la trata de personas. 


Del Sur al Norte I 191 


Los analistas a veces utilizan el término “colombiani- 
zación” para señalar que el estado de las cosas en México 
empieza a parecerse mucho al de Colombia. La similitud 
que quizá sea más espectacular es la crecientemente so¬ 
fisticada connivencia entre elementos del gobierno y los 
cárteles con los que están nominalmente en guerra. 

A nivel local y estatal, es extremadamente común que 
todos los cárteles compren a la policía, alcaldes, jueces 
y a otros representantes estatales. A nivel nacional, hay 
mucha evidencia de que el ejército mexicano y el go¬ 
bierno federal favorecen al cártel de Sinaloa (el mayor y 
más rico del país) con la esperanza de que eventualmente 
derrotará a sus enemigos y acabe pactando un acuerdo 
estable con el gobierno, tal como el que se dio en Co¬ 
lombia. 

De hecho, hay una buena cantidad de infiltración en 
las fuerzas armadas mexicanas. Es algo común en el lado 
estadounidense también, pero menos extendido. Pero en 
general los acuerdos en ambos lados de la frontera no 
son tan toscos como para que siempre, o a veces, haya 
una superposición de personal entre, por ejemplo, el Co- 
rrection Corporation of America, la Patrulla Fronteriza, 
el cártel del Golfo y el ejército mexicano. Lo que es más 
importante, es que todas estas organizaciones tienen in¬ 
tereses entrelazados, se benefician de las actividades de las 
otras, y generalmente actúan de una forma que mantiene 
al resto en el negocio. Esta perversa trinidad de gobierno, 
empresa y crimen organizado (tres formas de referirnos a 
lo mismo), son un enemigo imponente para cualquiera 
que tenga la esperanza de ver cómo acabar con la muerte 
en el desierto. 


192 | No habrá muro que nos pare 

La Patrulla Fronteriza 


Permítanme un par de palabras sobre la Patrulla 
Fronteriza. No hay ningún trabajo en el gobierno que se 
pueda obtener sin un diploma de secundaria, cuyo salario 
sea mejor que el de los agentes de la Patrulla Fronteriza. 
Por lo general reciben pagos de alrededor de $45,000 el 
primer año, $55,000 los dos siguientes, y $70,000 des¬ 
pués de eso. No se van a morir de hambre. 

No sé cómo transmitir el alcance del abuso que he 
escuchado y que han experimentado los migrantes en 
manos de estos agentes. 48 “Fie escuchado de agentes gol¬ 
peando, abusando sexualmente y disparando, lanzando a 
la gente a un cactus, robando el dinero de los migrantes, 
negándoles agua y comida a personas detenidas, depor¬ 
tando menores encontrados sin acompañantes mayores, 
y conduciendo locamente con migrantes atados en la 
parte de atrás de los camiones, los cuales parecen incon¬ 
fundiblemente vehículos de transporte de animales, por 
no mencionar el robo a traficantes y otras muestras de su 
implicación extensiva en el narcotráfico. 

0 


48 Ver los informes sobre abusos Crossing the Line (Cruzando la 
Línea) de 2008, A Culture of Cruelty (Una Cultura de Cruel¬ 
dad) de 2011, Post-deportation Health (Salud Post-deporta- 
ción) de 2012 y Shakedown (Chantaje) de 2014 de No Más 
MuertesNo Más Muertes para más información. 



Del Sur al Norte I 193 


Estábamos en lo profundo de las montañas cerca 
de la frontera. Éramos siete. Ya estaba entrada la tarde 
y habíamos caminado todo el día. Estábamos en un 
profundo arroyuelo, acercándonos a un sendero de 
migrantes muy utilizado, cuando alguien nos gritó 
desde arriba de la colina encima de nosotros. “¡HEY! 
¡HEY!” Tres personas bajaron corriendo de la colina 
a toda velocidad cortando a través de plantas de uñas 
de gato y cactus, y saltaron al agua. Había un hombre 
mayor, uno joven y una joven cuyas piernas estaban 
cubiertas de costras medio secas y heridas sangrando. 
El hombre mayor sacó una biblia de su bolsillo y la tiró 
abierta sobre una gran roca frente a mí. “¡F1L1PENSES 
CUATRO-TRECE!” dijo, en inglés, señaló. “¡PUEDO 
HACER CUALQUIER COSA A TRAVÉS DEL PODER 
DE CRISTO QUE ME FORTALECE!” 

“¿Qué?” 

Dijeron todos al tiempo: “¡Había perros enormes!” 
“¡Estaban mordiendo a la gente!” “¡Los tiraban al suelo 
y los mordían!” “¡Ellos gritaban y los perros los mor¬ 
dían!” 

“¿Qué? ¡Esperen! ¿Qué?” dije. 

“Había unos treinta de nosotros”, explicaba la joven 
en perfecto inglés. “La Migra estaba esperando que 
pasáramos por ahí. Tenían perros. Nos atacaron con 
los perros. Los perros mordían a la gente, la tiraban al 
suelo y la mordían. La gente gritaba, sangraba y corría 
para todos lados. Nosotros corrimos por la montaña. 
Nos gritaron para que nos detuviéramos pero segui¬ 
mos corriendo. No sé si alguien más se libró.” 

“¿Cuándo pasó esto?” le pregunté. 
















196 | No habrá muro que nos pare 

“Hace diez minutos” 

“¡Diez minutos!” 

“Sí, diez o quince.” Los hombres asintieron con la 
cabeza. 

“Nos tenemos que largar de aquí.” 

“Sí,” afirmó ella. 

Nosotros diez corrimos a través de las montañas. El 
hombre mayor de vez en cuando empezaba a cantar, a 
veces Madonna, a veces Beyoncé, pero por lo general 
Shakira. “¡l’m on tonight! ¡Tú sabes que mis caderas no 
mienten!” Él paraba periódicamente para demostrar la 
veracidad de esta declaración. “Sabes, ¡Shakira! ¡Cantar 
ayuda!” Pasamos por un santuario donde otros migran¬ 
tes habían dejado velas, pulseras, rosarios y ofrendas a 
la Virgen de Guadalupe. El joven se arrodilló, se santi¬ 
guó y oró, casi sin detener el paso. Dos horas después, 
nos detuvimos a un lado del cañón y cubrimos algunas 
de las heridas de la joven. 

“¿Cuántos años tienes?”, pregunté. 

“Quince. He vivido en Oregón desde que tengo dos. 
Me metí en problemas. ¿Qué voy a hacer en México? 
Nunca he vivido allí. No conozco a nadie en México. 
No he podido hablar con mi mamá desde que me de¬ 
portaron. Solo me queda intentar esto hasta lograrlo.” 

“Ella es muy fuerte”, dijo el joven. 

“En lo que a mí respecta,” dijo el hombre mayor, 
“realmente no me importa. Cuando estoy en México 
vivo en la calle. Vengo aquí y vivo en la calle. Me da 
igual.” 

“Él es un buen hombre,” dijo la joven. “Estábamos 
con una mujer a la que le costaba mucho mantener el 


Del Sur al Norte I 197 


ritmo. Él cargó el bolso de la mujer, nos contaba chistes 
y nos cantaba.” 

Volvimos a parar en la oscuridad. Comieron y co¬ 
mieron, y el hombre mayor contaba historias. “Vamos 
a seguir,” me dijo el joven. “Dormiremos un poco y nos 
iremos cuando salga la luna.” 

“Es un camino muy largo y es fácil perderse,” le dije. 
“¿Sabes cómo llegar?” 

“Sé bien cómo llegar,” dijo. Hablamos de las monta¬ 
ñas y puedo decir que él decía la verdad. 

“¿Quieres llamar a tu mamá?” le pregunté a la joven. 

“No, solo se preocuparía. La llamaré cuando lo 
logre.” 

No sé qué les pasó. Unos días más tarde, apareció un 
pequeño artículo en el periódico de Nogales sobre un 
gran grupo de migrantes que fueron deportados con 
heridas de mordeduras de perros y necesitaron trata¬ 
miento del lado mexicano. 

¿7 


La Patrulla Fronteriza es un negocio lucrativo en sí 
mismo y parte de ese negocio consiste en exagerar el 
peligro del trabajo para poder sacarle más dinero a los 
contribuyentes. En mi experiencia, el personal de la 
fuerza pública en general considera que su trabajo es real¬ 
mente peligroso, creen que el mundo les debe gratitud 
y un gran cheque. Desde el inicio de la institución en 
1904, 122 agentes de la Patrulla Fronteriza han muerto 
en servicio, 40 de los cuales fueron víctimas de asesinato. 


198 | No habrá muro que nos pare 

En 2015, de 20,000 agentes, ninguno perdió la vida en 
el cumplimiento del deber. Es imposible saber cuántos 
migrantes mueren cruzando la frontera cada año, pero la 
respuesta podría estar entre cientos y miles. Si contrastas 
las cifras, verás que los agentes de la Patrulla Fronteriza 
están más a salvo que los trabajadores de techos, de sanea¬ 
miento, conductores de camiones, trabajadores sexuales 
y cualquier colectivo de personas cuyos trabajos son real¬ 
mente peligrosos. 

Otra cosa que te dirá cualquier agente de la Patrulla 
Fronteriza que se respete, es que nos están protegiendo 
de los terroristas. Esto plantea la pregunta de quién es 
“nosotros.” Más seres humanos han perdido la vida en 
el desierto como resultado directo de la actividad de la 
Patrulla Fronteriza que en todos los ataques combinados 
de ISIS y Al-Qaeda en suelo estadounidense, y proba¬ 
blemente más de los que habrían muerto, incluso si cada 
ataque frustrado de la Patrulla Fronteriza hubiera sido 
exitoso. El punto más importante es que mientras exista 
una desigualdad global tan indignante, los estadouniden¬ 
ses nunca estarán completamente a salvo. 

Muchos agentes de la Patrulla Fronteriza son de clase 
trabajadora; muchos son latinos. Para ser justo, reconoz¬ 
co que he conocido a algunos que tratan a los migrantes 
con respeto. También concedo que en ocasiones encuen¬ 
tran a gente en peligro, que algunas de esas personas 
seguramente hubieran muerto de no haber sido así y 
que algunos agentes pueden ser agradables. La cuestión 
es que son los agentes de la Patrulla Fronteriza de más 
bajo rango los que hacen cumplir las políticas que causan 
todos los problemas que estoy describiendo. No importa 


Del Sur al Norte I 199 


qué hagan individualmente, nunca serán parte de la so¬ 
lución mientras vistan un uniforme, porten una arma y 
obedezcan órdenes. Ellos podrían sacar a los cárteles del 
negocio y poner fin a la muerte en el desierto mañana 
solo yéndose a casa. 

He escuchado muchas palabras que excusan a la 
Patrulla Fronteriza: no son el enemigo, están sujetos a 
las mismas fuerzas económicas que los migrantes, y así 
sucesivamente. No lo creo. La historia está repleta de 
ejemplos de personas dispuestas a vender a su propia 
gente para salvarse. Hubo tratantes negros de esclavos en 
las plantaciones, policía judía en el gueto, exploradores 
indígenas dirigiendo el ejército después de Caballo Loco, 
y ahora hay agentes latinos de la Patrulla Fronteriza en 
el desierto. Lo siento, pero no me sorprende. Pienso que 
cuando la gente se convierte en cómplice de atrocidades, 
simplemente no merece mucha simpatía. 

Recientemente, un amigo encontró el cuerpo de una 
mujer que murió por una combinación de deshidrata- 
ción, enfermedad, exposición a la intemperie y fatiga, a 
un cuarto de milla de uno de nuestros más grandes pun¬ 
tos de suministros, un lugar en el que personalmente he 
trabajado varios cientos de veces. Ella había pasado por 
un área donde durante meses, unos agentes de la Patrulla 
Fronteriza, particularmente hostiles, constantemente ha¬ 
bían cortado nuestras botellas de agua, abierto las latas de 
frijoles para que quedaran rancios y quitado las mantas 
que dejábamos en los senderos. Como resultado de estas 
actividades, regularmente hemos tenido que retirar estas 
latas y evitar dejarlas en lugares que de no ser por el ac¬ 
cionar de algunos agentes de la Patrulla Fronteriza, serían 




Del Sur al Norte I 201 


excelentes ubicaciones. Creo que es posible que antes de 
que esta mujer muriera, pasara por un punto donde las 
cosas no estaban en buen estado, o un lugar donde habría 
un punto de no ser por las acciones de estos agentes. Creo 
que es muy probable que si ella hubiese dado con nues¬ 
tros suministros, habría sobrevivido lo suficiente para 
que la pudiéramos encontrar. 

En lo que a mí respecta, las personas que hacen esto 
son asesinos y la sangre de esta mujer está en las manos 
de esos agentes. 49 

“Nadie en el mundo, en la historia, 
ha obtenido su libertad apelando 
al sentido moral de las personas 

que le oprimen.” 

-Assata Shakur 


Los agentes de la Patrulla Fronteriza se asustan mucho, 
incluso ahora mismo que no tienen mucho de qué preo¬ 
cuparse. Está escrito en sus caras. Supongo que es lo que 
te pasa si destruyes las vidas de las personas para vivir. 
“Hay pocas cosas bajo el cielo más desconcertantes que 
el silencioso y acumulado odio de un pueblo,” como dijo 
James Baldwin. Personalmente, me encanta poder ir sin 


49 Para más información, ver el informe sobre abusos Disappea- 
red: How the US Border Enforcement Agencies Are Fueling a 
Missing Person Crisis, (Desaparecidos: Cómo las agencias de la 
fuerza pública en la frontera de Estados Unidos están alimen¬ 
tando una Crisis de Personas Desaparecidas) lanzado en 2016 
por Derechos Humanos y No Más Muertes. 



202 | No habrá muro que nos pare 

armas a diario a lugares a los que gente con armas auto¬ 
máticas y chalecos antibalas se aterra de poner un pie. No 
me he convertido en enemigo de la gente y en el largo 
plazo eso es lo que va a mantenerme más seguro que ellos. 



En 2012, atrapamos con las manos en la masa a la Pa¬ 
trulla Fronteriza destruyendo recursos que habíamos 
dejado para migrantes en peligro. Al final nos ingenia¬ 
mos algo para combatir esto: empezamos a esconder 
cámaras en lugares donde sabíamos que podrían des¬ 
truir suministros. En cuestión de días, tuvimos un 
video de una sonriente agente rubia de la Patrulla Fron¬ 
teriza pateando una fila de botellas de agua en medio 
del verano, y además, de otro usando un epíteto racial. 
El epíteto era tonk , del vocabulario cotidiano dentro 
de la Patrulla Fronteriza para referirse a los migrantes; 
la palabra se deriva del sonido que hace una linterna 
cuando la usas para golpear a alguien en la cabeza. 

La grabación se emitió en el programa de PBS “Need 
to Know” (Necesitas Saberlo), y circuló ampliamente 
en Internet. El gobierno se veía mal. No ayudó a los 
esfuerzos de la administración para complacer al voto 
latino previo a las elecciones presidenciales de 2012, 
y alguien de arriba en la cadena alimenticia le dijo a 
los agentes en el campo que se detuvieran. Esta sim¬ 
ple acción nos costó $75 y condujo a una disminución 
marcada de estas acciones con la comida y el agua en el 


Del Sur al Norte I 203 


sector de Arivaca, que duró hasta después de las elec¬ 
ciones. 

Este episodio mostró una evidencia, que también se 
podria aplicar a quienes tratan de evitar que la policía 
mate personas negras: solo los efectos negativos servi¬ 
rán con esta gente. Si matar personas no tiene ningún 
impacto negativo en el bienestar personal de los in¬ 
tegrantes, la policía seguirán haciéndolo. Cambiar el 
comportamiento de la aplicación de la ley significa en¬ 
contrar una forma de ejercer suficiente influencia para 
provocar estas consecuencias. Nosotros lo hicimos de 
una forma, los jóvenes de Ferguson de otra. 

Lo que es bueno para el ganso es bueno para la 
gansa: la disuasión es una calle de dos vías. También: 
las colinas tienen ojos, cobardes. 


204 | No habrá muro que nos pare 


El juego 


Es razonable odiar a todas las personas involucradas 
en el negocio de la trata de personas de ambos lados de 
la ley y la frontera. La gente en la parte inferior de la 
pirámide social por lo general acaba haciendo el trabajo 
más sucio. “Ama al soldado, odia la guerra” como dice el 
dicho; “Ama al jugador, odia el juego”. Es difícil de decir. 
¿Ama al pecador; odia al pecado? No lo sé. 

El joven de Sonora que deja morir a la joven hon- 
dureña en el desierto es un peón negro. El agente de la 
Patrulla Fronteriza que dispersa al grupo de este joven y 
lo pone en esta posición es un caballo blanco. Conoces 
la metáfora. Ellos son responsables por sus acciones, pero 
alguien más preparó el tablero. 

Elay un juego más allá del juego y está claro quién 
está ganando. Los jugadores no tienen que sentarse en la 
misma mesa; juegan en las manos del otro. 

Trabajé en el desierto durante siete años. Los Minute- 
men no tenían compasión, visión ni alma, pero de alguna 
manera tenían razón: si el gobierno quisiera acabar con el 
narcotráfico y la trata de personas en la frontera, proba¬ 
blemente podría. No lo harán. Elay demasiado dinero en 
juego: políticos estadounidenses y mexicanos, la Patrulla 
Fronteriza, los cárteles, la policía local, estatal y federal, 
la seguridad privada, DEA, FBI y equipos SWAT, ban¬ 
cos, empresarios, prestamistas, abogados, defensores 
públicos, fiscales, jueces, tribunales, cárceles de conda¬ 
do, prisiones estatales federales y privadas, fabricantes de 
armas y constructores de torres y muros. Una completa 


Del Sur al Norte I 205 


estructura de vigilancia; el eterno negocio de la guerra; 
el Estado corporativo. Todo es una farsa enferma. Ellos 
nunca cortarán la cabeza de la gallina de los huevos de 
oro. No apuestes por ello. Me harté de jugar con ellos sus 
propios juegos. 







206 | No habrá muro que nos pare 

El desierto 


El Desierto está lleno de basura. Botellas de agua, 
latas, envolturas de alimentos, mochilas, mantas, zapatos, 
calcetines, pantalones, camisas, gorras, toallas higiénicas, 
papel sanitario... debe haber cientos de millones de to¬ 
neladas de cosas. A los provocadores anti-inmigrantes 
les encanta hablar de esto. No porque se preocupen por 
el medio ambiente, sino porque esperan confundir a la 
gente que simpatiza con los migrantes. Es como Bush y 
su interés repentino por las mujeres de la sociedad afgana 
en 2001. No escuchas a estas personas hablar mucho del 
muro fronterizo obstaculizando los patrones de migra¬ 
ción de la vida silvestre, o de las enormes franjas de tierras 
públicas que son alquiladas por el gobierno a gigantes 
compañías mineras y ganaderas por una miseria, o sobre 
la disminución de la cuenca hídrica como consecuencia 
de la ganadería y la expansión urbana. 

A diferencia de estos personajes, a mí realmente me 
importa el desierto y he hecho mi mejor esfuerzo para 
limpiarlo. He arrastrado innumerables camiones de basu¬ 
ra fuera de allí, lo que es más de lo que casi nadie del lado 
opuesto puede decir. Le digo a los nuevos voluntarios que 
tan pronto recogen su primera botella, hacen más por en¬ 
frentar el problema que lo que el 99.99% de los agentes 
de la Patrulla Fronteriza, oficiales de Peces y Vida Silves¬ 
tre, integrantes de la milicia y los cómodos sabiondos de 
derecha que solo ven televisión hacen o harán. La mili¬ 
tarización fronteriza ha llevado al tráfico de migrantes al 
desierto y, en consecuencia, lo está destrozando. Si no 



“Fronteras: Cicatrices en la Tierra” 
graffiti anónimo en el muro fronterizo 
del lado sur, Nogales, Sonora 




208 | No habrá muro que nos pare 


te gusta, entonces necesitamos encontrar una forma para 
detener la militarización fronteriza. 



No hay otro lugar en la tierra como el desierto de 
Sonora. Es más hermoso de lo que puedo decir: salvaje, 
duro, vasto, montañoso, remoto, agreste, implacable, 
todo lo que se te ocurra y más. Muchas veces en las que 
me sentí débil, como si fuera a perder la cabeza, bus¬ 
qué a los habitantes del desierto para que me dieran 
fuerza: el venado, la liebre, el ratón canguro, chinches, 
tarántulas, tortugas, serpientes de cascabel, mapaches, 
colas anilladas, el coatí, el antílope, el jabalí, 50 el cuer¬ 
vo, el buitre, el águila, el coyote, el puma, la pantera, 
ocotillos, nopales, biznagas, chollas, saguaros, e incluso 
algunas vacas, perros, gatos y personas. Podría encon¬ 
trar nuestro campamento desde cualquier punto entre 
el Bavoquivaris y las Atascosas a pie, de memoria, cada 
vez, sin fallar. Me situé entre esas montañas durante 
una temporada de mi vida. 

El desierto tiene muchos lugares que son sagrados 
para mí. Ahí está el último lugar en el que vi a Esteban, 


50 Un comentario sobre el jabalí. Tienen crestas, un aroma almiz¬ 
clado, colmillos afilados que sobresalen de sus rostros; viven 
en extensos grupos matrilineales, crían a los pequeños de los 
demás, son peligrosos cuando se les arrincona, parecen actuar 
por consenso, y comerán cualquier cosa que no esté clavada al 
suelo. Son los punks del desierto. Incluso donde todo parece 
grave, ellos parecen tener todo resuelto en la vida. 



Del Sur al Norte I 209 


el lugar donde encontré a Alberto, los lugares donde 
murieron Claudia y José y Susana y Roberto. La piedra 
de Jaime, el cerro de Yolanda y el árbol de Alfredo. Me 
abruma pensar que, a pesar de todas las historias que 
conozco, tantas como cualquiera, no son más que una 
gota en el mar de historias que ahí han ocurrido. Los 
objetos personales que la gente va abandonando en el 
camino me las recuerdan constantemente, una mani¬ 
festación palpable de las mejores cualidades, y de las 
peores, de la raza humana. No me considero una perso¬ 
na espiritual pero el valor de los efectos abandonados 
es inmenso y a veces oprime. 

Yo amo el desierto. Me rompe el corazón que sea el 
escenario de tanto sufrimiento. Me consuela un poco 
saber que algún día, aunque sea solamente porque no 
haya más seres humanos en el planeta, no habrá más 
Estados Unidos, ni México, ni helicópteros, ni muros, 
ni Patrulla Fronteriza, ni frontera. El plástico se des¬ 
compondrá, la memoria de estas cosas desaparecerá y 
la tierra al fin tendrá una oportunidad para sanar bajo 
el inmenso cielo azul y el sol implacable. 



El Norte 




“¡Todavía no han escuchado 
nuestro trueno!” 
-lema de una protesta contra SB1Q7Q, 
Tucson, Arizona, 2010 




- v * V v 




Del Sur al Norte I 213 


Inmigrantes 


Las élites corporativas, gubernamentales y crimina¬ 
les que se benefician del sufrimiento en la frontera son 
despiadadas y poderosas, pero no son dioses. No son los 
únicos actores de este drama y no tienen toda la situación 
bajo control. Las personas van por el desierto porque son 
valientes y hábiles, no solo porque la Patrulla Fronteriza 
los deje. Los senderos en sí mismos son testamentos ex¬ 
traordinarios del ingenio humano, que se tejen con gracia 
a través de los cañones y sobre las montañas con un ojo 
infalible para la dirección y el refugio. 

Llay casi doce millones de personas indocumentadas 
en este país. Trabajar en el desierto ha puesto de relieve 
para mí que no todos son iguales. Los migrantes no son 
todos ángeles, ni demonios, ni víctimas. No son obje¬ 
tos pasivos que dejan que el mundo actúe por ellos, sin 
actuar en absoluto. Son individuos complejos que han 
escogido poner su vida en sus propias manos, y yo he 
decidido estar de su lado lo mejor que pueda. A veces 
funciona, a veces no. A veces vences al sistema, y a veces 
el sistema te vence. 



Estábamos caminando por un pequeño cañón. 
Uno de mis compañeros estaba haciendo una llamada 
ruidosa y algo florida: “¡COMPAÑERAS! ¡COMPA¬ 
ÑEROS! ¡NO TENGAN MIEDO! ¡TENEMOS AGUA, 


214 | No habrá muro que nos pare 


COMIDA, Y MEDICAMENTOS! ¡SOMOS AMIGOS! 
¡NO SOMOS LA MIGRA! ¡ESTAMOS AQUÍ PARA 
AYUDARLES! ¡SI NECESITAN CUALQUIER COSA: 
GRITEN!” La inmensa mayoría de las veces, no hay 
nadie que escuche estos llamados. 

Doblamos una esquina en el cañón y había cerca de 
treinta y cinco personas: hombres, mujeres, niños, jó¬ 
venes, vestidos de negro y marrón, y con la piel tostada, 
en completo silencio y ocupando muy poco espacio. 
“¡Mierda, Uh!, ¿nos escucharon venir?” 

“Sí, los escuchamos”. Hacía mucho calor. Les dimos 
un montón de agua, alimentos, calcetines y tratamos 
un buen número de ampollas y esguinces de tobillo. 
Todos eran de Guatemala. Dijeron que habían hecho 
juntos cada paso del camino. Mientras nos preparᬠ
bamos para separarnos, uno de ellos nos dio una gran 
bolsa de dinero, pesos, quetzales y dólares. 

“Eh, no, tú no entiendes, no tienes que darnos dine¬ 
ro, para esto es que estamos aquí.” 

“No, eres tú quien no entiende,” dijo. “Encontramos 
este dinero en un santuario en el desierto. Decidimos 
que no estaba haciendo nada bueno para nadie allí, así 
que lo tomamos. Si la Migra nos atrapa nos lo quita¬ 
rán y nunca hará nada bueno por nadie. Queremos que 
tomen este dinero y lo usen para ayudar a otros mi¬ 
grantes.” Llevamos a cabo sus deseos. 


0 


Del Sur al Norte I 215 


La frontera no termina en la frontera y las dificultadas 
que las personas indocumentadas enfrentan no se frenan 
allí tampoco. La frontera corta por cada ciudad y cada 
estado; corta a través de muchos de nuestros cuerpos. La 
línea en la arena tampoco hace parte del primero ni del 
último giro de la máquina para picar carne que el capita¬ 
lismo global ha preparado para personas sin documentos. 

Tras cruzar la frontera, las personas indocumentadas 
entran en un mundo en el que no pueden ganar dinero 
legalmente. Tienen convincentes razones para no llamar 
a una ambulancia, ir a un hospital, obtener un seguro 
médico o un seguro para un vehículo, conducir un au¬ 
tomóvil, abrir una cuenta han caria, usar una tarjeta de 
crédito, solicitar una hipoteca, firmar un contrato de 
arrendamiento o confiar en cualquier número de otras 
opciones a las que la gente con ciudadanía puede recurrir. 
Si por alguna razón has intentado vivir una parte de tu 
vida fuera de los libros, podrás ser capaz de apreciar cuán 
difícil es hacerlo a tiempo completo en esta sociedad. 

La expresión más elocuente en el léxico de la migra¬ 
ción en Norteamérica es pollo. Evito ese concepto como 
la peste, pero es ampliamente usado por todos los invo¬ 
lucrados en la industria de la trata de personas en ambos 
lados de la ley y la frontera, de arriba a abajo. Las per¬ 
sonas indocumentadas son “pollos”, carne que camina. 
Es perfecto. Si los traficantes de marihuana son usados 
como bestias de carga, los migrantes y los refugiados son 
conducidos como ganado al matadero. Todos son caza¬ 
dos como caza silvestre. 

Sin embargo, las personas no serán tratadas como ani¬ 
males. De hecho, los animales no serían tratados como 


216 | No habrá muro que nos pare 

animales tampoco, no si pudieran evitarlo. Cualquiera 
que haya tenido que razonar con una terca muía, o huir 
de un toro enojado puede dar testimonio de esto. 

Las personas indocumentadas son, en efecto, las víc¬ 
timas de esta historia, pero también son los vencedores. 
Están sujetos a fuerzas más allá de su control, pero tam¬ 
bién son sujetos de la historia. 

Para millones de personas en todo el mundo, la in¬ 
migración ilegal es una forma legítima de resistencia a 
las desigualdades del capitalismo global. Es la acción más 
eficaz que muchas personas pueden tomar para cambiar 
las condiciones en las que viven. Puede ser resistencia in¬ 
directa, pero da resultado en dos formas concretas. 

La primera es efectiva económicamente. Las reme¬ 
sas que los trabajadores inmigrantes en Estados Unidos, 
(muchos de ellos indocumentados) envían a sus familias 
en México fueron de más de 24,8 mil millones de dólares 
solo en 2015, más 6,25 mil millones de los guatemal¬ 
tecos, 4,28 mil millones de los salvadoreños, y 3,4 mil 
millones de los hondureños. Si sumas todas las remesas 
que los trabajadores inmigrantes en el norte global en¬ 
vían a sus familias en todo el sur global, el total empieza a 
ser bastante significativo. Se filtra a través de una delgada 
pantalla de trabajo y explotación; pero en todo caso, este 
dinero representa una de las redistribuciones de riqueza 
de los ricos a los pobres más grande en el curso de la his¬ 
toria humana. Esto es algo importante aquí y ahora. 

La segunda, es efectiva demográficamente. La in¬ 
migración del sur al norte, mucha de ella ilegal, está 
provocando cambios demográficos reales en partes del 
norte global y particularmente en Estados Unidos. Este 


Del Sur al Norte I 217 


movimiento puede causar cambios significativos dentro 
de este país, que podría contribuir a una reestructuración 
más equitativa del sistema económico mundial, que mi¬ 
tigaría la enorme disparidad de riqueza entre el norte y el 
sur, que es lo que impulsa la migración en primer lugar. 

Pero no está nada claro que esta última esperanza 
tenga éxito. Generaciones de inmigrantes han pasado de 
los márgenes a las cúspides de la sociedad estadounidense 
sin cambiar profundamente su carácter. De hecho, fue 
exactamente así cómo los colonos tomaron el control 
de la tierra para empezar. Sin embargo, una caracterís¬ 
tica distintiva de la historia estadounidense es que este 
camino se ha reservado generalmente para inmigrantes 
de ascendencia europea. No se ha probado todavía que 
este país pueda asimilar o segregar la afluencia actual de 
inmigrantes no-europeos sin socavar eventualmente los 
cimientos del supremacismo blanco sobre el que se ha 
construido. 



Recibimos una llamada de nuestros vecinos. Un 
hombre se había arrastrado hasta su puerta. Él estaba 
en un estado terrible. Apenas podía hablar o mante¬ 
nerse en pie. No había comido ni bebido agua por tres 
días y no había orinado en un día y medio. Habíamos 
tenido un calor mortal esos días. Tratamos de darle lí¬ 
quidos, pero siempre vomitaba de inmediato. 

“Esto está muy mal,” le dije. “Necesitas una intra¬ 
venosa. No la tenemos aquí. Puedes tener daño renal. 


218 | No habrá muro que nos pare 

No podemos tratarlo. Necesitas ir al hospital. Te van a 
deportar después de que recibas tratamiento, pero si 
no lo recibes me temo que podrías morir”. 

“No,” dijo. “No los llames.” 

“Por favor, yo entiendo, pero...” 

“No. No los llames.” 

“Pero...” 

“No.” Lo acostamos. Tras varias horas, se las arregló 
para retener una pequeña cantidad de agua. Lo cuida¬ 
mos por la noche lo mejor que pudimos, dándole agua 
casi cada hora. Por la mañana, fue capaz de retener 
líquidos sin vomitar, y al final pudo orinar un poco. 
Apenas podía sentarse, pero pudo hablar otra vez. 

“Nunca había visto que alguien tan enfermo se ne¬ 
gara a ir al hospital,” dije. “¿Qué te pasó?”. 

“Viví en Estados Unidos por dieciocho años,” nos 
contó. “Nunca tuve ningún problema. Ni siquiera una 
infracción de tránsito. Mi esposa y yo finalmente aca¬ 
bamos de pagar nuestra casa. Mis hijos están allá. Mis 
nietos también. Yo trabajaba cuidando personas mayo¬ 
res. Hace seis meses, tuve un accidente y me rompí la 
espalda. Estuve casi cuatro meses en cama. Volví a tra¬ 
bajar y me detuvieron. El policía dijo que yo no había 
utilizado mi señal de girar. Había estado allí por die¬ 
ciocho años y nunca me habían detenido ni una sola 
vez. Siempre fui muy cuidadoso. Me enviaron a un 
centro de detención. Me tuvieron allí por quince días, 
con mis manos y mis pies encadenados. Nos daban de 
comer galletas con mantequilla de maní tres veces al 
día. Permanecí encadenado todo el tiempo. Me deja¬ 
ron a lo largo de la frontera sin nada. No tenía dónde 



ir. No había estado allí en mucho tiempo. Salí con un 
grupo esa noche. Nos condujeron hacia el desierto. Ca¬ 
minamos por tres días. Yo no podía seguir. Ya no soy un 
jovencito. Me dejaron allí sin comida ni agua. Estuve 
por mi cuenta tres días más. No tenía idea de dónde 
estaba. Bebí agua sucia de un estanque de ganado y 
me enfermé más. Estaba oyendo voces y viendo cosas. 
Cuando vi la casa allí, no sabía si era real o no. Yo seguí 
caminando hacia ella. Pensé que ya podría haber muer¬ 
to. No puedo hacer esto otra vez. Toda mi vida está 
allí. No hay nada para mí en este mundo si no puedo 
recuperarla. Si muero, moriré. Esta es mi única oportu¬ 
nidad. Tengo que seguir intentándolo.” 

Se recuperó lentamente. Él nos llamó de su casa una 
semana después de haber partido. Un mes más tarde, él 
y su esposa nos enviaron un paquete enorme de zapa¬ 
tos, comida y ropa para dársela a otros migrantes. “Casi 
nunca salgo”, dijo. “No puedo arriesgarme a que me de- 


220 | No habrá muro que nos pare 

porten otra vez. Sufrí mucho allí. Sigo recuperándome. 
Sé que no podría volver a hacerlo.” 


Ciudadanos 


El inminente cambio demográfico en los Estados 
Unidos está causando una ansiedad tremenda a algunos 
estadounidenses poderosos, como también a muchos con 
menos poder, que no han pensado a fondo en sus rami¬ 
ficaciones. En lo que a mí respecta, cuánto antes llegue, 
mejor. En mi opinión, incluso una erradicación parcial 
de la supremacía blanca en los Estados Unidos interesa, 
a largo plazo, a la mayoría de estadounidenses “blancos” 
como yo. 

Puedes construir un trono con bayonetas, pero no po¬ 
drás sentarte mucho tiempo en él. 

Aparte del hecho de que subyugar a otras personas es 
algo horrible, no es una manera muy segura para vivir. Es 
sorprendente cómo las personas negras en Estados Uni¬ 
dos lograron liberarse de la esclavitud y de las leyes de 
segregación racial de Jim Crow sin recurrir a una matanza 
indiscriminada de gente blanca a gran escala. Ciertamen¬ 
te habría sido comprensible hacerlo, y posiblemente 
podría haber estado justificado. Sospecho que las cosas 
pudieron haber sido mucho más feas, de no ser porque 
hubo al menos unas pocas personas blancas dispuestas a 
hacer lo correcto. No sé si quiero apostar que las miles de 
millones de personas oprimidas alrededor del mundo se 
inhibirán cuando llegue el momento de pagar los platos 


Del Sur al Norte I 221 


rotos a nivel global. Parece mejor unirse al lado victorioso 
mientras haya tiempo. 51 

En cualquier caso, el tren se está descarrilando. Vivi¬ 
mos en el mismo pequeño planeta como todos los demás. 
La forma de vida que hemos heredado ha demostrado ser 
desastrosa para la biosfera y para las perspectivas a largo 
plazo de la supervivencia humana. Mi generación es tal 
vez el primer grupo de estadounidenses blancos que no 
solo tiene una determinación ética para apartarse de este 
camino, sino un interés urgente en hacerlo. Si no hace¬ 
mos algo, el sistema actual seguramente canibalizará lo 
que queda de nuestra tierra en el transcurso de nuestras 
vidas, y dejará a nuestros hijos en los huesos. 52 

Es cierto que esto es complicado. Grupos humanos 
han subyugado a otros grupos humanos y destruido sus 
tierras desde antes que la construcción social de “lo blan¬ 
co” existiera, y las personas de ascendencia europea no 
son las únicas capaces de hacer estas cosas. La supremacía 
blanca no es el único eje que sostiene todo esto, pero 


51 “Ahora estoy completamente seguro de que los crímenes de esta 
tierra culpable nunca serán purgados más que con sangre. Pen¬ 
saba como ahora halagándome vanamente que podría lograrse 
sin un gran derramamiento de sangre.” -John Brown, en su ca¬ 
mino al patíbulo. 2 de diciembre de 1859. 

52 “Es un hecho escrito que nuestra gente había advertido de 
todas las consecuencias del errático comportamiento ambien¬ 
tal desde nuestro primer contacto con los no-indios. Hubo un 
tiempo en que nuestros mayores solían decirnos: ‘No puedes 
funcionar con un pie en la canoa del hombre blanco y otro en 
la del indio.’ Con estas preocupaciones ambientales extremas 
teniendo lugar en la tierra, la humanidad está toda en el mismo 
bote. O más le vale estarlo.” -Leonard Peltier. 



222 | No habrá muro que nos pare 


es uno importante. En este punto, no creo que poda¬ 
mos esperar detener la devastación de nuestro planeta sin 
cuestionar las estructuras de la supremacía blanca, o vi¬ 
ceversa. 

Así que la respuesta no es que los estadounidenses 
blancos sigan defendiendo lo indefendible por el precio 
de nuestras almas, ni arrastrarse a un agujero y morir. 
Es para que quienes encajan en esa descripción piensen 
en dónde reside nuestra lealtad y encuentren formas 
materialmente significativas de actuar. Elay ejemplos a 
lo largo de la historia de gente que lo hizo, integrantes 
de los grupos opresores y colonizadores que decidieron 
apostar por los oprimidos y colonizados. Por ejemplo, 
las personas blancas involucradas en el Ferrocarril de la 
Libertad durante la esclavitud, gentiles que albergaron 
judíos durante el holocausto, estadounidenses blancos 
que participaron en el movimiento de los derechos ci¬ 
viles, sudafricanos blancos que resistieron al apartheid, 
estadounidenses en el movimiento Sanctuary durante las 
guerras de Centroamérica en los años 80 e israelíes re¬ 
sistiendo a la ocupación de Palestina hoy, por nombrar 
unos pocos. Es una gran historia para ser parte de ella. 
Aquellos de nosotros en posición de hacerlo deberíamos 
aceptarla y estar orgullosos de ella. 

Nuestros adversarios nos llamarán traidores, como si 
apoyáramos a otro gobierno. De hecho, hemos compro¬ 
metido nuestra lealtad a algo más antiguo y más sabio de 
lo que cualquier Estado-nación tenga para ofrecer, y son 


Del Sur al Norte I 223 


quienes defienden el orden actual los que han dado la 
espalda y perdido el rumbo. 53 

Trabajar en la frontera me ha mostrado una y otra 
vez que no puedes extraer una parte de la ecuación de 
todas las otras partes. Tan pronto empieza a desenredarse 
el hilo, verás que está atado a un nudo envuelto alrede¬ 
dor de tu propio cuello. La guerra contra el narcotráfico 
no terminará sin un cambio estructural en México, lo 
que no ocurrirá sin un cambio estructural en Colombia y 
otros países productores de cocaína, que no ocurrirá sin 
un cambio estructural en Estados Unidos, y así sucesiva¬ 
mente. Puedes invertir el orden de estas afirmaciones o 
añadir otras y seguirán siendo veraces. Así, por ejemplo, 
luchar contra la deportación interna y la militarización 
fronteriza no son dos cosas distintas. 

Esto tiene implicaciones globales, pero es particular¬ 
mente cierto en el caso de México, Estados Unidos y su 


53 “Nunca he perdido de vista el potencial humano de la gente. 
Esto reside en el corazón de lo que me motiva: mi intención, 
mi propósito, mis metas, mis valores, aquí es donde están. Es 
mi compromiso. Esto es lo que teme el gobierno. Que no volví 
a esa fábrica a hacer tacones de zapatos, que tomé otro rumbo 
con mi vida. Tengo un compromiso con un futuro que sostiene 
el potencial humano de las personas pobres y trabajadoras como 
un gran activo a desarrollar. Un compromiso con un futuro en 
el que ningún niño tenga que sufrir el racismo, la pobreza o 
la guerra. Un futuro en el que la justicia traiga paz a nuestros 
hijos y a las generaciones venideras.” Raymond Luc Levasseur, 
enfrentado a una cadena perpetua en sus comentarios finales al 
jurado, Corte de Estados Unidos, Springfield, Massachusetts, 
10 de enero de 1989. Ver el documental An American (Un 
Americano), de Pierre Marier. 



224 | No habrá muro que nos pare 

hijo-demonio: La Frontera. Nada mejorará en la frontera 
sin cambios en ambos países, y los problemas de un país 
no se resolverán sin abordar los problemas del otro. 

Una vez, le pregunté a un joven de Oaxaca qué pensa¬ 
ba que podría poner fin a la muerte en el desierto. “Una 
revolución binacional,” respondió, sin vacilar. Nos reí¬ 
mos, porque eso es imposible. Por ahora. 

A veces los nuevos voluntarios me preguntan cómo 
pienso que sería una política justa en la frontera. Les digo 
que no existe tal cosa; es una contradicción de concep¬ 
tos. No me interesa ayudar a las autoridades a resolver 
el desastre que han creado. A la larga, la única esperanza 
de una solución a la crisis fronteriza reside en lograr un 
cambio mundial de sistema que asegure la libertad de 
movimiento a todas las personas, rechace la práctica del 
control estatal sobre el territorio, honre la autonomía y la 
soberanía indígena, se ocupe de los legados de la esclavi¬ 
tud y la colonización, iguale el acceso a recursos entre el 
sur y el norte global, y fundamentalmente en cambios en 
las relaciones de la especie humana con el planeta y todas 
las formas de vida que lo habitan. ¡Es una tarea difícil! 
¿Dónde empezar? 

El desierto no es el único lugar, pero es uno de ellos. 
La fuerza de nuestro trabajo está en que no hay duda 
de que estamos teniendo un efecto tangible en las vidas 
de las personas que encuentran nuestra comida, nuestra 
agua, o a nosotros. Conozco muchas personas que estoy 
seguro habrían muerto de no ser por los recursos que 
ofrecemos y muchas más que de no ser por nosotros no 
habrían podido reunirse con sus familias. No digo esto 


Del Sur al Norte I 225 


para darme palmaditas en la espalda, sino para decir que 
es posible empezar en algún lado. 

“Las paredes vueltas 
de lado son puentes.” 
-graffiti que cita a Angela Davis 
en el sur del muro fronterizo, Nogales, 

Sonora 

La gente a veces se lamenta por el hecho de que siente 
que solo somos una tirita en una herida inmensa. Esta 
palabra siempre me exaspera, porque los riesgos son de¬ 
masiado altos y la metáfora no tiene la fuerza suficiente. 
Una vida significa mucho para la persona que la vive. Un 
“torniquete,” les digo. “¿Dices que no quieres que sirva¬ 
mos como un torniquete?”. 

Sin embargo, la debilidad de nuestro trabajo es que 
siempre estamos lidiando con los síntomas y nunca con 
la causa. Puedo sentir que siempre estamos limpiando un 
desastre que no creamos, como un niño tratando de re¬ 
parar el daño causado por un padre abusivo con el resto 
de la familia. Es mejor que nada, pero lo que realmente 
necesitamos es acabar con los abusos. 

Muchos de los más eficaces tipos de acción directa 
pueden verse como alguna versión de control de daños. 54 


54 Ver Down With Empire, Up With Spring (Abajo el Imperio, 
Arriba la Primavera), publicado de forma anónima en Ingla¬ 
terra por el Do or Die Collective (Colectivo Hazlo o Muere). 
Para un ejemplo práctico animado por la ética biocéntrica en 
el campo de la defensa de la naturaleza, ver Blue Mountains 



226 | No habrá muro que nos pare 

El problema es que es más fácil tener metas alcanzables y 
cuantificar el éxito respecto a las personas, más que frente 
al sistema. Puedo visualizar los pasos de la A a la Z de 
cómo dejar veinticinco galones de agua en un sendero. 
Cuando despierto en la mañana, siempre hay algo que 
puedo hacer para avanzar hacia esa meta. Me cuesta más 
visualizar cómo sacar a la Patrulla Fronteriza del desierto 
y todavía más imaginar cómo efectuar un cambio eco¬ 
nómico estructural a escala mundial. Puede ser tentador 
decir que es mejor tener éxito en lo que podemos hacer 
que fallar en lo que no, pero eso no es más que derrotis¬ 
mo. Realmente no quiero seguir dejando agua veinticinco 
años más. ¿Entonces qué debemos hacer? 

Afortunadamente, ninguno de nosotros tiene que 
hacerlo todo. Mi trabajo no es ser Moisés y liberar al pue¬ 
blo. No es así cómo ocurre un cambio social significativo. 
Puedo dar lo mejor de mí para ayudar, pero si las perso¬ 
nas van a liberarse, lo harán por sí mismas. Yo no puedo 
tener la última palabra en las luchas de otras personas por 
su liberación. Confío en que los millones de personas que 
están afectadas de forma más directa por la inmigración 
y la vigilancia fronteriza encontrarán formas para com¬ 
batirlas. Seguramente habrá cosas que los ciudadanos 
estadounidenses blancos podamos hacer si mantenemos 
nuestros oídos en la tierra. Si mis esfuerzos en el desierto 
contribuyen en alguna forma a esos 39 mil millones de 


Biodiversity (Biodiversidad Montañas Azules) en bluemoun- 
tainsbiodivesityproject.org. Hay innumerables ejemplos más 
en cada campo de la lucha. 



Del Sur al Norte I 227 


dólares que pasan de los ricos a los pobres cada año, en¬ 
tonces estoy feliz. 

Ulises cojeó al campamento con todo su peso sobre 
una rama, arrastrando su pierna derecha detrás de él. 

“¿Tu pierna está rota? le preguntamos.” Él era joven 
y flaco. 

“No,” respondió. “Solo tengo una pierna. La prótesis 
de mi pie está rota”. 

Sin duda, su pierna había sido amputada desde 
arriba de la rodilla. Había hecho todo el camino desde 
Altar, seis días sobre las montañas. Su pie finalmente 
se había rendido el cuarto día. Nunca había visto nada 
como esto. 

“Whoa, amigo.” 

Sabía de alguien que conocía a alguien, e hice algu¬ 
nas llamadas. 

“Necesitamos un pie,” le dije. “Cuanto antes”. 

Dos días más tarde, había un paquete esperando en 
Tucson. Dentro había un pie. 

Conduje de vuelta al campamento y Ulises estaba 
lavando los platos. Había un grupo de doce hombres 
en la cocina. 

“No confío en ellos,” me dijo, en voz baja. “Algunos 
de estos tipos son sospechosos. No les he dicho que 
solo tengo una pierna. Ellos piensan que está rota o 
algo. Vamos a tener que cambiarla en el tráiler donde 
no puedan ver.” Él cojeaba terriblemente. 

Tomé el paquete del camión, y los doce hombres 
nos vieron caminar hacia el tráiler. 


228 | No habrá muro que nos pare 

Ulises tenía una llave Alien para aflojar el tornillo 
que sostenía su pie. Ambos hicimos palanca con ella, 
pero el tornillo estaba oxidado y aferrado en su lugar. 

“Carajo,” dijo. “Necesitamos un anti-corrosivo.” 

Lo saqué del camión, en frente de los doce hombres. 
Él lo aplicó alrededor del tornillo hasta que el tráiler se 
llenó de humo. Halamos y halamos, pero no se movió. 

“Hijo de puta," dijo. “Necesitamos un trinquete.” 

Saqué uno del camión y los doce hombres me vieron 
volver al tráiler. No importaba qué hiciéramos, el tor¬ 
nillo no se movía. 

“¡Pinche hijo de la gran chingada !” dijo. “¡Necesi¬ 
tamos un tubo!” Encontré un tubo largo, frente a los 
doce hombres. 

Él puso el tubo sobre la manija del trinquete. Nos 
apoyamos uno contra otro y volvimos a hacer palanca. 

¡El tornillo al fin salió! 

Ulises ajustó su nuevo pie y apretó todo. Empezó a 
caminar en círculos dentro del pequeño remolque. 

“Ah, sí, este es bueno. Estoy listo para irme. ¡Estoy 
listo para irme !” 

Siguió pisando fuera del tráiler y volvió a la cocina 
para terminar de lavar los platos, caminando rápida¬ 
mente y con mucha confianza. Solo puedo imaginar 
cómo pudo haberles parecido esto a los doce hombres. 
Parecía como si yo hubiera puesto mis manos sobre él 
en el tráiler y hubiera sanado su pierna con anti-corro¬ 
sivo, un trinquete y un tubo. Ellos se fueron más tarde 
esa noche. 

Ulises era de Chiapas. 


Del Sur al Norte I 229 


“Mira,” me dijo durante la cena. “Mi pueblo es una 
porquería. Solo hay dos cosas allí: plátanos y gente 
muerta. No estoy bromeando. Si no me crees mira la 
portada del periódico. Plátanos y muertos. Es lo que 
verás. Las mafias están matando a todo el mundo allá. 
Pero bueno, yo estaba viendo a esta chica, ¿verdad? 
Realmente me gustaba. Habíamos estado juntos du¬ 
rante mucho tiempo. Nos íbamos a casar y todo. Pero 
yo no tenía dinero, y no quería trabajar en las planta¬ 
ciones de plátano, ni para la mafia, y no hay nada más 
que puedas hacer allí. Así que fui a la Ciudad de México 
a ganar algo de dinero para poder casarme. Ahorré un 
montón, regresé a casa, ¡y ella se había casado con otro 
tipo!” 

“Oh, no,” dije. 

“Y entonces,” prosiguió, “bueno, yo estaba muy tris¬ 
te. Así que fui a esta fiesta, y estaba bailando con esta 
otra chica, y bien, sabes, la embaracé. Su fecha de parto 
es en dos meses.” 

“Hmm...” 

“Pero apenas nos conocemos, ¿verdad? Ella no 
quiere estar conmigo, ni yo con ella. Sus padres están 
enfadados. Me odian. No quieren que ella tenga nada 
que ver conmigo. Y mientras tanto, ni siquiera puedo 
caminar por el pueblo sin cruzarme a la chica que amo 
de verdad y ella está con este otro tipo. Así que yo esta¬ 
ba como, ¿sabes qué? Estoy harto de este lugar. Me voy 
a los Estados Unidos. Enviaré dinero a mi hijo cuando 
haya nacido y tal vez, cuando crezca, él no tenga que 
cosechar plátanos o matar a alguien para la mafia.” 

“Caray.” 


230 | No habrá muro que nos pare 

Muy pronto me di cuenta de que Ulises era muy, 
muy inteligente. Ingenioso. Ingenioso como solo jóve¬ 
nes de una pierna de pequeños pueblos violentos del 
sur de México pueden ser. Él era muy observador y 
recordaba todo. Cuando estuvo listo para irse, camina¬ 
mos hasta la colina sobre el campamento. El clima era 
sorprendentemente cálido. Él iba a caminar a Tucson, 
al menos cuatro días más. 

Le dije todo lo que sabía; arroyos, montañas, coli¬ 
nas, puntos de referencia, tiempo, distancia, norte, sur, 
este, oeste, todo desde México hasta Phoenix. No poca 
información. Asintió solemnemente, sin decir una pa¬ 
labra. Cuando terminé, él me lo repitió todo de forma 
sucinta y precisa, con unas pocas preguntas convincen¬ 
tes. Yo sabía que él iba a conseguirlo. Al cabo de una 
semana, él envió un mensaje diciendo que estaba en la 
casa de su tío en Oakland. 

Busqué un periódico de su pueblo natal. Plátanos y 
gente muerta en la primera página. 

Las cosas no salieron muy bien con su tío. Ulises 
necesitaba donde quedarse. Terminó viviendo con vie¬ 
jos amigos míos y me enviaba regularmente graciosas 
actualizaciones sobre sus bandas de punk y sus vidas 
amorosas de cuatro dimensiones. Parecía feliz. 

Seis meses después, la madre de su hijo fue asesina¬ 
da en su pueblo natal. Ulises dejó todo y voló a Chiapas 
para ayudar a la mamá de la chica a criar el bebé. Perdí 
contacto con él, al igual que el resto. Siempre me pre¬ 
gunté qué le habría pasado. 

Un día, cinco años después, yo estaba en Tucson y 
recibí un mensaje del campamento. 


Del Sur al Norte I 231 


“Tienes que venir. Hay un chico con una pierna que 
pregunta por ti y te llama por tu nombre. Él caminó 
con una familia hondureña. Una niña de trece años, un 
chico de diecisiete y un hombre de cincuenta y cinco. 
Tenías que haberlo visto, tiró su gorra al suelo y empe¬ 
zó a saltar agitando sus brazos diciendo, “¡Lo sabía! ¡Lo 
sabía! ¡Les dije que lo lograríamos! ¡Sabía que podía¬ 
mos encontrar este lugar!” 

Conduje al campamento. No lo podía creer. 

“¡Ulises! “\Ulises\ “¿Qué pasó?” Él había engordado 
un poco y ya no se veía más como un niño. 

“Escucha,” me dijo. “Mi hijo está con su abuela. 
Ahora nos llevamos bien. Decidimos que sería mejor 
que yo volviera para trabajar. Fui a Altar y me encontré 
con un grupo. Un helicóptero al norte nos dividió, la 
misma mierda de siempre, y como suele pasar, el pinche 
guía salió corriendo. Escapé con estos tres hondureños. 
Les dije ‘Miren, hay un lugar donde pueden ayudamos. 
Podemos conseguir agua, comida, medicina y también 
podemos dormir allí. Han pasado cinco años y no sé 
bien donde estamos, pero creo que puedo encontrarlo. 
Si quieren, vengan conmigo’. Estuvimos seis días en las 
montañas. Pasé cada minuto pensando en la conversa¬ 
ción que tuvimos en la colina. Traté de recordar cada 
palabra que dijiste. Pensaba tanto que había humo sa¬ 
liendo de mis orejas. Caminamos en círculos un poco, 
pero lo conseguimos. Caminamos derecho por todo el 
camino de entrada. Lo hice. Los volví a encontrar.” 

Todavía sigo asombrado por Ulises. Encontró nues¬ 
tro campamento en la vasta extensión del desierto de 
Sonora, de memoria, después de cinco años, sin un te- 


232 | No habrá muro que nos pare 

léfono, un mapa o un GPS, y llevó con él tres personas 
a salvo, que de lo contrario podrían haber muerto fᬠ
cilmente. Ni una persona en un millón habría estado 
dispuesta a esto, ni habría sido capaz. La Patrulla Fron¬ 
teriza puede tener tantas medallas en sus pechos como 
les dé la gana y esos políticos pueden envolverse en la 
bandera. No me importa. Ulises es un verdadero héroe 
americano. Ahora trabaja en los Estados Unidos y envía 
dinero a su hijo. 


Resistencia 


Con esa advertencia (que ninguno de nosotros tiene 
que hacerlo todo), queridos lectores, por favor permítan¬ 
me abordar esto directamente. La muerte en el desierto 
no es lo único desastroso en el mundo. Pero es bastante 
grave, y golpea cerca de mi casa. Realmente me gusta¬ 
ría que terminara. Te animo a encontrar una forma de 
participar. No puedo decirte exactamente cómo hacerlo. 
Venir a trabajar en el desierto es una forma. Hay muchas 
más. Hay comunidades de personas indocumentadas en 
casi cualquier parte del país, en todo del mundo. ¿Cuál 
es la situación dónde estás y qué podrías tener para ofre¬ 
cer? También hay instituciones que se benefician de esta 
catástrofe en casi cualquier parte del país. ¿Qué podrías 
hacer? 


Del Sur al Norte I 233 


Algunos han sugerido 55 que con el fin de vincular el 
cambio de sistema con metas tangibles, debemos encon¬ 
trar puntos de intervención en el sistema donde podamos 
dirigir la energía para aprovechar la transformación. 
Estos puntos de intervención incluyen la producción, la 
destrucción, el consumo, la decisión y la suposición. No 
es perfecto, pero es un buen marco que cualquiera puede 
usar cuando se piensa en cómo intervenir una situación 
concreta. 

¿Cómo sería la acción directa en el punto de la produc¬ 
ción? ¿Impidiendo la construcción de nuevas instalaciones 
del sistema de centros correccionales? ¿Y la destrucción? 
¿Encontrando formas de interferir con las operaciones 
de la Patrulla Fronteriza y el Servicio de Inmigración y 
Control de Aduanas o interviniendo en las deportacio¬ 
nes? ¿Y el consumo? ¿Presionando empresas para que no 
cumplan las leyes anti-inmigrantes y organizando boicots 
contra las que se nieguen? ¿La decisión? ¿Interrumpiendo 
reuniones o procesos legislativos? ¿Cómo sería la acción 
directa en el punto de la suposición? ¿Qué mentiras y su¬ 
posiciones se usan para justificar la deshumanización de 
los inmigrantes? ¿Cómo puedes contrarrestarlas? ¿Tienes 
otras ideas ? 

La acción directa en el contexto de la ayuda humanita¬ 
ria en el desierto es en definitiva un campo relativamente 
nuevo. Elay muchas tácticas por desarrollar y muchas 
que no se han llevado al límite. Todavía hay mucho por 
aprender y hay mucho que gente nueva puede ofrecer. Lo 


55 Por ejemplo, Patríele Reinsborough y Doyle Canning en “Points 
of Intervention,” (Puntos de Intervención). 



234 | No habrá muro que nos pare 


más prometedor son las alianzas transnacionales, inter¬ 
culturales e intergeneracionales que se han forjado en el 



crisol de la frontera, que tienen que acercarse a su máxi¬ 
mo potencial. Nuestra capacidad para hacer realidad este 
potencial determinará la extensión del éxito de nuestra 
campaña para acabar con la muerte de migrantes en el 
desierto, y de si esa campaña alguna vez se convierte en 
una resistencia más profunda al sistema, a la raíz del pro¬ 
blema. Todavía no han escuchado nuestro trueno. 

Por lo general no me emocionan mucho las accio¬ 
nes en las que la gente es arrestada a propósito. “Eso 
va contra mi ética de estafar,” dice Lupe Fiasco, y yo 
suelo estar de acuerdo. La desobediencia civil es am¬ 
pliamente fetichizada en los Estados Unidos, aunque 
no siempre produce los resultados más deseables. Sin 
embargo, al igual que cualquier otra táctica, puede fun¬ 
cionar en las circunstancias correctas. 

Por ejemplo, el n de octubre de 2013 , dos grupos 
de personas se encadenaron a dos buses de G 4 S (antes 
Wackenhut) llenos de 70 detenidos llevados a las au¬ 
diencias en la corte federal de Tucson, Arizona, por la 
“Operación Streamline.” Otro grupo se encadenó den¬ 
tro de la misma corte. La historia requiere de algo de 
contexto. 

La Operación Streamline es una iniciativa del De¬ 
partamento de Seguridad Nacional y el Departamento 
de justicia, iniciado en 2005 , que adopta un enfoque de 


Del Sur al Norte I 235 


tolerancia cero con el paso fronterizo no autorizado. 
En contraste con la política anterior, las infracciones 
inmigratorias son procesadas por el sistema de justicia 
criminal. Los infractores sin antecedentes son pro¬ 
cesados por entrada ilegal como delito menor, lo que 
implica una pena máxima de seis meses. Cualquiera 
que haya sido deportado en el pasado y sea capturado 
volviendo a entrar recibirá el cargo de reingreso como 
delito grave, dos años de sentencia, pero puede llegar 
hasta 20 si la persona tiene antecedentes criminales. 
Más del 99% de las personas procesadas por la Opera¬ 
ción Streamline se declaran culpables, porque quienes 
lo hacen obtienen penas más cortas, mientras que 
quienes no, pueden recibir la máxima pena. 

Otra característica distintiva es que los casos no se 
procesan individualmente. En cambio, las personas 
son procesadas en un grupo numeroso. Un solo caso 
en la corte de Tucson puede incluir hasta 70 acusados. 
Los casos grupales típicamente toman de 30 minutos a 
dos horas y media para decidir, es decir, de 25 segundos 
a dos minutos por acusado. Además, los abogados de 
defensa cuentan apenas con media hora para consultas 
con su cliente, lo que ocurre en la mañana del juicio. 
Estas consultas son al aire libre, en la misma corte en la 
que más tarde se realizará el juicio en masa. Todo esto 
es de dudosa legalidad en el mejor de los casos, pero 
lo han hecho felizmente en cada día hábil por años. El 
negocio es bueno. 

Ten en cuenta que la gente es enviada a prisión con 
regularidad por años en estas Cortes no diplomadas. 
No soy fan de los procesos jurídicos, así de simple; pero 


236 | No habrá muro que nos pare 

incluso por estándares normales, Streamline es una 
parodia de esta justicia. Estrictamente hablando, es un 
fracaso de los procedimientos reglamentarios. El claro 
objetivo de todo esto es hacer pasar más personas por 
el sistema jurídico. El resultado final es que decenas de 
millones de dólares de los contribuyentes son canaliza¬ 
dos a la industria de prisiones privadas, que albergará a 
los detenidos (G4S por ejemplo). 

Streamline fue frenado completamente en Tucson 
el día de la acción del autobús. Llevó a la policía bastan¬ 
te tiempo averiguar cómo lidiar con la situación, tanto, 
que todas las audiencias para ese día fueron canceladas. 
No había forma de llevar a los detenidos de vuelta al 
juicio, porque el tribunal tenía 70 personas más agen- 
dadas para el día siguiente, y el siguiente, y el siguiente, 
hasta el infinito. Todos los detenidos en ambos auto¬ 
buses fueron eventualmente deportados sin procesos 
penales, porque el gobierno no podía darles un juicio 
rápido como corresponde por ley. El gobierno trató, 
pero no pudo condenar a todos los participantes de la 
acción con varios cargos. Los acusados en el caso fue¬ 
ron sentenciados a 14 horas en prisión: sin multas. 

Sin embargo, hay cierto desacuerdo sobre la efi¬ 
cacia de la acción, puesto que un gran porcentaje de 
detenidos acabaron siendo deportados lateralmente. 
Para dar un poco de contexto, la deportación lateral es 
otra práctica legalmente cuestionable que el gobierno 
ha usado por años. La idea es enviar a los deportados 
no a la ciudad fronteriza más cercana de donde fue¬ 
ron detenidos, sino a otro lugar mucho más lejano. Al 
Departamento de Seguridad Nacional le encantaba en- 


Del Sur al Norte I 237 


viar gente al noreste de México a comienzos de 2010, 
cuando era prácticamente una zona de guerra. Ser de¬ 
portado lateralmente de Nogales a Matamoros en esos 
años era como recoger un borracho en San Francisco y 
tirarlo en Bagdad en la medianoche después de haberle 
quitado la billetera. 

Debido a esto, algunas personas argumentaron que 
los efectos negativos al bloqueo de G4S superaban los 
positivos. Otros no estaban convencidos de que los dos 
eventos estuvieran relacionados; otros más señalaron 
que para cada acción, hay una reacción igual y opuesta, 
y no hay forma de evitarlo. 

Hasta dónde sé, la mayoría de la gente está de acuer¬ 
do con esto: al final, 70 personas que de otra forma 
hubieran ido a prisión, no fueron procesadas criminal¬ 
mente, ni detenidas. 

Así que la acción les costó poco a los participantes, 
ya que los beneficios fueron grandiosos. Es un buen 
resultado. La táctica podría ser fácilmente replicada o 
mejorada por gente involucrada en este tipo de cosas. 
Al final, la ley de la disminución de los regresos entrará 
(las tácticas de la policía pueden mejorar, las sentencias 
y las multas incrementar, la definición de juicio rápido 
cambiar, y así sucesivamente) pero sería efectiva por 
algún tiempo. Cuando deje de ser efectiva, los parti¬ 
cipantes podrán desarrollar alternativas y el campo de 
batalla se movería una vez más. 

Termino con dos puntos. Primero, la cadena de su¬ 
ministro es siempre el corazón de la logística militar. 
Cuánto más grandes y complejas sean estas cadenas 
serán más susceptibles a la perturbación, y la cadena 


238 | No habrá muro que nos pare 

de suministro del gobierno de Estados Unidos en su 
guerra unilateral contra las personas indocumentadas 
es de hecho grande y compleja, y altamente susceptible 
a la perturbación. Segundo, es posible evaluar la efecti¬ 
vidad de la mayoría de las acciones haciendo un simple 
análisis de coste-beneficio: ¿Qué es lo máximo que po¬ 
dríamos lograr o beneficiar para el mínimo de riesgos o 
costes? El bloqueo del autobús es un ejemplo acertado 
de cuando esto sale bien. Hay un campo infinito de po¬ 
sibilidades en espera de más experimentación. 


“Vivir para ser libres o morir 
para dejar de ser esclavos.” 
-graffiti que cita a Práxedis Guerrero en el 
muro fronterizo del sur, Nogales, Sonora. 




r-' 




















































.. termina en todas partes 








Del Este al Oeste I 243 


He dado lo mejor de mi para explicar la historia de 
la migración irregular en Norteamérica. Es una historia 
que no es exclusiva de Estados Unidos, ni de Occidente. 
Diferentes versiones pueden encontrarse donde sea que 
la pobreza y la inestabilidad confluyan con la riqueza 
empresarial y la estabilidad: desde Haití hacia República 
Dominicana; desde varios países del oeste de África, pa¬ 
sando por Marruecos, hacia España por Ceuta y Melilla; 
desde el oeste y este de África (Somalia, Eritrea, Sudán, 
Sudán del Sur), a través de Libia y cruzando el mar Me¬ 
diterráneo, hacia Italia por Lampedusa; desde el este de 
África, por la península del Sinaí, hacia Israel; desde la 
República Centroafricana hacia cualquier otro lugar; del 
sur de África (sobre todo Zimbabwe) hacia Suráfrica; 
desde el Oriente Medio (Siria, Irak) y Asia central (Afga¬ 
nistán, Pakistán), a través de Turquía y el Mediterráneo, 
hacia Grecia por Lesbos; desde Bangladesh hacia la India; 
desde Bangladesh y Myanmar (sobre todo de los pueblos 
Rohingyas), por el mar de Andaman, hacia el sureste de 
Asia (Malaisia, Tailandia, Indonesia); desde el sur de Asia 
(India, Pakistán, Bangladesh, Sri Lanka, Nepal) y las Fi¬ 
lipinas hacia los Estados del Golfo (mediante el sistema 
legal kafald)', desde Corea del Norte a través de China 
y Laos hacia Tailandia o Corea del Sur; desde la China 
rural hacia la China urbana (debido al sistema de resi¬ 
dencia bukou ) y desde varias zonas de Asia y el Oriente 
Medio, a través de Indonesia y el mar de Timor, hacia 
Australia... por poner solo unos pocos ejemplos. 

Cualquiera de esas rutas podría dar para un libro en¬ 
tero. Cada lugar es diferente, pero la historia suele ser 
la misma. En todas partes encontramos la misma fron- 


244 | No habrá muro que nos pare 

tera. En todas partes muere gente intentando cruzarla, 
enfrentándose a las mismas barreras y guardias. En todas 
partes existe la misma industria de la trata de personas 
construida a su alrededor, donde se repiten los mismos 
patrones de secuestro, extorsión, servidumbre por con¬ 
trato, esclavitud y violaciones. Todo lo malo se adjudica 
a estos traficantes de personas, que no son la causa del 
problema sino un subproducto. En todas partes hay in¬ 
tercambios desiguales: precios altos, salarios bajos y caos 
en un lado; salarios altos, precios bajos y orden en el otro. 
En todas partes se da la misma sobreexplotación de traba¬ 
jo de indocumentados en el interior, el mismo terror a la 
deportación, los mismos beneficios económicos gracias a 
la detención, el traslado de personas y a la militarización 
de la frontera, y el mismo papel de migrantes y refugia¬ 
dos como chivos expiatorios. En todas partes se intenta 
de la misma manera externalizar el problema hacia países 
intermediarios (México, Marruecos, Libia, Turquía, In¬ 
donesia), las mismas deportaciones a través de terceros, la 
misma utilización de personas desplazadas para negociar 
concesiones entre esos Estados y los Estados del primer 
mundo que tienen la sartén por el mango... entre la pe¬ 
riferia y el núcleo. 56 En todas partes hay un excedente de 


56 La inmensa mayoría (86%) de las personas definidas como re¬ 
fugiados bajo la ley internacional no se encuentran en la Eu¬ 
ropa occidental, Estados Unidos o el “Primer mundo”, sino 
en los llamados “países en vías de desarrollo” como Turquía, 
Líbano, Jordania, Pakistán, Irán, Etiopía o Kenya. En 2016, 
Líbano acoge a 1,5 millones de sirios, que ahora representan el 
25% de la población del país, el récord mundial de porcentaje 
refugiados/ciudadanos. Si se hiciera la extrapolación, Estados 



Del Este al Oeste I 245 


humanidad que se niega a desaparecer, aunque el capita¬ 
lismo no la necesite. 

Cada vez más solo queda una opción, un lugar al que 
acudir, un empresario que sigue contratando: el nihilismo 
puro. ISIS, Boko Haram, los Zetas. Señores de la guerra. 
Cuando todas las puertas están cerradas, los excluidos 
pueden seguir adelante de acuerdo a este principio: “si 
nuestras vidas no valen nada, nada es sagrado”. Este no es 
el mundo en el que quiero vivir. 

El dogma central del “libre comercio”, ese capitalis¬ 
mo globalizado que ha dominado al mundo desde el fin 
de la Guerra Fría, es que el capital debe poder moverse 
libremente a través de las fronteras, mientras el trabajo 
y la humanidad sobrante no se rige por estos principios. 
El papel principal de los Estados (cada vez más su único 
papel) es mantener el orden en el interior y vigilar las 
fronteras. Los documentos que demuestran la ciudadanía 
se han convertido en lo más determinante dentro de un 
sistema de castas global y estratificado. Después de más 
de 25 años, este sistema funciona cada vez menos. Quizá 
ya se está desmembrando del todo. 57 


Unidos debería acoger 107 millones de refugiados. Ver Global 
Trends: Forced Displacement in 2015 (Tendencias Globales: 
Desplazamientos Forzados en 105). 

57 La Agencia de la ONU para los Refugiados (sic) anunciaba que, 
hasta finales del 2015, 65,3 millones de personas fueron des¬ 
plazadas forzosamente en todo el mundo como resultado de la 
persecución, conflicto, violencia generalizada y por violaciones 
de los derechos humanos. Según el informe, esto representa 5,8 
millones más que el año anterior, y el número de personas des¬ 
plazadas ha alcanzado cifras históricas, superando incluso las 
cifras posteriores a la Segunda Guerra Mundial. 



246 | No habrá muro que nos pare 

Me opongo a todas las fronteras y estoy a favor del 
libre movimiento de las personas por todo el mundo. No 
creo que la práctica de restringir los desplazamientos en 
base al lugar de nacimiento sea justificable bajo ningún 
prisma ético, filosófico, espiritual o sistema legal. 

Y tengan en cuenta que no soy un utópico. No creo 
que haya ninguna posibilidad de que las fronteras dejen 
de existir por arte de magia, ni que, en el caso de que eso 
ocurriese, no hubiera efectos secundarios desagradables. 
Pero cualquier paso en esa dirección es mejor que nada. 
Hay algunos pocos lugares donde la migración irregu¬ 
lar se administra de forma, en comparación con muchos 
otros sitios, más humana: la de Nicaragua hacia Costa 
Rica, de Siria hacia Líbano, o la de Bolivia, Paraguay y 
Perú hacia Argentina o Brasil. 

Suavizar o abolir las fronteras crearía nuevos proble¬ 
mas. Pero a no ser que creamos que algunas vidas son más 
valiosas que otras, entonces, desde el punto de vista de 
lo qué sería mejor para la mayoría, cuanto antes afronte¬ 
mos estos problemas directamente y con valentía, mejor. 
Sí, eso haría más fácil a los terroristas atacar Occidente, 
pero si Occidente dejara de ser una fortaleza sellada que 
solamente consume recursos, existirían menos incentivos 
para atacarlo. Sí, las guerras podrían proliferar, pero nos 
guste o no, esas guerras ya se están gestando, más viru¬ 
lentas, y lo único que hacen las fronteras es exacerbar las 
condiciones que llevan a la gente a pelear estas guerras. 

Las cartas están echadas. Vivimos el final de una 
época en que las necesidades de ciertas personas podían 
ser satisfechas a expensas de otras, sin compensación. Esa 
época está llegando a su fin. 


“Soy un disturbio 
Soy un disturbio 
a través de tus fronteras 
Soy a prueba de balas” 
-Beyoncé Knowles-Carter, “Freedom,” 2016 







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Caos y Orden 


El muro en el desierto debería ser visto como el sím¬ 
bolo de mi generación, como el muro de Berlín lo fue de 
la anterior. Y como el muro de Berlín, será derribado con 
martillos y máquinas excavadoras. Si sigo vivo, ahí estaré. 

Tras el fin de la Guerra Fría nos dijeron que habíamos 
alcanzado el fin de la historia. La nueva era duraría para 
siempre: democracia liberal, libre comercio capitalista, 
hegemonía militar de Estados Unidos y un sistema de 
fronteras cuidadosamente administrado para regular el 
movimiento de los trabajadores y de la población sobran¬ 
te. Durante un periodo de tiempo en los años 90, fue 
posible que algunas personas se convencieran de ello, de 
que era algo real. 

Ya nadie lo cree, ni los principales beneficiarios del 
orden establecido. Encontramos su apocalíptica ansiedad 
en todas sus películas, vídeos musicales y publicidad, y 
sobre todo en sus planes de contingencia. 58 Y ni siquiera 
me voy a acercar al tema de la ecología: todo el mundo 
sabe que la fiesta no puede continuar, que el carruaje se 
convertirá en una calabaza a medianoche y que nuestros 
niños sufrirán graves consecuencias por la herencia que 
les hemos dejado. 


58 Ver Introduction to the Apocalypse (Introducción al Apocalipsis), 
publicado de forma anónima por el Institute for Experimental 
Freedom (Instituto para la Libertad Experimental), en 2009. 


251 



252 | No habrá muro que nos pare 

Con el cambio de siglo, aquellos de nosotros que nos 
oponíamos al orden establecido creimos involucrarnos en 
una confrontación bilateral que medía las fuerzas entre 
los intereses de la humanidad en general y las entrela¬ 
zadas estructuras del poder del Estado y el capitalismo. 
Ya no puedo redactar esas palabras con cara seria. Otro 
mundo siempre es posible, tal y como anunciaba nuestro 
eslogan, pero ahora está claro que no éramos los únicos 
que pensaban en cómo luciría ese nuevo mundo, y es que 
la inestabilidad social en sí misma no es necesariamente 
algo positivo. 

Así que si bien es cierto que la era neoliberal está lle¬ 
gando a su fin, no hay garantías de que algo mejor ocupe 
su lugar. Quienes se oponen a este orden en nombre de 
la liberación para todos no son los únicas interesados en 
destruir las fronteras, ni los mejor armados, entrenados 
o financiados. 59 ISIS puede ser la primera formación 
fascista de la historia que es explícitamente antiracista y 
antinacionalista. De hecho, consiguieron tirar abajo una 
frontera nacional, que es más de lo que ningún otro mo¬ 
vimiento o insurrección ha conseguido últimamente. 

Pero ISIS calculó mal, está claro. La gente no tolera 
el caos durante mucho tiempo. La gente busca la posi¬ 
bilidad de alguna resolución, inclusive el totalitarismo si 
no hay otra opción y no hay otra escapatoria. La gente 
que, como forma de vida, fomenta el caos normalmente 
quiere estar a cargo. Casi siempre fracasa. Por otro lado, 


59 Además, tal como el voto a favor del Brexit o la elección de 
Trump demuestran, muchos de las que se oponen a ese orden 
lo hacen en nombre del nacionalismo autoritario y esperan for¬ 
tificar las fronteras de forma aún más férrea que hasta ahora. 



Del Este al Oeste I 253 


cuando se ven fuertemente presionados, los que están a 
cargo muchas veces provocarán el caos para posicionarse 
como la única solución posible. A menudo tienen éxito. 
La vieja guardia todavía tiene muchas fuerzas para luchar. 

Es algo que podemos ver tanto en Siria como en Mé¬ 
xico. ISIS salvó a Assad, los Zetas salvaron al PRI. En el 
momento en el que escribo, ISIS no está ganando, pero 
Assad sí. De forma parecida, los Zetas han perdido im¬ 
pulso: Sinaloa y el PRI están más asentados en el poder 
de lo que lo estaban hace diez años. Bajo la presión de 
transformar la sociedad (en México debido a La Otra 
Campaña 60 de 2006 y en Siria por la Primavera Arabe de 
2011), las élites de ambos países preñrieron la guerra a 
enfrentarse a una revolución. En ambos casos, el caos que 
siguió finalmente sirvió para legitimar sus dominios. En 
ambos casos, es cuestión de tiempo antes de que los mo¬ 
vimientos sociales se reafirmen en desestabilizar el orden 
existente, desde abajo. 

La revolución se convierte en guerra. La guerra justifi¬ 
ca la tiranía. La tiranía lleva a la revolución. 

La piedra aplasta las tijeras. Las tijeras cortan el papel. 
El papel envuelve a la piedra. 

Las apuestas en este juego son crecientemente globa¬ 
les. ¿Hay posibilidad de ganar? 


60 Para una declaración de principios que motivó este ambicioso 
intento de sacar la rebelión Zapatista fuera de Chiapas hacia el 
conjunto de México, ver la Sexta declaración de la Selva Lacan- 
dona, emitida por el EZLN en junio de 2005. 




Transformación 


“Sin lucha no puede haber progreso. 
Los que profesan a favor de la libertad, 
pero desaprueban la agitación, son los 
hombres que quieren cultivos sin arar 
el terreno; quieren lluvia sin rayos ni 
truenos. Quieren el océano sin el terrible 
fragor de sus muchas aguas. Esta lucha 
puede que sea de tipo moral, o puede que 
sea física, y puede ser tanto una como 
otra, pero debe ser una lucha. El poder 
no concede nada si no se le exige. Nunca 
lo hizo y nunca lo hará. Si descubres a 
lo que las personas aceptan someterse 
encontrarás la medida exacta de la 
injusticia y los agravios que les serán 
impuestos, y estos continuarán hasta que 
sean confrontadas con palabras, golpes 
o ambas. Los límites de los tiranos son 
prescritos por la resistencia de aquellos 
a quienes oprimen” 

Frederick Douglass, 3 agosto 1857. 


255 


2 56 | No habrá muro que nos pare 

Revolución 


Entonces, ¿estamos hablando de una revolución? 
¿Qué es la revolución? ¿Qué significa? 

Marx dijo que era apoderarse de los medios de pro¬ 
ducción; Lenin, que era apoderarse del poder estatal. 
Nechayev dijo que era el fin para justificar todos los 
medios; Stalin decía que podía darse de forma continua 
dentro de las fronteras de un Estado-nación. Mao en¬ 
fatizaba la importancia de la cultura; Pol Pot, que nos 
llevaría a un nuevo comienzo. Sus sueños fueron pesadi¬ 
llas y la victoria fue peor que la derrota. 

¿Puede rescatarse este concepto? Yo creo que sí. ¿Qué 
es' 

Bakunin encarnó la revolución. También predijo qué 
pasaría si fuera interpretada como una forma de colocar 
a la gente correcta al mando. Nube Roja o Caballo 
Loco nunca comentaron nada respecto a la revolución: 
no lo necesitaban. Frederick Douglass luchó por ella, 
William Lloyd Garrison argumentó a su favor, Elarriet 
Tubman vivió para ella y John Brown murió por ella, 
aunque en su época a la revolución se le llamaba Dios. 
Seth Concklin pasó toda su vida trabajando por ella, 
y casi nadie se lo agradeció o recordó su nombre. La 
revolución aguantó una semana en las barricadas de la 
Comuna de París. Louis Lingg pidió a sus carceleros que 
le colgasen por ella y entonces, él se les adelantó. Emma 
Goldman dijo que se podía bailarla, Alexander Berkman 
apuntó a ella y lo mantuvieron juntos durante 47 años. 
Los Wobblies pillaron un aventón para seguirla; Mother 


Del Este al Oeste I 257 


Jones la gustaba. Durruti dijo que la llevamos en nuestros 
corazones y que crece a cada instante. En el último mes 
de su vida, Malcolm X dijo que será un choque global 
entre los oprimidos y los opresores, entre aquellos que 
quieren libertad, justicia e igualdad para todo el mundo y 
los que quieren continuar con los sistemas de explotación. 
Los Panteras lo tenían todo, pero sus enemigos los 
desmembraron: en el oeste tenían el corazón, en el este 
los dientes, en el norte sus raíces y en el sur las agallas. 
Dieron un susto de muerte al Gobierno. Fred Hampton 
la describió perfectamente y le mataron por ello. Los 
Weather Underground intentaron encenderla. Assata 
Shakur creía que nos podía llevar a buen puerto y se 
salió con la suya. El Movimiento Indio Americano no 
dijo mucho sobre ella, ni tampoco es que hiciera falta. 
Los Zapatistas dejaron de hablar de ella y se pararon a 
escuchar y entonces ocurrió. Está sucediendo de nuevo 
en Rojava, en las circunstancias más complicadas. 

Alcancé a vislumbrarla en Seattle, en 1999, y en 
Oakland en 2011, pero se escabulló. No voy a especular 
sobre mi generación: aún no ha terminado. 



Uno de los fundadores de No Más Muertes me ex¬ 
plicó una vez una historia, llamada “La parábola del 
Río”. Puede que a personas que hayan trabajado en 
ONG’s o en el sector de salud les suene familiar. La es¬ 
tructura de la historia no es perfecta y la metáfora es 
totalmente errónea al menos en un pasaje importan- 


258 | No habrá muro que nos pare 

te: los migrantes y refugiados nunca son simplemente 
víctimas indefensos, como espero haya quedado claro 
en las páginas precedentes. La mayoría no son bebés y 
los niños crecen rápido. 61 Sin embargo, es una parábola 
conocida por una buena razón, refleja el dilema central 
del trabajo solidario en el desierto y de otros proyectos 
parecidos. 62 

Dice algo así: 

“Hay un pequeño pueblo a orillas de un río. Un día, 
una mujer va a la orilla para lavar la ropa, ¡y ve a un 
bebé flotando! Salta al agua y pone a salvo a la criatura. 
La lleva al pueblo y encuentra a alguien que se ocupe 
de ella. Cansada y agotada, vuelve a seguir lavando su 
ropa... ¡y ve otro bebé flotando! De nuevo, salta hacia 
la rápida corriente y toma al bebé en sus brazos. Pero 
antes de poder llegar a la orilla, ve como otro bebé se 
le acerca flotando. Y otro, y otro. Consigue agarrar a 
otro bebé, pero solamente tiene dos brazos. Dos bebés 
se van alejando arrastrados por la corriente. Uno desa¬ 
parece bajo el agua más allá de su alcance. La cabeza de 
uno de ellos choca contra una roca. La mujer mira a la 
corriente y ve cómo seis bebés más flotan hacia donde 


61 He podido observar bastantes interacciones entre estadouni¬ 
denses de 26 años y hondureños de 16 años. Normalmente no 
hay duda sobre quién es el adulto. 

62 Quien me explicó esta historia tiene más de 80 años. Ha estado 
involucrado en movimientos sociales más de 50 años: prime¬ 
ro en el movimiento por los derechos civiles, luego luchando 
por el fin de la guerra en Vietnam, después en el Movimiento 
Santuario y, finalmente, en No Más Muertes. Dice que desde 
siempre ha escuchado esta parábola. 



Del Este al Oeste I 259 


se encuentra. Horrorizada, grita pidiendo ayuda. Las 
personas que trabajan en el campo cercano corren en 
su ayuda. 

Los bebés siguen apareciendo. Al poco rato, todos 
los habitantes se encuentran ocupados tratando de sal¬ 
var a todos los bebés que siguen llegando. Hay equipos 
de buenos nadadores, que en todo momento están aler¬ 
ta en las orillas. Van sacando bebés del agua hasta que 
sus músculos se agotan y sus dientes rechinan. A veces 
incluso los nadadores más fuertes saltan al agua con 
mucha frecuencia. La fría y fuerte corriente los arras¬ 
tra y sus cuerpos se quiebran contra las rocas. Otras 
personas alimentan a los bebés, los cuidan para que 
recuperen su salud y atienden sus heridas. Hay padres 
y madres que los acogen, hay carpinteros, tejedores, 
jardineros, cazadores, profesores, terapeutas y coci¬ 
neros. Se necesita mucho esfuerzo para que los bebés 
sean adecuadamente alimentados, alojados, vestidos e 
integrados en la vida del pueblo. Hay gente que hace de 
todo y sigue sintiendo que no hace lo suficiente. 

No es posible sacar a todos los bebés del río. Muchos 
se ahogan. Pero los habitantes del pueblo creen que en 
esa situación de crisis, lo están haciendo bien. Incluso 
el sacerdote del pueblo les bendice por su buen trabajo. 
La vida sigue. 

Pero cada vez es más difícil conseguir comida para 
todo el mundo y encontrarle un hogar a tantos bebés. 
La gente está agotada, tiene hambre y está triste. Los 
nervios están a flor de piel. Los estados de ánimo se 
crispan. Hay peleas. Llega el invierno. 


260 | No habrá muro que nos pare 

Cierto día se ve a dos mujeres que se alejan del 
pueblo. “¿A dónde van?”, les pregunta alguien, des¬ 
concertado. “¡Las necesitamos aquí! ¿No ven cuan 
ocupados estamos?” 

“Ustedes aguanten aquí”, dice una de ellas, con un 
machete en la mano. La otra mujer lleva una horca. 
“Vamos río arriba a parar a quien sea que está lanzando 
todos estos bebés al río”. 

En la plaza del pueblo estalla una discusión a gritos. 

“¡Ya era hora!”, grita el herrero, levantando su hacha. 
“¿Por qué no se nos había ocurrido antes? No podemos 
permitirnos seguir así mucho tiempo. ¡Voy con uste¬ 
des!” Muchos de las habitantes del pueblo gritan en 
señal de aprobación. 

“¡No tan rápido!”, exclama el sepulturero, golpean¬ 
do su pico contra el suelo. “¿Qué va a pasar si todos 
dejamos de trabajar en nuestras funciones? ¿Quién vi¬ 
gilará el río? ¿Quién se encargará de cuidar a los niños 
que viven con nosotros? ¿Quién atenderá en la clínica? 
¿Quién se ocupará de los huertos? Les diré qué ocurri¬ 
rá: se ahogarán más bebés”. Muchas de las personas 
que antes estaban a favor de la expedición ahora asien¬ 
ten solemnemente a las palabras del sepulturero. 

“Esto es una falsa dicotomía”, comenta una de los 
jóvenes que lava los platos. “Algunos deben ir a ver qué 
pasa y otros quedarse aquí”. Casi todo el mundo cree 
que tiene razón, pero hablamos de un pueblo pequeño. 

“No somos suficientes”, dice el sacerdote. “Además, 
supongamos que vamos río arriba. Tú con una pala y 
yo con un hacha. ¿Qué nos encontraremos? Es posible 
que haya sido un accidente. Quizá hay un gran agujero 


Del Este al Oeste I 261 


al lado de un jardín infantil. Pero no es muy probable. 
Dado el enorme número de bebés en el río, la expli¬ 
cación más plausible es que alguna persona odiosa y 
desalmada los esté lanzando al agua. ¿Con qué fin? 
Debe haber alguna razón. 

“¿Qué haremos cuando encontremos al malvado? 
Intentaremos razonar con él y explicarle por qué lan¬ 
zar a bebés al río es algo malo? ¿Le empujaremos a él al 
río? ¿Estamos dispuestos a matarle si es la única forma 
de acabar con esa práctica cruel? 

“¿Qué pasa si es más grande que nuestro amigo el 
herrero? ¿Qué pasa si tiene una pistola o si no está 
solo? ¿Qué pasa si sus secuaces tienen palos, cuchillos, 
pistolas, escopetas, rifles, artillería pesada, tanques, he¬ 
licópteros, aviones, misiles o armas nucleares? ¿Cómo 
seríamos capaces de detenerlo?” 

Por fortuna, el sacerdote se olvida de algo, y la pa¬ 
rábola no lo tiene todo en cuenta. Hay millones de 
personas en el río. Debemos ser capaces de ayudarnos 
entre todos. 


262 | No habrá muro que nos pare 

Una dura lección 


No soy un entusiasta acrítico de los zapatistas. Pero 
hay una razón por la cual fueron capaces de llevar a cabo 
la primera revolución de la era posmoderna. Estudiaron 
meticulosamente a sus predecesores, aplicaron las lec¬ 
ciones que les eran útiles, adaptaron las estrategias a su 
entorno, esperaron a que el momento fuera el adecua¬ 
do, actuaron audazmente y pusieron al mundo al revés. 
Mientras el fin de la era posmoderna se aproxima, debe¬ 
mos estudiar a nuestros antepasados, empezando por los 
mismos zapatistas. 

Los zapatistas rompieron con toda la tradición mar- 
xista-leninista al demostrar que la meta de alcanzar el 
poder estatal era una pista falsa. Declararon la guerra al 
gobierno mexicano sin intención de intentar colocarse en 
su lugar. En vez de ello se dedicaron a establecer zonas 
autónomas. Recuerdo que los izquierdistas estaban pro¬ 
fundamente confundidos. 63 

La palabra clave de la rebelión zapatista es Autono¬ 
mía. 64 Podemos definir la autonomía como la libertad de 


63 A los 14, que es cuando descubrí las inmensas alegrías de las 
sectas, me encontraba atrapado con los trotskistas. 

64 En 2002 me encontraba en la municipalidad autónoma de San 
Pedro Polho, y veía bandadas de hermosos pollos corriendo 
por todas partes. “¿De quién son todos estos pollos?”, pregunté 
sorprendido. “Oh...son autónomos, también son zapatistas”, me 
dijeron. Esta es la diferencia entre la voz del viento que sopla 
desde abajo y la voz del viento que viene desde arriba: pollo vs. 
autónomo. El PRI habla de la gente como si fueran pollos; el 
EZLN habla de los pollos como si fueran personas. 



Del Este al Oeste I 263 


tomar decisiones y actuar en todas las cuestiones que nos 
afectan directamente, empezando desde el nivel del indi¬ 
viduo y escalando hacia arriba, sin necesidad de que un 
poder superior nos dé permiso. 

Hizo falta más de un año de lucha armada para que este 
concepto emergiera plenamente. Su primera aparición en 
los principios zapatistas fue en la Tercera Declaración de 
la Selva Lacandona, en enero de 1995. En la Sexta Decla¬ 
ración de la Selva Lacandona ya es un concepto central. 

En esencia, el movimiento zapatista lucha por la auto¬ 
nomía indígena. Por definición, es algo mexicano y maya, 
pero su objetivo es inspirar a otros a establecer zonas au¬ 
tónomas en cualquier otro lugar. Los zapatistas defienden 
el derecho de los indígenas a la autodeterminación, algo 
que se les ha denegado los últimos 500 años. Argumentan 
que los nativos de un territorio dado deberían ser libres 
de administrar su propia economía, política y recursos 
de acuerdo a sus propias tradiciones y costumbres. Esto 
difiere del separatismo por el hecho de que los zapatistas 
son claros en que no quieren un Estado propio. 

Además, el 1 de enero de 1994, el primer día de la 
rebelión, el EZLN definió en El Despertador Mexicano el 
derecho de la gente que vivía en territorio zapatista a re¬ 
belarse contra cualquier acción injusta del propio EZLN, 
diciendo que la gente debía “adquirir y poseer armas para 
defenderse a sí misma, sus familias y sus propiedades... 
contra los ataques armados de las fuerzas revolucionarias 
o del gobierno” 65 . Esa es la prueba de fuego. Los revolu- 


65 Según los informes de Paul Z. Simmons en Modern Slavery 
(Esclavitud Moderna), las YPG/YPJ (Unidades de Protección 



264 | No habrá muro que nos pare 

cionarios que optan por el monopolio de la fuerza de la 
misma manera que lo hace un Estado no son de fiar. Si 
intuyes algo así, échate a correr. 

A escala social, la autonomía podría entenderse como 
la facultad de retener el territorio y dotarse de un proce¬ 
so de toma de decisiones descentralizado y participativo 
para administrarlo, sin monopolio de la fuerza. La re¬ 
volución podría imaginarse como un puente que lleva 
desde aquí hasta allá. Los 22 años de autonomía indígena 
en la Chiapas posmoderna son un logro verdaderamente 
increíble. 66 En memoria, lo mejor de la tradición revolu¬ 
cionaria de Europa apenas puede citar a algo como esto. 
No es perfecto, pero prefiero una realidad deficiente que 
pueda tocar con mis manos a un ideal perfecto que no 
puedo alcanzar. 

Elasta aquí todo bien, pero no se puede negar que las 
cosas no hayan ido muy bien en México esta última dé¬ 
cada. Los enclaves zapatistas permanecen, pero el resto 
del país ha ido de mal en peor. El Estado mexicano ha 
dibujado una línea en la arena. Han perdido control de 


Popular/Unidades Femeninas de Protección) han tomado posi¬ 
ciones similares en los territorios liberados de Rojava. 

66 Ver los trabajos de James C. Scott para otros ejemplos en el 
mundo posmoderno, y también los escritos de David Grae- 
ber sobre Madagascar. Para consultar algunos ejemplos pasa¬ 
dos por alto por la historia estadounidense, ver la historia de 
las comunidades de esclavos que escaparon hacia los pantanos 
Great Dismal en The Real Slavery in North America (La verda¬ 
dera esclavitud en Norteamérica), por Russell Maroon Shoats, 
así como la historia de Pdenry Berry Lowry y los Bandidos de 
los Pantanos en Dixie Be Damned por Neal Shirley y Saralee 
Stafford. 



Del Este al Oeste I 265 


parte de Chiapas, pero prefieren incendiar su propia casa 
que arriesgarse a perder el control del resto de México. 
El secuestro y presunto asesinato de 43 estudiantes de la 
Escuela Rural Normal de Ayotzinapa en Iguala, Guerre¬ 
ro, en septiembre de 2014 67 envió un mensaje claro de 
que La Otra Campaña se había terminado, de que a la 
autonomía indígena no se le permitiría expandirse a otras 
zonas de México y que no hay nada que pudieran hacer 
los zapatistas respecto a ello. ¿Qué ocurrió? 

Cederé la palabra a los mexicanos que estarán más in¬ 
volucrados en todo este tema, pero como estadounidense 
que participa en el movimiento, aquí está mi teoría: todo 
se reduce a las armas. Por el momento, las zonas autó¬ 
nomas existen solamente donde son toleradas (como en 
Chiapas) o donde se defienden con uñas y dientes (como 


67 Los estudiantes desaparecieron el 26 de septiembre, tras haber 
requisado autobuses para poder viajar hasta Ciudad de México 
para asistir a las manifestaciones conmemorativas de la Masa¬ 
cre de Tlatelolco de 1968. En el viaje fueron detenidos por la 
policía local: nunca se volvió a ver con vida a ninguno de los 
estudiantes. La investigación oficial concluyó que mientras los 
estudiantes estaban bajo tutela policial, fueron entregados a los 
cárteles locales y asesinados. Otros informes dicen que el ejérci¬ 
to mexicano estuvo directamente involucrado. Se podría decir 
que esta masiva desaparición condujo a la mayor crisis que el 
presidente Enrique Peña Nieto tuvo que enfrentar durante su 
mandato. El incidente atrajo atención mundial y provocó pro¬ 
testas que se extendieron en el tiempo, sobre todo en Guerrero 
y en Ciudad de México. El caso tuvo tanto eco porque subra¬ 
yaba el nivel de connivencia que el crimen organizado había 
alcanzado con los gobiernos locales, con los cuerpos policiales 
y con los militares. Ver The Disappeared (Los desaparecidos), de 
John Gibler. 



266 | No habrá muro que nos pare 


en Rojava). Los espacios autónomos que no son tolerados 
o que no pueden defenderse son borrados de la faz de la 
tierra. No me causa ninguna alegría decirlo. 

La autodefensa armada puede muy fácilmente con¬ 
vertirse en guerra. La guerra cuesta sangre y dinero. Las 
armas y la munición no son baratas, y deben conseguirse 
de alguna manera. De una u otra forma, la lucha armada 
casi siempre requiere de algún tipo de apoyo estatal. Y 
esto nos coloca ante un dilema. ¿Por qué querría algún 
gobierno preservar espacios autónomos? Normalmente 
no lo desean. 

Bien, pero eso generalmente significa que cuando la 
revolución se convierte en guerra, la autonomía es la pri¬ 
mera baja. Algo básico en la innovación de los zapatistas 
fue su comprensión de que la guerra no solamente se 
gana en el campo de batalla, que la fuerza motriz de la 
revolución no se encuentra en el conflicto armado sino 
en una mejor forma de vida. Desafortunadamente, el Es¬ 
tado siempre tiene un as bajo la manga. 

Contra todo pronóstico, los zapatistas siguen invictos. 
Su revolución en marcha ha sido fuente de inspiración 
para millones de personas en todo el mundo, yo incluido. 
Pero el camino hacia un nuevo mundo que intentaron 
abrir para todos se ha hundido en un océano de sangre. 

No hay solución fácil para este dilema. Esas mismas 
dinámicas convirtieron a Siria en un infierno cuando 
varias de las facciones en la guerra civil aumentaron el 
nivel de violencia, hasta despojarse de su humanidad y 
convertirse en máquinas de matar. Los revolucionarios 
en Rojava caminan sobre el filo de la navaja, forzados a 
hacer equilibrismos ante el peligro de ser asimilados por 


Del Este al Oeste I 267 


el gobierno estadounidense en un futuro cercano y ser 
aniquilados por ISIS hoy mismo. Los zapatistas han esta¬ 
do haciendo malabarismos durante 20 años. 

Todo lo que puedo decir es que normalmente no es 
deseable que la revolución se convierta en guerra, aunque 
a veces pase, y que cuando pasa ambas se ganarán o se 
perderán al mismo tiempo. No es posible ganar la guerra 
abandonando la revolución, o avanzar en la revolución 
ignorando la guerra. He visto repetirse los mismos patro¬ 
nes a lo largo de la historia, en acontecimientos recientes 
y en mis propias experiencias. 



En 2010 y 2011 pasé algún tiempo trabajando con 
el pueblo Triqui, en el municipio de San Juan Cópala, 
en Oaxaca. Los triquis de esa zona habían participado 
en el levantamiento de 2006 de Oaxaca, y en enero de 
2007 el municipio se declaró autónomo siguiendo las 
líneas del modelo zapatista. Para noviembre de 2009 , 
los paramilitares, alineados con el gobierno estatal, 
habían puesto a toda la comunidad bajo asedio, cor¬ 
tándoles el acceso a agua, comida, servicios médicos y 
electricidad. Hombres armados apostados en las mon¬ 
tañas que rodean la ciudad disparaban a cualquier cosa 
que se moviera. Varias personas murieron . 68 


68 Todo esto provocó poco o nulo interés en la sociedad mexica¬ 
na, incluyendo a la izquierda. Los triquis son uno de los gru¬ 
pos indígenas más marginados en México; son constantemente 
retratados como genéticamente poco razonables y violentos. 



268 | No habrá muro que nos pare 

El 27 de abril de 2010 , un pequeño grupo de solida¬ 
rios externos, también veteranos del levantamiento de 
2006 , intentaron romper el cerco con una caravana de 
varios vehículos llenos de comida, agua y suministros 
médicos. Los paramilitares emboscaron la caravana a 
las afueras de Cópala, disparando y matando a dos par¬ 
ticipantes: Alberta “Bety” Cariño Trujillo (una mixteca 
muy respetada y directora de una organización indí¬ 
gena llamada CACTUS), y Jyri Jaakkola (un trabajador 
solidario finlandés bien integrado en la lucha social en 
Oaxaca). Los supervivientes escaparon hacia la monta¬ 
ña, varios de ellos heridos, emergiendo vivos días más 
tarde a muchos kilómetros y tras haber enviado emo¬ 
cionantes vídeos de la dura experiencia a través de sus 
teléfonos celulares. La noticia resonó brevemente en la 
prensa estadounidense; el clamor en México fue tre¬ 
mendo. 

Creo que es justo decir que el caso fue cautivador 
para mucha gente por quién murió. En el caso de Bety, 
los triquis y los mixtecas tienen una larga y polémica 
historia. E 11 un contexto estadounidense sería como 
si una mujer Hopi fuera asesinada mientras intentaba 
detener la relocalización de los ancianos Navajo (Diñé) 
en Black Mesa , 69 o si una mujer Ojibwe fuera asesinada 
llevando comida a los protectores del agua Lakota en 


Imagina a un estadounidense desinformado cuando habla de 
Oriente Medio: “Siempre se están matando unos a otros...”. 
¿Cuál podría ser la razón? 

69 Para más información sobre este tema, ver Black Mesa Indige- 
nous Support (Apoyo Indígena Black Mesa) en supportblack- 
mesa.org. 



Del Este al Oeste I 269 


Standing Rock. 70 Y Jyri era finlandés. A nadie se le es¬ 
capaba que había venido del otro lado del mundo para 
arriesgar su vida por la autonomía indígena. 

“Mucha gente creía que era extraño que estuviera 
involucrado”, me comentó una vez uno de los supervi¬ 
vientes. “Pero no lo era. Jyri sabía exactamente en qué 
se estaba metiendo. Era uno de nosotros y su muer¬ 
te significó una pérdida terrible”. Cópala es la única 
campaña en la que he estado involucrado donde veía 
de forma regular a indígenas portando consigo foto¬ 
grafías de un trabajador solidario blanco convertido en 
mártir, en vez de ser al revés. Los nombres de Bety y 
Jyri estarán ligados mientras se recuerde a una de las 
dos personas. 

En junio de 2010 se organizó una caravana mucho 
mayor para romper el asedio, esta vez formada por va¬ 
rios autobuses y camiones de carga repletos con cientos 
de personas y suministros provenientes de todo Méxi¬ 
co. También estuve ahí. Incluso según mis parámetros, 
fue una experiencia que ponía los pelos de punta. La 
caravana fue repetidamente detenida por la policía a 
medida que se aproximaba a Cópala. Como sombras, 
hombres armados con pasamontañas nos acechaban 
en las montañas que rodeaban la carretera. Era impo¬ 
sible discernir si eran policías, militares, paramilitares 
o alguna combinación de los tres. Poco antes de que 
cayera la noche, a varios kilómetros de la ciudad, la 


70 Visitar la página de Facebook del Red Warrior Camp (Cam¬ 
pamento de Luchadores Rojos) para más información sobre la 
resistencia al oleoducto Dakota Access Pipeline en La Reserva 
India Standing Rock, en Dakota del Norte. 



270 | No habrá muro que nos pare 

policía uniformada anunció que no podían garantizar 
nuestra seguridad, y se marcharon. 

Era uno de esos momentos de actuar o morir. Era 
imposible predecir qué iba a ocurrir. Los integrantes 
de la caravana acordamos dejar en manos de un grupo 
de triquis de San Juan Cópala la decisión última sobre 
qué hacer. Esos líderes triquis decidieron aceptar su¬ 
gerencias de todos los participantes. Se enfrentaban a 
una decisión muy difícil. Decidieron dar media vuelta. 

Esto provocó un gran alboroto. La gente se gritaba 
una a otra en medio de la carretera intentando decidir 
qué hacer. Los lectores quizá recuerden la fecha de 31 de 
mayo de 2010 y la “Flota de la Libertad de Gaza”: nueve 
trabajadores humanitarios fueron asesinados por el 
ejército israelí mientras intentaban romper el bloqueo 
impuesto a la franja de Gaza. Ese acontecimiento ocu¬ 
rrió pocos días antes de que partiera nuestra caravana. 
Parafraseando a los líderes triqui: “Palestina es conoci¬ 
da en todo el mundo. Aun así mataron a esas personas 
a sangre fría y no ha habido repercusiones. Nosotros 
somos un pequeño grupo indígena. Nadie nos conoce. 
Los paramilitares ya han demostrado que son capaces 
de asesinar y sabemos que el gobierno no hará nada. 
Les conocemos bien, es demasiado peligroso. Si no 
damos la vuelta, algunos de ustedes van a morir. Ya 
tenemos dos muertes en nuestras conciencias. No que¬ 
remos más”. 

E 11 respuesta, muchos participantes dijeron: “Es su 
única oportunidad. Nunca tendrán tanto apoyo. ¿Por 
qué nos llamaron si no creían que podíamos afrontar la 
situación? Si se echan atrás el gobierno lo tomará como 


Del Este al Oeste I 271 


un signo de debilidad y los destruirá en unos pocos 
meses. Será un retroceso para la autonomía indígena 
en general. Es algo más grande que ustedes, es más im¬ 
portante que cualquiera de nosotros. Si nos matan al 
menos hay alguna posibilidad de que México estalle”. 
Los líderes volvieron a deliberar, y no cambiaron de 
opinión. A los pocos meses los paramilitares quema¬ 
ron a los últimos habitantes del municipio autónomo, 
culminando en una ofensiva final de asesinatos y viola¬ 
ciones en septiembre de 2010 . E 11 2016 , los desplazados 
de Cópala siguen acampando en el Zócalo de la ciudad 
de Oaxaca. Nunca han podido volver a casa. 

Durante los últimos años he hablado con algunas 
de las personas que tomaron esa decisión. También he 
sabido que algunos de ellos acabaron migrando a tra¬ 
vés del corredor de Arivaca en 2011 , tomando agua de 
la que dejamos en el camino. Puedo ver que la retirada 
todavía les afecta mucho. Puede que fuera el punto en 
que La Otra Campaña murió; puede que la retirada me 
salvara la vida. Nadie puede saberlo; no sé cómo ha¬ 
bría actuado. Creo que ambas afirmaciones pueden ser 
correctas. Estuve de acuerdo en delegar la decisión en 
esas personas, y respeto lo que hicieron. 

Tras la retirada de la segunda caravana escuché con¬ 
versaciones de este tipo: “Les dejaron dos opciones: 
rendición o guerra”. La respuesta era: “Los paramilita¬ 
res están financiados por el gobierno. Nosotros somos 
pobres y nadie nos financia. Está muy bien hablar de 
la lucha armada, pero si íbamos a la guerra, ¿cómo y 
dónde conseguiríamos armas y municiones? ¿Nos las 
vas a proporcionar tú? Estábamos perdidos”. 


272 | No habrá muro que nos pare 

El asedio de San Juan Cópala me enseñó una dura 
lección: la resistencia desarmada es suicida si te enfren¬ 
tas a un enemigo lo suficientemente despiadado, pero 
la lucha armada sin apoyo estatal puede que también 
sea un suicidio. En 1943 George Orwell daba a entender 
que esa fue la razón por la que el fascismo triunfó en la 
guerra civil española. E 11 Looking Back on the Spanish 
War (Volviendo la mirada a la guerra civil española) ar¬ 
gumenta que el resultado de la guerra fue decidido en 
Londres, Washington y París cuando Occidente recha¬ 
zó armar a las milicias revolucionarias. 

E 11 términos militares, temo que Orwell está en lo 
cierto. Cuando la resistencia desarmada se convierte 
en conflicto armado, las consideraciones de tipo mili¬ 
tar no se pueden ignorar o esperar a que se solucionen 
solas. Entonces, ¿es mejor buscar algún apoyo estatal 
con la esperanza de ganar, o no hacerlo y que sea casi 
seguro perder? Cada situación es diferente. No sé la 
respuesta. 

Afortunadamente existe otra forma de explicar esta 
historia. En términos revolucionarios podemos estar 
de acuerdo con Orwell en que el resultado de la lucha 
en España fue decidido realmente en Londres, París, 
Washington (y en Argel y Moscú y Marrakech), pero 
no por las autoridades. Fue una decisión tomada por la 
gente común, que optó por no alzarse ni extender la re¬ 
volución española al resto del mundo . 71 Puede que no 
debamos confiar nunca en los jefes de los Estados, pero 


71 Orwell, en Homenaje a Cataluña, escrito en 1938 unos meses 
después de luchar en el frente, está de acuerdo con esta idea. 



Del Este al Oeste I 273 


si podemos tener la esperanza de que las personas con 
las que cuentan los gobiernos alguna vez se nieguen a 
obedecer sus órdenes. 

Siempre y cuando la revuelta se extienda y las auto¬ 
ridades no sepan quién será la siguiente en romper filas, 
las reglas de la guerra clásicas no pueden ser aplicadas. 
En una situación tal, un populacho mal pertrechado 
puede ganarle la partida a un ejército bien equipado. 
Es lo que ocurrió en Francia en 1848 , en Rusia en 1917 
y en Egipto en 2011 . En esos casos, fue solamente des¬ 
pués cuando se estableció una nueva configuración de 
autoridades (supuestamente para completar y ejecutar 
la revolución), que el movimiento fue aplastado. 

El 18 de marzo de 1871 , los soldados franceses 
desacataron la orden de disparar a mujeres y 
trabajadores. Ese simple rechazo dio el pistoletazo de 
salida a la Comuna de París, una de las zonas autónomas 
revolucionarias más importantes de la historia, y fue 
casi suficiente para tumbar al gobierno de Francia. 
Por unos pocos días, todo el país se estremeció ante la 
posibilidad de la revolución, mientras todo el mundo 
esperaba a ver si otros soldados desertaban u otras 
ciudades se alzaban. Pero la Comuna fue derrotada 
desde el momento en que empezó a disparar contra el 
ejército que fue enviado para aplastarla. Hasta entonces 
el gobierno estaba aterrorizado con la posibilidad 
de que el resto de los militares se revelara; pero una 
vez que los soldados rasos percibieron a la Comuna 
como un enemigo militar, volvió a ser una guerra, y 
los Communards, deplorablemente poco equipados y 
superados en número, estaban condenados a la derrota. 


274 | No habrá muro que nos pare 

Esto ilustra la diferencia entre guerra y revolución. 
Creo que los zapatistas lo entendieron: reconocieron 
que necesitaban la suficiente pólvora para repeler al 
gobierno mexicano, pero la amenaza de que su revuel¬ 
ta pudiera ser contagiosa era la principal arma en su 
arsenal. 

Considerando todo lo anterior, la supervivencia 
a corto plazo de los territorios autónomos a menudo 
depende de la superioridad física sobre un enemigo 
despiadado, lo que desafortunadamente requiere de 
un suministro de armas y de proveedores. Lo he visto 
con mis propios ojos. La supervivencia a medio plazo 
depende en buena medida de que el impulso revolu¬ 
cionario se extienda lo suficiente como para evitar que 
la zona sea rodeada, embargada y ahogada económica¬ 
mente hasta la sumisión; la supervivencia a largo plazo 
implica, en última instancia, algún tipo de transforma¬ 
ción revolucionaria global. Cuanto más rápido ocurra 
todo esto, menos sangriento resultará. 

Si algo positivo se puede extraer de la derrota en Có¬ 
pala es que parece haber advertido a luchas posteriores 
como las de Santa María Ostula y Cherán, ambas loca¬ 
lidades de Michoacán. La comunidad Nahua de Ostula 
sentó un precedente en la región cuando se alzó en 
armas para proteger su territorio frente a la extracción 
de recursos que llevaban a cabo los cárteles locales, en 
connivencia con el gobierno estatal. La minería de hie¬ 
rro y la tala ilegal de un árbol en peligro de extinción, el 
sangualica, eran los objetivos. 72 La comunidad Purepe- 


72 Ver el Manifiesto Ostula, redactado en junio de 2009. 



Del Este al Oeste I 275 


cha de Cherán también se alzó en armas en 2011 para 
defender sus bosques comunitarios de las operaciones 
de tala, llevadas a cabo por los mismos actores que en 
Ostula. 73 Ambas comunidades han organizado rondas 
comunitarias para defenderse de los ataques. No sé de 
dónde salen las armas y el dinero que llegan a Ostula y 
Cherán, pero estoy dispuesto a apostar que parte de la 
explicación del éxito de las rondas y la expansión de la 
autonomía indígena en Michoacán reside en que esta 
pregunta ya ha sido contestada allí de alguna manera. 

Cherán y Ostula se comprometieron a la autodefen¬ 
sa colectiva armada, y Cópala no lo hizo. Cópala fue 
aniquilada. La gente que me alimentó, que me contó 
historias, que se preocupó por mi bienestar y que per¬ 
maneció a mi lado durante la segunda caravana se ha 
quedado viuda, huérfana, sin hogar, en la cárcel, en el 
exilio o muerta. Hasta este momento, Cherán y Ostula 
siguen en pie. Creo que no es ninguna coincidencia. 


73 Ver el documental de 2013 Guarda Bosques, de Manovuelta. 



El precio de la libertad es la muerte” 

-Malcolm X 


Solidaridad 


Por el momento asumiré que los lectores son ciuda¬ 
danos del norte global, como yo, y al menos están algo 
molestos con el rumbo de las cosas. Si la transformación 
revolucionaria global es necesaria para prevenir el caos y 
la guerra a escala planetaria (o como mínimo evitar que 
se ponga peor de lo que está) 74 ... ¿cómo participamos? 

El trabajo solidario puede ser una de las vías de entra¬ 
da. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, muchos 
lúcidos críticos del capitalismo han concluido que la pro¬ 
babilidad de una revolución en el norte global es nula, y 
que tiene más sentido enfocar la atención en otros luga¬ 
res. Parece que en gran medida han acertado. Además, 
si asumimos que todas las vidas tienen el mismo valor 
inherente, no se puede negar que la mayoría de gente 
que más sufre no pertenece a ese norte global, y que tiene 


74 Si nos centramos en el cambio climático, parece que el barco 
ya ha zarpado, pero podemos ejercer cierta influencia en cuan 
rápidamente nos acercamos al abismo. Al menos el actuar nos 
pone en contacto con nuestros deseos y hace de nuestras vidas 
algo interesante. Por el momento, algunos de nosotros somos 
capaces de evitar participar activamente en esos conflictos, pero 
hacerlo significa que gente más agresiva moldeará el contexto 
en el que vivimos. No conseguiremos el mundo que merece¬ 
mos; obtendremos el mundo que tengamos la capacidad de 
concretar. Para adentrarse más en esta línea de pensamiento, ver 
Desierto, publicado anónimamente en Inglaterra y reimpreso en 
lengua castellana por Descontrol Editorial.. 


277 



278 | No habrá muro que nos pare 

sentido priorizar el mayor sufrimiento. Pero este enfoque 
tiene algunos puntos débiles, y creo haberlos visto todos. 

Los trabajadores solidarios se enfrentan a un apa¬ 
rente conflicto de intereses. Como casi todo el mundo, 
estamos sujetos al capitalismo global. También noso¬ 
tros tenemos un futuro incierto por delante. Sentimos 
la responsabilidad de intervenir cuando las personas son 
sistemáticamente maltratadas en nuestro nombre, contra 
nuestra voluntad y con el dinero de nuestros impuestos. 
Pero parece que esa intervención a menudo hace que 
nuestras vidas sean más precarias e inestables, no menos. 
Mientras casi todo el resto de personas conduce sus vidas 
para que el nivel de precariedad que experimentan sea 
menor (por ejemplo, migrando), nosotros parecemos 
buscarla. 

Solo hay un camino de salida para ese estado de diso¬ 
nancia cognitiva: reconocer cuanto de nuestro bienestar 
depende del bienestar del resto. La gente que trabaja 
de forma solidaria con migrantes y refugiados en Gre¬ 
cia lo está demostrando claramente. 75 Grecia podría ser 
expulsada de la Unión Europea en cualquier momento, 
o abandonarla por propia voluntad. Los trabajadores 
solidarios griegos podrían encontrarse sin la ciudadanía 
europea, al otro lado de la frontera. ¿Si los griegos no se 
preocupan hoy de los sirios, quién se preocupará de los 
griegos en el futuro? 

Ese es el punto en donde las políticas del privilegio 
que tan presentes se encuentran en el mundillo activista 


75 El campamento solidario de Lesbos en Mitilene es un ejemplo. 
Ver lesvossolidarity.org 



Del Este al Oeste I 279 


estadounidense muestran todas sus deficiencias. Quie¬ 
nes están motivados por la culpa y la vergüenza y no por 
el amor y la rabia, eventualmente se retiran; quienes no 
luchan por sus propias vidas tarde o temprano abando¬ 
narán. Siempre. 76 



Nos adentramos en la profundidad de las montañas, 
más allá de donde nunca habíamos estado. Pensába¬ 
mos que por esa zona había tráfico, pero era tan difícil 
llegar a ella que nunca lo pudimos verificar. Eran otras 
montañas y no las conocíamos bien. 

Llegamos al sendero pronto por la mañana del 
segundo día. En menos de cinco minutos nos encon¬ 
tramos con un migrante que caminaba solo. Parecía 
cansado pero estaba en buena forma. Nos preguntó 
cuanto más debía caminar. Le dije que realmente no 
lo sabía. Le dimos agua y comida. Volvió a caminar y 
nosotros nos fuimos por otro lado. 

El sendero era el peor que he visto nunca, y he visto 
unos muy malos. Cruzaba cinco grandes cañones, que 
subían y bajaban unos 600 metros cada uno. Había se¬ 
ñales de que era bastante transitado. Encontramos un 
altar en un cerro entre dos de esos cañones, cuidado¬ 
samente preparado en pequeñas cuevas que acogían a 


76 Ver “Lines in the sand” (Líneas en la arena), de Peter Gelder- 
loos, y “Another Word For White Ally Is Coward” (Otra pala¬ 
bra para aliado blanco es Cobarde”, de Anti-State STL. 



280 | No habrá muro que nos pare 

diferentes santos. Progresábamos lentamente, y por la 
tarde ya casi nos quedamos sin agua. Estaba claro que 
no podríamos volver para que nos recogieran antes de 
que anocheciera. Decidimos buscar un lugar donde 
dormir y nos dejamos caer. 

Cuando nos acercábamos al fondo de un cañón, 
giramos una esquina cerca de una gran cueva. Mi com¬ 
pañero y yo nos detuvimos en seco, “Mierda”, dijo. 
“Esto es jodido. Corta eso.” Alguien había cortado 
un buen trozo de cuerda para colgar de un árbol un 
sostén y ropa interior femenina frente a la cueva. La 
ropa estaba colgada en la posición que deberían tener 
si una persona estuviera realmente colgada. Me ima¬ 
giné que esas prendas habrían pertenecido a alguien 
que fue violada ahí, y que fueron dejadas como trofeo 
o recuerdo por el violador. Escuché varias historias y 
vi bastantes pruebas de este tipo de prácticas en otros 
lugares. Corté la cuerda. 

Ya casi estaba oscuro. Alcanzamos el fondo y dormi¬ 
mos en medio de una espesa maraña de acacias “uña de 
gato”. Uno de mis compañeros nos despertó en medio 
de la noche gritándole a la nada. 

El día siguiente fue mucho más caluroso. No lo había 
previsto al estar a principios de año. Nos quedaba muy 
poca agua y dos cordilleras por atravesar. Para cuando 
alcanzamos la cumbre de la última de ellas empecé a 
sentirme enfermo. Me encontraba inusualmente débil 
y mi corazón latía alarmantemente rápido. Me estiré 
bajo un pequeño árbol para evitar el sol. Dije algo a 
uno de mis compañeros. No me contestaron, porque 
en realidad le hablaba a una roca. 


Del Este al Oeste I 281 


“Lo siento”, dije cuando les encontré de nuevo. “No 
me siento bien. Vigílenme”. Caminé los últimos kiló¬ 
metros hasta el auto, aturdido y sin nada para beber. 
No dejaba de pensar en el Gatorade que había dado al 
migrante y me preguntaba si estaría bien, y que no es¬ 
taría mal encontrar uno de nuestros bidones de agua. 
Me preguntaba cómo me encontraría si no tuviera un 
teléfono celular en el bolsillo, ni un GPS alrededor de 
mi cuello, ni mis amigos al lado. Parecía haber huesos 
por todas partes: ciervos, coyotes, conejos, mofetas, 
vacas... 

“Ahora caminamos por el valle de la sombra de la 
muerte”, dijo uno de mis compañeros. Yo había traba¬ 
jado en el desierto durante años y estaba en excelente 
forma. Es increíble lo rápido que nos podemos deterio¬ 
rar en el sol sin agua para beber. 



Por mi parte, yo llegué al desierto en bancarrota y 
siendo no muy joven, un proscrito tardío de Generación 
X del movimiento antiglobalización. Habiendo recorri¬ 
do ese camino desde el principio hasta su amargo final, 
acabé en Tucson sin perspectivas de trabajo y con un te¬ 
nebroso historial laboral, pero con un buen currículum 
en disturbios. Y no se me ocurrió nada mejor que hacer. 
Buena parte del resto de voluntarios eran de la Genera¬ 
ción del Milenio que se habían endeudado enormemente 
y vieron cómo sus estudios no les garantizaban para nada 
un lugar en la clase media. 


282 | No habrá muro que nos pare 


No Más Muertes nos acogió y nos dijo: “No les pode¬ 
mos pagar, pero les cuidaremos. Aquí tienen un teléfono 
celular, las llaves de las furgonetas, dinero para gasolina, 
este es el número de una abogada si tienen problemas, 
el de un doctor si enferman o quedan heridos. Esto es 
algo que pueden hacer, algo de lo que sentirse orgullosos. 
Confiamos en ustedes, solamente tienen que ocuparse de 
hacer el trabajo”. No hay que infravalorar el efecto que 
unas palabras como estas pueden tener. Yo estaba acos¬ 
tumbrado a llegar a esas conclusiones por mí mismo, 
pero esta pequeña red de seguridad me hizo sentir in¬ 
vencible . 77 Funcionó durante mucho tiempo. Dejé el 
desierto siete años más viejo y básicamente en la misma 
situación que cuando empecé. 

No estoy para nada equiparando mis experiencias 
con las de los migrantes y refugiados. Pero pasé mucho 
tiempo en su compañía y acabé dándome cuenta de que 
muchas de las cosas a las que aspirábamos eran muy si¬ 
milares. En un mundo en el que parece que no tenemos 
cabida, queríamos desesperadamente que nos dijeran 
“No eres prescindible; tienes algo que ofrecer; puedes ser 
útil. Eres deseable; eres respetable; eres querido. Lo que 
haces importa; tus acciones importan; tu vida tiene senti¬ 
do. Esto es algo que puedes hacer; algo de lo que sentirte 
orgulloso; algo más grande que tu mismo”. A todo esto 
se le llama dignidad. Es algo que la gente desea tener; 


77 Trabajar en el desierto me ha enseñado mucho acerca de lo 
resistentes que pueden ser los proyectos cuando se basan en 
relaciones intergeneracionales. Cuando personas de todas las 
edades aportan diferentes recursos al proyecto, el todo pasa a 
ser mucho mayor que la suma de sus partes. 



Del Este al Oeste I 283 


su ausencia atormenta de forma parecida a las personas 
que pierden una extremidad y, de alguna manera, siguen 
sintiéndola. 

Las personas indocumentadas y desplazadas no la 
necesitan menos que nosotros; de hecho la necesitan to¬ 
davía más. Muchas veces he escuchado decir “Me gustaría 
poder quedarme y trabajar con ustedes; me gustaría salir 
con ustedes al desierto y dejar agua en los caminos; me 
gustaría poder hacer algo por mi gente.” Sobre todo por 
parte de jóvenes centroamericanos sin un lugar a donde 
ir. 

Lo que los cínicos pagadores nos ofrecen es una per¬ 
versión de la dignidad: una pistola, unos dólares y una 
licencia para matar; un salario, una hipoteca y una re¬ 
signación aletargada a algo que sabemos que está mal. El 
nihilismo nos llena de calorías vacías, no es una comida 
completa. Una cosa es tener un arma en la mano, otra 
muy diferente es sostenerla estando guiado por senti¬ 
mientos de amor. El Che tenía razón en eso. 

Cuando las personas encuentran un propósito y tienen 
las herramientas para llevarlo a cabo, parecen adquirir 
poderes sobrehumanos. Es como si pudieran atravesar 
paredes y las balas no les alcanzaran. Esa es la forma en 
la que la gente cruza la frontera para volver a su hogar. 
Es la razón por la que Harriet Tubman nunca perdió a 
ningún pasajero y por la que Caballo Loco nunca perdió 
una batalla; 78 es la razón por la que los caracoles avanzan 


78 Para aprender más acerca del apogeo de las trayectorias de Ha¬ 
rriet Tubman y Caballo Loco y lo que posiblemente fueron los 
dos actos más grandiosos de acción directa en la historia nor¬ 
teamericana, véanse Jailbreak Out ofHistory por Butch Lee, en 



284 | No habrá muro que nos pare 

y Kobane no cayó. 79 “Esperanza con gatillo”, se decía en 
la Segunda Declaración de la Selva Lacandona, en 1994. 
“Armas con brújula”, podrían haber añadido. 

Y es la razón por la que en todos estos años de trabajo 
en el desierto, nunca nos rendimos. 80 


“También estoy descubriendo 
un nivel de fuerza y de capacidad 
para seguir siendo humanos 
en las más terribles circunstancias 
que nunca habia visto antes. Creo que 
la palabra concreta es dignidad. Ojalá 
pudieran conocer a estas personas. 
Quizá, con suerte, algún día lo hagan.” 
-Rachel Corrie, escribiendo a su madre, 
28 de febrero de 2QQ3. 


lo que refiere a la Redada del Río Combahee de 2 de junio de 
1863 y la Batalla de Greasy Grass de 25 a 26 de junio de 1876. 

79 Ver Understanding the Kurdish Resistance (Entender la resisten¬ 
cia kurda), publicado por Crimethinc. 

80 “Somos un ejército de soñadores, y por ellos somos invenci¬ 
bles”, Subcomandante Marcos. 



Del Este al Oeste I 285 


Luther apareció por el campamento en invierno de 
2011 . Como muchos otros estaba congelado, deshidra¬ 
tado y medio muerto. Como casi ninguna otra, tenía 
gusanos y caminaba a cuatro patas. Luther es un gato: 
el gato más increíble que haya vivido nunca. 

Cuando Luther llegó por primera vez me provocó 
aprensión. No estaba convencido de que fuera buena 
idea añadir otra criatura a nuestra lista de preocu¬ 
paciones. Pero pasaron las semanas y nadie le pudo 
encontrar otro hogar. 

En esa época llegó una mujer de Oaxaca. Hacía frío 
y llovía. Ella estaba sentada en la tienda médica, em¬ 
papada hasta los huesos, temblando, llorando y muy 
confusa. Se veía que no sabía si confiar en nosotros. 

De repente, Luther se coló en la tienda, saltó a su 
regazo y empezó a “amasar” sus piernas de forma entu¬ 
siasta mientras ronroneaba. El cambio en el semblante 
de la mujer fue increíble. Parecía como si se hubiera 
quitado un enorme peso de sus espaldas. 

“Oh... qué lindo... qué cariñoso el gato...” 

Miré sorprendido a Luther mientras este seguía con 
sus quehaceres. “Quizá si tengas un lugar aquí”, recuer¬ 
do haber pensado. 

Luther había encontrado su hogar y al cabo de poco 
tiempo ya parecía un jaguar en miniatura: un lustro¬ 
so pelo negro, fuertes y marcados músculos y unas 
enormes patas. Creo firmemente que llegó a entender 
que tiene un papel específico en el campamento, y que 
cumplir con sus obligaciones le asegura su cena. Su tra¬ 
bajo es hacer sentir mejor a la gente. Una y otra vez vi 
la demostración de su misteriosa habilidad de arran- 


286 | No habrá muro que nos pare 

car del desespero a migrantes y voluntarios, justo en el 
momento que se sentían más débiles y vulnerables. Lo 
hizo por mí unas cuantas veces. 

Tengo dudas en decir esto, pero creo que hay algo en 
la oscura y apuesta masculinidad de Luther que puede 
ser especialmente reconfortante para algunas mujeres. 
Una vez pasé casi toda una semana en el campamento 
con tres mujeres guatemaltecas que pasaban el tiempo 
inventando hilarantes y obscenos cuentos sobre las ha¬ 
zañas sexuales de Luther. 

“Oh, Luther tiene tres mujeres en el campamento 
totalmente enamoradas de él, pero no tiene suficiente. 
Sale por la noche y nos deja solas esperando su regre¬ 
so. ¿Cómo nos las arreglaremos sin él? ¿Qué vamos a 
hacer?” 

Pero Luther no es solamente un amante. También 
es un luchador. Tiene otro trabajo. Lucha contra las 
serpientes de cascabel. 

Personalmente me gustan esas serpientes. Son 
criaturas razonables. Por lo general no son agresivas. 
Nosotros acampamos en su territorio. Pero pueden ser 
peligrosas. Una vez una de ellas mordió a un migrante 
en la tienda médica. No es buena idea que se escurran 
en una tienda de ayuda humanitaria. 

Luther patrulla sus dominios siempre observando y 
se vuelve foco cuando encuentra a una serpiente. Sisea 
y maúlla hasta que alguien se da cuenta de lo que pasa, y 
normalmente somos capaces de capturar a la serpiente 
y dejarla en algún otro lugar alejado del campamento. 
A veces intenta luchar contra ellas. Es arriesgado. Una 


Del Este al Oeste I 287 


vez una le mordió la cara, se hinchó como una sandía, 
pero se recuperó. 

A Luther se le conoce en muchos lugares, desde 
Tacoma a Tegucigalpa. Una vez un joven del norte de 
Sonora apareció en el campamento, necesitando agua 
y medicinas para el resto de su grupo. Tenía el aspecto 
de un lobo hambriento, desesperado y perseguido. Lu¬ 
ther estaba sentado en la mesa. 

“¡Lucer!”, exclamó el joven, con una enorme sonri¬ 
sa que llenaba toda su cara maltratada por el clima. Le 
acogió en sus brazos y empezó a frotarle vigorosamente 
su peluda cabeza. “¡A la verga, güey!”, añadió, una frase 
tan obscena que me niego a traducir. Por un segundo, 
el joven parecía un adolescente normal más que una 
bestia despreciada sin nación. 

Nuestro trabajo solidario en el desierto dio un 
gran paso adelante cuando Luther apareció en el 
campamento. Se convirtió en nuestro avatar, nuestra 
responsabilidad colectiva y el sistema de creencias uni- 
ficador de nuestro trabajo. Ninguna otra persona de 
No Más Muertes ha pasado tanto tiempo en el campa¬ 
mento, ni de lejos. 

Cuando se escriba el Gran Libro de los Nombres, 
(aquel que honre a todos los animales humanos y 
no-humanos que han contribuido a la liberación colec¬ 
tiva de toda la humanidad y todos los seres sintientes), 
el nombre de Luther estará en él. 



Hogar 


El poema más corto jamás escrito: “Yo. 

Nosotros”. -Muhammad Ali, 1974. 

Somos el producto de nuestro entorno y el mío lo 
conozco bien. La cultura estadounidense tiene algunas 
cosas buenas. También tiene una fuerte tendencia hacia 
el individualismo y el excepcionalismo. Muchos indocu¬ 
mentados me han intentado hacer comprender lo difícil 
que es acostumbrarse a eso. Para aquellos de nosotros 
que hemos nacido inmersos en este ambiente, es com¬ 
plicado incluso percibirlo. Y hacerlo no es auto-odio o 
mero antiamericanismo, es una toma de conciencia. 
Todo el mundo tiene la responsabilidad de examinarse a 
sí mismo. 

Como estadounidenses se nos dice que debemos 
percibirnos como individuos fuertes en la tierra de la 
meritocracia y de las oportunidades iguales para todos. 
Sentimos que debemos ser capaces de levantarnos siem¬ 
pre solos cuando caemos, y nos sentimos unos fracasados 
cuando no podemos hacerlo. Nos lo tomamos todo de 
forma personal, no sabemos ver las estructuras y no po¬ 
nemos en común los recursos. Cierto, somos orgullosos; 
podemos ocuparnos de nosotros mismos: pobreza a la 
riqueza, peones a reyes. Eso hace que seamos increíble¬ 
mente fáciles de controlar. Nos desgastamos pagando por 
la comida, por la ropa, por tener un techo bajo el que 
dormir, por la sanidad y por el transporte, todo de forma 


289 


290 | No habrá muro que nos pare 

individual. Corremos frenéticamente sin movernos en 
nuestra rueda de hámster. Tan pronto como tenemos 
hijos no hay forma imaginable de hacer otra cosa. No es 
extraño que la única alternativa aparente sea la cultura ju¬ 
venil; realmente no hay forma de mantenerse en el juego 
siendo adulto. 

Como estadounidenses se nos dice que vivimos en la 
cumbre, separados y exonerados de las fuerzas que afectan 
al resto del mundo. Se nos cuenta que nuestra historia es 
inherentemente diferente de la de otros lugares, que tene¬ 
mos una misión única para transformar el mundo, y que 
esa historia y esa misión nos hace superiores al resto. No 
necesitamos entender nada de lo que ocurre en el resto 
del mundo: no nos afecta. Pero al mismo tiempo, no po¬ 
demos evitar entrometernos en todo; estamos decididos 
a transformar el mundo a nuestra imagen y semejanza. 
Esta combinación de egoísmo, ignorancia y arrogancia 
puede ser algo difícil de digerir. 

La política estadounidense de saqueo en Irak puede 
haber significado el punto de no retorno. Pronto será 
imposible seguir viendo el mundo de la forma como lo 
hacemos los estadounidenses. Nuestra arrogancia hará 
que nos rodeen por todas partes. Todas estas tendencias 
se demostrarán cada vez más y más inadaptables; o rom¬ 
pemos con esos hábitos o estos nos destruirán. No será 
fácil, pero la diferencia entre difícil e imposible es enor¬ 
me. Podemos hacerlo. 

Esta visión distorsionada del mundo no es exclusiva de 
mi cultura. Sus raíces se hunden en la separación: entre el 
“yo” y “la otra”, entre el individuo y el colectivo, entre lo 
espiritual y lo físico, entre una familia de humanos y otra, 


Del Este al Oeste I 291 


entre la humanidad y el resto de seres vivos. En la civili¬ 
zación posmoderna, estas divisiones no son superadas en 
ningún lugar. Cada lugar es diferente, pero en todas par¬ 
tes hay desequilibrio. No es de extrañar que nos sintamos 
perdidos en un laberinto, cada uno de nosotros aislado en 
un conjunto de círculos concéntricos, cada frontera más 
fortificada que la anterior. Nos está volviendo locos. No 
se supone que debamos superarlos solos. 

La oración Lakota Mitákuye Oyás ‘in (Todas mis re¬ 
laciones; Todas están relacionadas) no es una metáfora 
sino una precisa descripción de la realidad. Si volvemos 
la cabeza lo suficientemente atrás, cada ser humano del 
planeta comparte ancestros; si vamos todavía más atrás, 
lo mismo es válido para cada ser vivo; finalmente, toda la 
existencia proviene del Big Bang. Cada vez que alguien 
se cree ajeno al entramado que es la vida, acaba en la 
misma posición: vigilando los muros de un imperio que 
se desmorona mientras sus olvidados parientes se juntan 
para derruir los templos y para arrancarles la piel. Los 
defensores de la segregación nos están conduciendo por 
el camino de la destrucción segura. Abandonaron a sus 
familias; es el momento para que nosotros encontremos 
el camino de vuelta al hogar. Hay una luz que nos guía a 
través del desierto: la fiel estrella del norte. 

Por la anarquía: la interacción transformadora 
entre el caos y el orden, 

un ex-trabajador de ayuda 
humanitaria del desierto 
Norteamérica 
2011-2016 



En recuerdo de las trece personas que 
murieron en mi autobús en México: 
podías haber sido yo; 
yo pude haber sido tú. 
Descansa en Paz. 




La presente obra se acabó de imprimir en octubre de 
2018 en los talleres descontrolad@s de Barcelona.